Cualquiera puede diseñar una sensacional sesión de entrenamiento. No hay más que combinar distancias y ritmos. El problema es que esas cifras sólo valen para un nivel de atleta. Lo difícil es acertar con cada uno, ahí está el secreto de ser un buen entrenador.
1 NO CORRER NI MÁS TIEMPO NI MÁS
DEPRISA DE LO QUE DEBES.
Conseguir el máximo beneficio del
entrenamiento con el mínimo esfuerzo.
Es de cajón que si quieres, por ejemplo,
bajar de 35’ en un 10 km de asfalto y
puedes lograrlo corriendo 70 km a la
semana, correr 120 es un error. Peor
resulta que muchos se empeñan en
entrenarse en exceso, lo que se traduce
en menor rendimiento y más lesiones.
Directamente relacionado con lo anterior
está que al empezar cada sesión se tiene
que tener claro lo que se va a trabajar en
ella: resistencia, velocidad o eficacia de
carrera. Ir improvisando o variando el
objetivo de la sesión es otro grave error.
2 EVITAR LESIONES.
Dado que suelen aparecer por pasarse de
kilómetros, Daniels recomienda que no
se debe aumentar la cantidad semanal
hasta que el cuerpo esté adaptado a la
cifra actual. Llegado el momento de
aumentar, guiarse por el número de
sesiones que se hacen cada semana. Si
son 5, como mucho aumentar 10 km.
3 DE CARA A UNA CARRERA IMPORTANTE,
SEGUIR UN PLAN QUE POCO A POCO NOS
LLEVE AL MEJOR ESTADO DE FORMA.
Daniels recomienda planes de medio año,
de 24 semanas, en los que va combinado
sesiones suaves con las de ritmo alto y las
de repeticiones. En el recuadro adjunto
podéis ver ejemplos de esas sesiones.
4 CORRER A UNAS 180 ZANCADAS POR
MINUTO.
Daniels, ayudado por su mujer Nancy, ha
medido la frecuencia en cientos de carreras.
Comenzó a hacerlo en los Juegos de Los
Angeles 84. Redondeando, 180 es la cifra
que rondan la mayoría de los atletas en
carreras de 5 km en adelante. Por ejemplo,
Ryan Hall, durante su espectacular
récord nacional estadounidense de medio
maratón (Houston, enero 2007, 59’43)
promedió 182.
5 EL 75% DEL KILOMETRAJE SEMANAL DEBE
SER A RITMO FÁCIL.
Es el ritmo en el que se construye la
base aeróbica y se fortalecen los músculos
y tendones que trabajan al correr. Más
deprisa es cuando se castigan. Ese ritmo por
kilómetro, de base se averigua añadiendo
entre 60 y 90 segundos al que se lleva en
una carrera de 10 km.
6 LA SESIÓN LARGA DEBE SER ENTRE EL 25 Y EL
40% DEL TOTAL SEMANAL.
El punto de ese abanico depende del
kilometraje total; si no pasa de 40 km debe
acercarse al 40%, si ronda o pasa de 100
km, entonces será del 25%.
7 CORRER HACIA EL 12% DEL KILOMETRAJE A
UMBRAL LÁCTICO.
A este ritmo se mejora la economía de carrera
y la capacidad de soportar el incremento del
ácido láctico. Para calcularlo, sumar unos
30 segundos al ritmo en un 10 km.
8 CORRER HACIA EL 8% A RITMO INTERVÁLICO.
A este ritmo se aumenta el consumo de
oxígeno y la capacidad de correr más
deprisa en competición. Este ritmo sería
unos 10 segundos más rápido que el de
carrera de 10 km.
9 CORRER A TOPE UN 2% DEL KILOMETRAJE.
Se mejora la fuerza, la velocidad, la
frecuencia de zancada y la capacidad de ir
relajado en competición. Debe hacerse al
final de sesiones suaves; varias repeticiones
de máximo 200 metros.
10 MANTENERSE OPTIMISTA.
Los grandes resultados no llegan por
casualidad. Indican que se tiene esa
capacidad. En cambio los fracasos si que
pueden considerarse casualidad, le puede
pasar a cualquiera. Un mal resultado o
un día de malas sensaciones no tiene que
preocupar. Solamente si sucede muchas
veces debe buscarse la causa y revisar el
plan. En la mente debe quedarse el recuerdo
de los grandes días y no obsesionarse con
los malos.
En nuestro mundillo el mejor ejemplo de experto que ha marcado unas pautas para esa individualización es Jack Daniels. Suya fue la planificación del mencionado Jim Ryun para Los Juegos Olímpicos de México, en el 68, donde logró la plata en 1.500 m; así como la de algunos de los mejores maratonianos estadounidenses de todos los tiempos como Joan Benoit, Alberto Salazar o el actualmente prometedor Peter Gilmore. Pero a la vez ha sabido guiar a atletas de nivel local y a populares que se iniciaban en este deporte.
Su obra Daniels Running Formula publicada en 1998 está sirviendo de guía para muchos de los entrenadores de fondistas de estos tiempos. Actualmente ejerce en el centro de entrenamiento en altura de Flagstaff, Arizona. Allí nos dirigimos el año pasado a hacerle un genuino tercer grado. Muchas de las cuestiones las respondió abriendo sus viejas carpetas de apuntes que datan hasta de los años 60, de las que afirma querer pasarlas al ordenador y publicarlas. Gracias al tiempo pasado con él he podido elaborar este simple decálogo, que puede ayudaros a diseñar un plan personalizado; pero desde luego que no puede ser considerado el sustitutivo de su altamente recomendable libro.