Cada uno tenemos nuestras dudas
y las exteriorizamos de una manera
diferente. En mi caso, todo el mundo
sabe que mi expresión facial es como un
libro abierto, me pongo bastante irascible y
con pocas ganas de hablar. Me suelo encerrar
en mi mundo y si acaso, me escondo tras las
páginas de un buen libro que haga que los
interminables minutos pasen algo más rápidos
deseando que llegue ya la hora H. Otros atletas
se dedican a hablar con todo el mundo y
a exponer sus intenciones en carrera o lo que
han entrenado para llegar hasta allí buscando
la aprobación de sus interlocutores en la búsqueda
del camino correcto.
Cada persona se manifiesta de forma muy
diferente ante situaciones de tanta tensión
y en algunos casos pueden ser comportamientos
nocivos para la competición como
es el exceso de nervios (desgastan mucho), el
insomnio, las dudas exageradas, el miedo a lo
desconocido, el miedo a sufrir, al fracaso…
Así estamos todos, intentando luchar contra
nuestras fobias y debilidades. Unos saben salir
airosos de la situación, otros no tanto.
Normalmente corréis muchas carreras en
las que el resultado no supone un gran problema,
pero siempre hay un día, cada cierto
tiempo, que tenéis señalado en el calendario
en rojo y que queréis dar lo mejor de vosotros
mismos y no fallar. Me imagino que a vosotros
os pasará como a nosotros, unos gestionarán
con éxito esos momentos mientras otros
sufrís un calvario durante la semana previa,
más aún cuando este momento elegido es el
de una maratón por todo el sacrificio previo
que os ha supuesto y por lo sujeto que está el
éxito en esta prueba a imponderables prácticamente
incontrolables.
Lo mejor es seguir
buscando el camino y rodearos de gente que
os sepa ayudar en esos momentos. Hay que
aprender a disfrutar compitiendo. Así de simple