No debemos descuidar aquellos factores que, pese a no provocarnos cansancio ni hacer que el corazón nos lata con potencia, pueden hacer que nuestra marca mengue unos valiosos segunditos. Es curioso, pero el corredor, que en su ADN tiene el gen del machaque grabado a fuego, suele desatender estos aspectos que tan poco esfuerzo suponen.
Unos miles a tope no asustan a casi nadie, pero si hablamos de beber con asiduidad o tomarnos un respiro cuando intuimos que estamos algo cargados, cuesta horrores. Nos pasa a todos, así que vamos a ver si los siguientes consejos ayudan a corregirnos un poco.
ALIMENTACIÓN
No hay que obsesionarse, en líneas generales
basta con seguir el principio de comer de todo y
variado; muchos hidratos y poca carne, pero sin
descuidar las proteínas del pescado y la leche,
los vegetales, etc. El día antes de una carrera
es bueno una comida y una cena poco copiosa,
para llegar a la salida con sensación de ligereza.
En el desayuno hay que tener cuidado con ciertos alimentos que suelen dar problemas. Por ejemplo la leche, el queso semicurado y ciertas frutas que puedan provocar acidez. Después de competir, sin embargo, se asimilan muy bien la manzana y el plátano (especialmente debido a su alto contenido en potasio).
DESCANSO
Quizás a los principiantes les resulte paradójico,
pero cualquier corredor experimentado
sabe que un buen descanso reporta los mismos
beneficios que un duro entrenamiento. Parar a
menudo implica asimilar mejor las cargas a las
que sometemos al organismo, además de relajar
la tensión psicológica derivada de nuestros
objetivos atléticos.
MATERIAL
El pantalón de competición y la camiseta
de tirantes es, salvando las particularidades,
el uniforme que mejores prestaciones ofrece.
Respecto a los calcetines, los aconsejamos muy
transpirables y de caña baja (pero no tobilleros,
ya que el riesgo de rozaduras aumentará).
La vaselina en las zonas conflictivas (pezones, ingles, axilas, talones, planta y dedos de los pies) no es tan decisiva como en medias o maratones, pero su aplicación supone dos minutos y no estorba. Y llegamos a las piezas claves: las zapatillas. Aquí recurrimos a nuestro amigo Ramiro López, técnico de producto de Bikila, la tienda especializada en atletismo más antigua de España: “En todos los casos sería bueno que tuvieran algún sistema de amortiguación. Dependiendo del peso del atleta y de lo propenso que se sea a tener sobrecargas, deben usar zapatillas de perfil bajo los corredores ligeros y experimentados, y zapatillas más altas los corredores de menor nivel y con un peso medio.
Por último, para los corredores de peso elevado se recomiendan las zapatillas denominadas mixtas, que combinan muy bien la amortiguación con la estabilidad y los controles de pisada. Si la técnica de carrera no es muy buena, normalmente se sufre más muscularmente, por lo que hay que tratar de prevenir con zapatillas menos exigentes y de mayor protección. La duración de las zapatillas es muy relativa y depende de muchos factores, pero por poner números, diremos que si la vida útil de una zapatilla de entrenamiento es de 1.000 km, este tipo de zapatillas duran la mitad, unos 600 km aproximadamente, es decir 50 o 60 carreras.