Elite

El mundo bajo sus clavos

Conocemos a Dafne Schippers, doble campeona del mundo de 200m.
Luis Arribas | FOTOS: Jaime de Diego -

Los ojos se van de manera automática a ese juego del pie contra el tartán de la pista. Dafne Schippers impulsa con violencia el suelo hacia detrás. Puntera, juego de tobillo, puntera, juego de tobillo. Estamos convencidos que la Tierra gira ahora más deprisa. Por algo es la mujer más rápida del planeta en la actualidad sobre 200 metros. Y dicen que en la recta del 200 es donde se alcanzan las velocidades más altas. Echen cuentas. Runner’s World ha subido a sus dominios ventosos y fríos. Pasamos la tarde con ella en la sede europea de una de esas palabras estrella en las búsquedas en Google: 'swoosh'. Teclee. El resultado: 23 millones de entradas.

Cuando la neerlandesa Nelli Cooman despuntaba en el sprint europeo, Daf­ne Schippers ni siquiera había nacido. En 1989 la velocidad continental vivía pendiente de saber en qué quedaría la transición del atletismo de la Europa oriental hacia las estrellas británicas y francesas. En otoño de 2017 asistimos al reinado auténtico y contundente de un apellido holandés al frente de las ca­rreras de 100 y 200 metros. Y no sólo en el espectro europeo, sino al frente de la crema mundial.

Para entender la importancia de este hecho con cifras, no hay mejor manera que describirlo en números. Daniël van Leeuwen, antiguo velocista e investi­gador de la Atletiekunie (la federación nacional de atletismo neerlandés), co­locó hace dos inviernos una pistola láser a 54 metros de la salida del 60 m lisos en los campeonatos nacionales de los Países Bajos. Al paso de Schi­ppers, por allí marcaba una velocidad punta de 38.7 kilómetros por hora. La misma coleta rubia que tenemos ta­pada con capas del nuevo catálogo de invierno de Nike ronda los 40 por hora cuando pone en marcha su doble tren sobre la pista. Es para verlo. Acudan a su estadio de atletismo más cercano. Dafne Schippers (Utrecht, 1992) pasó del silencioso mundo de las pruebas combinadas en las categorías inferiores a asombrar a muchos con su potencia en la velocidad pura.

Como atleta junior, sorprendió por su competitividad en heptatlón y pronto, tras el europeo de la categoría en Novi Sad, pasó a com­petir con atletas de categoría absoluta, donde se le presentó una disyuntiva: convertirse en una de las dominadoras de las pruebas múltiples o reciclar su fuerza en aceleración. Pronto se desve­ló su potencial y en 2010 mejoraba sus marcas en velocidad pura y vallas altas. Sus marcas en 100 y 200 m, hasta niveles que le garantizaban solvencia en com­peticiones internacionales. Pronto las rebajó a 11:13 y 22.90, aún en categoría junior, ya cerca de las marcas de la le­gendaria Cooman. En 2013 fue bronce en los mundiales de Moscú en heptatlón y un año después se convierte en una velocista de categoría mundial. Oro en 100 y 200 en los europeos de Zurich de 2014. Y el trono mundial en 200 y plata en 100 en los mundiales celebrados en Pekín en 2015. Relatado en fila puede resultar aséptico y acelerado. Pero, lec­tores nuestros, estamos en el mundo de la velocidad pura.

El viento que hoy barre la pista de la sede de Nike en Europa situada en Hil­versum es un testigo de lo que Schippers trabaja en las duras temporadas de in­vierno de los sprinters locales. Como vi­sitantes privilegiados, podemos acceder a ver qué se cuece tras unos inmensos ventanales. Nos permiten ver un espec­táculo al alcance de pocos: el trabajo de fuerza en el gimnasio de deportistas de alto nivel. Jóvenes de físico privilegiado que pulen el músculo en la temporada más importante para los velocistas. Un periodo que Schippers define como “sú­per importante”. Nada de lo que quiera una conseguir en las competiciones de vera se puede dejar al azar ahora, comen­ta a la cámara de Runner’s World. Pesas imposibles, pisotones a las máquinas que mueven poleas, saltos y más saltos y, bue­no, unos cuantos empleados de Nike que hacen deporte a cualquier hora, como una sana comparsa, recreativa y salu­dable. Y es que un deportivo ambiente global inunda todas las instalaciones.

El carrusel de marketing de la marca tiene a Dafne cubierta de un plateado de la última colección que le otorga un aspecto casi espacial. Si afinan viendo las fotografías que acompañan la sesión, podrán ver que, pese a todo, no deja de ser una chica de 25 años. Y que hace nada combinaba el deporte con el ritmo de vida de los adolescentes. Precisamente un grupo de atletas de categorías alevín e infantil de Hilversum comparte pista de atletismo con la sesión fotográfica. El contraste entre la concentración de la velocista profesional y el barullo de los críos al fondo da una idea de la di­versidad de las complejas etapas que tiene que mimar el entorno del atletis­mo. Schippers no tiene aún edad para ser nostálgica, pero nosotros, echamos por ellos la vista atrás desde su metro ochenta y la vemos transitando de los partidos de tenis durante sus años de niña hacia el rey de los deportes.

