Incluso varias de las grandes multinacionales
japonesas, promocionan y fomentan entre sus empleados
la virtud de la siesta con el gran objetivo de incrementar
su rendimiento y con ello darle más valor a la empresa.
Cada vez son más los científicos, estudiosos y deportistas
que tratan de explicarnos sus bondades, como una de las
acciones físicas más reparadoras y regenerativas, que permite
incrementar notablemente el rendimiento final.
El
origen de la siesta se pierde en la memoria de los tiempos
y ya en los primeros escritos sobre los juegos que se disputaban
en las diferentes polis griegas (incluida la de Olimpia),
los cronistas la citan como terapia de recuperación. Y
es que en los largos y calurosos días de verano es el mejor
desfatigante muscular que existe, y, sin lugar a dudas, el
más natural y relajante. Los corredores de fondo somos
sus más fervientes seguidores y practicantes.
Fue hace 20 años, en Madrid, al cambiar de
entrenador, cuando descubrí la gran diferencia entre
entrenar duro con y sin siesta. Antonio Serrano me lo
dijo muy claro: “La siesta debe ser larga, con pijama y
en la cama”. Al principio me costó adaptarme un poco,
pero enseguida comprobé sus grandes ventajas. Me permitía
entrenar más fuerte, con mejores sensaciones y con
menos dolores musculares, a la vez que me recuperaba
antes y mejor de los entrenamientos previos. Ello se
plasmó rápidamente en los resultados en competición,
que mejoraron espectacularmente, hasta llegar al más alto
nivel en pocos años.
Pero con el final de mi etapa en la alta competición
y con la incorporación al mercado laboral, de nuevo
volví a la cruda realidad y tuve que prescindir de la siesta
como mínimo cinco días a la semana. Y eso sí que supuso
un frenazo en el estado de forma: mi rendimiento bajó
bruscamente, así como mi capacidad para entrenar fuerte.
Ahora, cuando quiero entrenar algo más rápido, casi de
inmediato me empiezan a salir dolorcillos; y, si insisto,
noto un agotamiento muscular prematuro que en algunas
ocasiones se convierte en lesión. Eso sí, en vacaciones me
desquito siempre que puedo.
Para los corredores, la siesta es uno de nuestros mejores
aliados, pero también un lujo. Ya que por desgracia
pocos son los afortunados que pueden disfrutarla. El que
pueda no debería prescindir de la misma si quiere ver
medrar su rendimiento, tanto entrenando como compitiendo.
De lo contrario no tendría “perdón de Dios”.
No se debe ir contra natura y si el cuerpo se “agalbana” después
de comer y pide un descanso o una cabezada no lo evitéis, pues
luego os lo agradecerá con creces. Y ya el máximo de los placeres es
echar una buena siesta en compañía deseada. Probad y decidme si no
corréis luego más rápido y ligero.