Es la última tendencia de los deportes acuáticos. Una mezcla de natación y carrera. Nada que ver con "Aquafitness", ni "Aquagym", ni "Aquarobic", es carrera acuática vertical.
«Es correr dentro del agua, pero con el cuerpo vertical y sin tocar el fondo de la piscina con los pies en ningún momento. Si lo haces es otra cosa. Para ello te ayudas de un flotador de cintura o un chaleco inflable», explica Manuel Palomo, presidente de la Asociación Española de Carrera Acuática. «Es una alternativa a mitad de camino entre la natación y la carrera a pie».
La búsqueda de un ejercicio no agresivo que aporte ventajas saludables, es el origen y razón de este deporte utilizado por deportistas para la recuperación de lesiones osteomusculares y otro tipo de patologías, así como complemento a las sesiones de trabajo en su deporte.
La ausencia total de impacto contra el suelo es garantía y bálsamo para talones, tobillos, rodillas y caderas de aquellos deportistas que tienen en la carrera parte importante de su actividad. Los movimientos, atenuados por la presión del agua, resultan muy indicados para asuntos tan variados como la flexibilidad, la circulación sanguínea y la resistencia aeróbica entre otros.
No menos importante es el desarrollo armónico del cuerpo, pues trabajan por igual los trenes superior e inferior. Todo lo contrario que en la natación, donde se trabaja mucho más con los brazos, y que en los deportes de carrera, donde son las piernas quienes más lo hacen. La intensidad de los ejercicios y el que se hagan en el agua es, por otra parte, garantía de un gasto calórico adicional, que redunda en el equilibrio de los porcentajes de grasa del organismo.
Esta mezcla de natación y carrera aporta claros beneficios a quienes carecen de un circuito donde correr o les aburre hacerlo en el gimnasio. También para los que no saben o no les gusta nadar.
«La gente nada porque no se le ofrece otra alternativa y ocurre que a veces, la natación no es apta para todos». Según explica el presidente de AEDCA, hay quien no sabe nadar, o tiene problemas para mojarse la cabeza, o los pelos. O que no nada porque no sabe respirar bajo el agua, o no le puede entrar agua en los oídos. Existen otras personas cuya obesidad les impide nadar, pues al hacerlo someten a su columna vertebral a una curvatura lumbar peligrosa. «El aquarunning es una opción para que todos ellos puedan superar sus inconvenientes y hagan ejercicio acuático».
Más fácil de aprender que la natación, Palomo advierte que «a pesar de basarse en movimientos instintivos, como correr, no es tan sencillo y hay que aprender a hacerlos pues si no, coges vicios posturales que son contraproducentes».
RENTABILIDAD
Considera su mentor que el aquarunning puede ser un salvavidas para la economía de las piscinas municipales. «Estas instalaciones soportan cuantiosas pérdidas, pues sólo ofertan natación, un deporte no demasiado mayoritario, que por su naturaleza tiene un desarrollo limitado. La gente nada porque es la única alternativa que se le ofrece en la piscina».
Una piscina de uso público se divide en calles por las que nadan sus usuarios. Cada una tiene una capacidad determinada, donde no es recomendable sobrepasar los 10 nadadores en las olímpicas. El aquarunning optimiza el espacio acuático. Sus practicantes pueden limitarse a correr sobre el terreno, con lo que sólo ocuparán 1 m cuadrado. Esto supone, como mínimo, triplicar la capacidad de uso de cada calle. «El Ayuntamiento de Madrid está interesado en el aquarunning y estamos desarrollando un proyecto para implantarlo en los centros municipales de la capital», concluye Palomo.