Hablamos sobre esas evoluciones que tienen el deporte y la vida. Sobre enfocar la energía y tener a los revoltosos pe­queños buscando deportes que formen. Reconoce que había cierta frustración en aquellos años de tenis “en los que no siempre ganaba”. Encontró, afirma, que era más competitiva en el atletismo. Y con nueve años empieza a despuntar entre el estructurado atletismo escolar holandés en las filas del casi centenario Hellas Atletiek de Utrecht. Tan orga­nizado, como que un entrenador se nos acerca a preguntar la hora del final de la sesión de prensa. Tienen la pista reserva­da a las seis. Ya, pero es Dafne Schippers, se cuece en el ambiente. Podrían irse a la otra recta, pero ellos siempre sacan el material del almacén de contrameta. Al entrenador logramos sacarle media hora de margen, aunque todo es tan im­portante como el resto. “Media hora. Lo hablaré con los chicos”. Esos críos se lle­van una lección que pocos deportes como el atletismo sabe dar. Su entrenador y ellos negocian el uso de una pista con una campeona del mundo.

La luz de tarde tiene enamorados a los fotógrafos. Baja la temperatura y a todos nos apetece saltar o trotar. Schi­ppers lo hace de manera eléctrica. Uno es un velocista patético al que unos pa­dres apuntaron a atletismo escolar para quitar michelines. Pero la cercanía de los tipos rápidos me permitió aprender a reconocer la belleza en la técnica de la holandesa; sus apoyos, el braceo, la explosividad. De nuevo puntera, juego de tobillo, puntera. No es extraño que aquellos tipos de la televisión, el surgir de los Gatlin y Green entre focos y gla­mour, fueran un motivo para que en 2001 una jugadora infantil de tenis empezara a pensar en cambiar la raqueta por las zapatillas de clavos.

Ahora le toca a ella deslumbrar y atraer más jóvenes holandeses a prac­ticar atletismo. Con 17 millones de habitantes, su federación nacional de atletismo superaba el año pasado las 125.000 licencias.

Schippers reconoce su papel como ejemplo, como figura de relevancia en­tre la juventud de su país. “Sobre todo en estos días en que apenas se mueven”, tiene un mensaje en el que relaciona el esfuerzo y la importancia del deporte. “No entiendo a los niños que pasan todo el día sentados tras de sus tabletas y la televisión. Los críos tienen que estar todo el día en movimiento”. Cuando era pequeña, relata, se tiraba todo el día ju­gando fuera, en la calle.

"Serías una niña complicada de suje­tar”, imagino en voz alta.

“No creas, yo siempre he sido una niña tranquila en casa”.

Unos canijos juegan a practicar paso de vallas al final de la recta. Juegan, pero aprenden bajo la tutela del entrenador de la media hora. Ríen y miran hacia su ídolo, que se ata los cordones de las zapatillas sentada en el tartán de la calle siete.

La presencia de focos y cámaras añade glamour a sus movimientos. El braceo de una velocista de élite llega más atrás y arriba que ninguno de nuestros gestos. La rodilla sube por encima de la altura de muchos de esos chiquillos. Un fogonazo seguido del segueteo de los disparadores de las cámaras. Murmullos de admiración entre la plantilla de la marca. Desespera­ción amable entre el equipo de fotógrafos. Y es que la celeridad de los movimientos de alguien que pasa de cero a 35 km/h en ape­nas ocho segundos, saca de encuadre los planos de los profesionales más veteranos. Recordamos que recorre 100 metros en 47 zancadas. Son cifras que nunca podremos poner en práctica como corredores, pero que nos generan asombro.

No siempre fue así. Schippers ha vi­vido en primera persona el paso de la discreción de las pruebas combinadas a la atención constante de televisiones y prensa. Repasamos con ella notas pre­paratorias y asiente muy seria. “En las pruebas combinadas todo es más fácil y el ambiente es muy amistoso. En el mun­do de la velocidad todo es súper difícil”. Impacta el paso de un atletismo casi en la sombra a la muy estelar velocidad.

La marca Schippers mueve 215.000 seguidores en Instagram, ha escrito un libro de recetas y agrupa varios patro­cinadores que creen en su potencial de imagen. La final del mundial de Lon­dres tuvo una audiencia de 2 millones de espectadores en Holanda, país con tres veces menos población que España.

La luz de la tarde termina por despe­dirse de todos, entre fogonazos del atar­decer y nubes negras como demonios. Para Schippers es una sesión distendida, pues el invierno entra y los objetivos aún quedan lejos. “Son los únicos días en que puede permitirse una agenda más rela­jada” a pesar de que los entrenamientos siguen. No hay repeticiones agónicas ni trabajo explosivo con las zapatillas de clavos, pero hay un trabajo en el gimna­sio y un cuidado estricto en la alimenta­ción. Para moldear al máximo los múscu­los que moverán su estructura a máxima velocidad, hay que eliminar el máximo de grasa corporal. Hoy ha tocado arroz y poco más, se le escapa en el petit co­mité de la sesión de fotos. Entendemos la necesidad constante de abrigarse. A pesar de haber crecido acostumbrada al ulular de los vientos del noroeste y de acudir a clase -sea invierno o verano- en bicicleta, se abriga al máximo en las pausas de la tarde. “Por eso tengo este frío”, afirma apretando los dientes. El resto es historia y vendrán más páginas de gloria para Schippers.

Anochece en Hilversum. Una depor­tista recorre en estocadas la calle 1 car­gando con un peso de 20 kg a la espalda. Otro día en la preparación de invierno.