Muchos tenemos uno. Lo sacamos a pasear de vez en cuando para mirar nuestras pulsaciones en alguna serie pero no vamos más allá. Las posibilidades de un pulsómetro son ilimitadas aunque, como todo en la vida, hay que abordarlo con precaución. Te mostramos los secretos de esta herramienta.
¿Qué es un pulsómetro?
Un instrumento de precisión, digital y electrónico (un reloj cronómetro), que funciona con pilas y que gracias a unos precisos y delicados sensores que se acoplan a una cinta elástica (a su vez se coloca en el pecho a la altura del corazón) es capaz de detectar, contabilizar y registrar las pulsaciones de la persona que lo utiliza. Puede mostrar el pulso por minuto casi de forma instantánea, a través de la pantalla del reloj".
En muchos pulsómetros los datos registrados pueden transmitirse
directamente a un ordenador, cuyo programa permite realizar
gráficas de los distintos pulsos del atleta a lo largo del tiempo en que
ha sido controlado. Estos resultados tienen que ser interpretados
luego y hay que contrastarlos con los tiempos en los entrenamientos,
con los de las competiciones y con las sensaciones del atleta. De esta
forma se puede llegar a conclusiones mucho más precisas. Pero la
manera de sacarle el mayor jugo al pulsómetro es sometiéndonos previamente
a una prueba de esfuerzo con análisis de gases. En la misma
sabremos en qué pulso entramos en los umbrales aeróbico y anaeróbico.
Estos datos combinados con los anteriores permitirán al entrenador
planificar mejor y a ritmos más precisos.
No todo va a ser pulsómetro
Es una pena que por otra parte haya surgido una nueva tendencia entre muchos corredores que consideran el pulsómetro casi la única herramienta para valorar la evolución del entrenamiento. Incluso se tiende a considerar los datos que ofrece como los únicos referentes a la hora de realizar los planes de trabajo o de marcar ritmos de rodajes, series y repeticiones. Y eso es muy peligroso, pues son las pruebas de esfuerzo con análisis de gases las únicas que nos pueden decir dónde tiene el corredor sus umbrales, en ellas se detectan los posibles fallos en el entrenamiento y como corregirlos.
Se ha llegado al extremo de sobrevalorar demasiado la utilidad del pulsómetro.
Cada día compruebo cómo muchos corredores aficionados
tratan de hacer con el pulsómetro "ciencia-ficción", pues buscan lo
imposible. Se pierde el tiempo intentando entrenar como una
máquina, olvidándose de los matices que más influyen y determinan
el nivel del corredor. Son aquellos que quedan fuera del alcance de la
ciencia; de todo cálculo y explicación matemática, física, fisiológica,
psicológica o médica. Lo único que consiguen es confundirse y en la
mayor parte de las veces se machacan y castigan en exceso. Están perdiendo
la oportunidad de aprovechar correctamente el pulsómetro,
para mejorar su planificación y controlar mejor sus entrenamientos. Si
esto se hiciera bien, se mejorarían mucho sus resultados.
Aprende a competir con pulsómetro ![]()
Aciertos y errores en el uso del pulsómetro ![]()
La importancia del "Índice de Recuperación" ![]()
En los últimos años se ha generalizado el uso del pulsómetro como instrumento de ayuda en el entrenamiento diario del corredor, tanto el aficionado como el profesional. Lo que hace diez años era usado casi exclusivamente por algún grupo de entrenamiento de elite o subelite, ahora es muy común entre todos los aficionados.
En poco tiempo los pulsómetros han evolucionado muchísimo tecnológicamente, en prestaciones, en seguridad, en fiabilidad, en precio, en tamaño y en estética. Ahora hay muchos más fabricantes que ofertan estos productos y con estrategias de venta más agresivas. La popularización del pulsómetro no ha venido acompañada de una correcta información para interpretar y usar los datos que nos ofrece. No son demasiados los que saben hasta dónde se puede utilizar y con qué limitaciones; tienen muy claro que aporta una información valiosa que les sirve para confirmar ritmos de entrenamiento y para valorar si se está entrenando bien..