Si te sobran unos kilos imposibles de adelgazar, ponte el pijama y hazte con la mejor almohada del mercado para empezar a perder la grasa que te sobra. Si sueñas con perder kilos, échate a dormir.
Siempre se ha relacionado a las personas dormilonas con un temperamento feliz y una incipiente “barriguita”. Pero es una falsa creencia; si preguntas a la mayoría de los atletas olímpicos por las horas que dedican a dormir, la mayoría supera con creces las 10 horas, y su porcentaje de grasa corporal está muy por debajo de los de una persona delgada. ¿Cuál es su secreto? Está claro que aunque comen más calorías que el resto de los mortales, entrenan muchas horas y consiguen “quemar” una ingente cantidad de calorías al día, pero además, dedican muchas horas al descanso para “asimilar” el entrenamiento y ayudar a los tejidos a regenerarse y evitar lesiones.
El sueño es una de las claves del entrenamiento deportivo, pero también es una de las claves para mantenerse en forma. No creas que las cosas han cambiado y dormir va a solucionar tus problemas de peso, la obesidad es una cuestión de sumar y restar: engordamos cuando ingerimos más calorías de las que gastamos, es una cuestión indiscutible, pero esta operación matemática no es exacta, porque el problema del peso no es sólo una cuestión de comida; el estilo de vida también influye en los kilos que ganas cada año, especialmente el estrés y la falta de sueño tienen un papel fundamental a la hora de perder peso.
CUANDO DUERMES MAL, COMES
PEOR
Si piensas que tu tiempo es oro y que
dormir significa perder el tiempo, estás en
un error y acabarás viendo como tu castillo
dorado se derrumba. Dormir poco o mal
puede ser el origen de tus problemas con
la báscula. Cuando no descansamos adecuadamente
es más difícil evitar los alimentos
que no nos convienen, y cuanto más peso
ganamos, más difícil es conciliar el sueño.
Una mala noche puede ser la responsable de
que te apetezca comer chocolate durante el
día. Es difícil evitar los picoteos cuando nos
sentimos abatidos y agotados, pues en esos
casos la comida se convierte en una forma
de calmarnos y sentirnos más descansados.
Pero es una falsa sensación, pues las galletas
de mantequilla no pueden sustituir al
sueño que has perdido, lo único que consiguen
es calmar tu ansiedad a costa de ganar
más kilos.
Dormir bien no sólo es cuestión de cantidad de horas dedicadas al
sueño sino de calidad, puedes estar en la cama 10 horas cada día y no
tener un sueño reparador. Esta lista te indica si tu sueño es de mala
calidad:
Te pones enfermo con facilidad, especialmente eres propenso a las
infecciones víricas y bacterianas en cualquier época del año.
Te cuesta dormirte por la noche, o te despiertas antes de que suene
el despertador.
Sientes cansancio crónico, alternado con periodos cortos de exaltación.
Sientes pesadez y malas digestiones después de comer
Alternas periodos de estreñimiento o de diarrea.
Si tienes tendencia a engordar, ganas peso rápidamente a pesar de
comer poco y mal. O si tu problema es que adelgazas sin querer,
notas como a pesar de comer mucho, cada vez pierdes más kilos.
No eres capaz de rendir bien durante el ejercicio, y no te recuperas
de los esfuerzos.
Sientes deseos impulsivos por alimentos poco nutritivos como dulces,
galletas, golosinas, chocolate, patatas fritas, etc.
Tu estado nervioso es muy inestable, alternas periodos de depresión
con ansiedad.
Estás de mal humor y lo pagas con la gente que te rodea.
Olvidas las cosas importante, no tienes memoria.
No puedes concentrarte.
Tu aspecto físico es lamentable, tienes ojeras, tu piel está pálida, el
pelo se te cae, etc.
❋ Si experimentas más de estos 5 síntomas analiza como duermes cada
noche y cuál es tu nivel de estrés, porque si arreglas tus problemas
de sueño, notarás como pierdes kilos sin darte cuenta.