La edad de oro del mediofondo británico inauguró la era moderna del atletismo. Por SERGIO HERNÁNDEZ-RANERA. Fotos CORDONPRESS.
Desde finales de los años 70 y hasta más de 1 década después, el deporte rey gozó de una atención inusitada gracias a la confluencia de un elenco de figuras mundiales que concurrió en las distintas distancias del mediofondo. La rivalidad exhibida por los ingleses Sebastian Coe y Steve Ovett funcionó como la perfecta punta de lanza que posibilitó la propagación mediática del atletismo como fenómeno global. El hecho de que aquellos magníficos deportistas libraran la mayor parte de sus duelos en los 1.500 m, condujo a muchos a considerar que la distancia perfecta y sus estrellas se daban brillo mutuamente.
La importancia de Sebastian Newbold Coe (Londres, 1956) y Stephen Michael James Ovett (Brighton, 1955) es tal, que sus gestas todavía resuenan con fuerza casi 5 lustros después. El paso de los años ha engordado aún más si cabe la leyenda sobre sus duelos, pues, en realidad, Coe y Ovett se enfrentaron cara a cara en contadísimas ocasiones, sobre todo a partir de la final olímpica de los 1.500 m de Moscú ’80. La suya fue una rivalidad a distancia: cuando uno batía un récord, a los pocos días llegaba el otro y lo rompía de nuevo. Ambos atletas fueron precoces.
Ovett corrió con 13 años los 400 m en 53.7 segundos y estableció las mejores marcas por edades del Reino Unido en 800 m entre los 15 y los 19 años, incluidos los 1.45.8 que le valieron la plata en los Europeos de Roma ’74.
A su vez, Coe se proclamó a los 16 campeón juvenil británico de 1.500 m con 3.55.
En 1976 Ovett ocupó la 5ª posición en la final de los 800 m de los JJ.OO. de Montreal, y en 1977 Coe se hizo con el título europeo de pista cubierta en esa misma distancia con un nuevo record británico (1.46.5).
Su primer choque a alto nivel tuvo lugar en los Europeos de Praga ’78. En las 2 vueltas al óvalo, Coe conquistó el bronce y Ovett la plata (1.44.8, batiendo el récord británico de Coe por 2 décimas) en una carrera ganada por el alemán Olaf Beyer (1.43.8). Ovett, además, ganó el oro en 1.500 m con 3.35.6.
A partir de aquí, el año 0 de la era moderna del mediofondo; el atletismo entró en una dimensión hasta entonces desconocida.

1979:
En el espacio de 41 días, Seb Coe captura las plusmarcas mundiales de 800 m (1.42.33, Oslo, 5 de julio), milla (3.48.95, Oslo, 17 de julio) y 1.500 m (3.32.03, Zurich, 15 de agosto). Ningún hombre ha vuelto a ostentar estos récords al mismo tiempo.
1980:
Los JJ.OO. de Moscú’80 se acercaban y pocas semanas antes de su inicio Ovett arrebata a Coe el récord de la milla (3.48.8, Oslo) y le iguala el de 1.500 m. El 26 de julio llega el primer gran choque sobre el tartán del estadio Lenin. Poco importa que EE.UU. y algunos de sus aliados hayan boicoteado la competición y que Reino Unido se halle en el caos huelguístico y social que caracterizó los primeros años del tatcherismo. Gran Bretaña está paralizada y dividida: sus 2 héroes van a correr por el oro de los 800 m. Coe es el plusmarquista mundial y natural favorito, con Ovett de supuesto sparring y soltando piernas de cara a sus 1.500 m. Ambos han ganado sus respectivas semifinales. En carrera, Coe despliega una táctica timorata; huye del contacto físico, corre encerrado y nunca domina la prueba. 1 minuto y 45.4 segundos después, el de Brighton cruza la meta en 1º lugar. Coe, plata (1.45.9). Es un palo tremendo para el londinense criado en Sheffield.
“Pero mañana será otro día y habrá otra nueva batalla”, se da ánimos Coe ante los periodistas.
Y los necesita, pues Ovett, el potente atleta hijo de un tendero del mercado de Brighton, el que siempre jalea al público un par de metros antes de pisar meta, lleva 42 carreras invicto en la distancia perfecta; o lo que es lo mismo, 3 años sin conocer la derrota en ese feroz kilómetro y medio que exige resistencia, velocidad y táctica.
Ç Coe, el fino universitario (1,75 m, 56 kg) de buena familia dirigido por su autoritario padre a base de entrenamientos interválicos a ritmo de corredor de 5.000 m con los que evitar cargar las piernas con un kilometraje excesivo, toma la salida con una actitud muy diferente.
Es 1 de agosto de 1980 y la prensa sensacionalista británica ha exagerado las diferencias enfrentando 2 mundos: pero ni Coe es un repeinado Lord metido a atleta, ni Ovett es un rudo vendedor de lechugas. Simplemente son lo mejor que tiene Inglaterra. Y van a protagonizar la carrera del siglo.
El ritmo es lento; es una táctica que aplasta a Ovett la posibilidad de igualar el doblete del neozelandés Peter Snell en Tokyo ’64, y una estrategia que dispara la ansiedad de Coe ante un nuevo fracaso. Pero esta vez Seb en ningún momento pierde el contacto con la cabeza de la prueba. El alemán oriental Jurgen Straub hace el trabajo sucio, pero en la recta Coe le adelanta y gana el oro con un tiempo discreto (3.38.4). Sus gestos en meta hacen historia.
“Sentí alivio”, explica.
Ovett gana el bronce dando la impresión de que sólo le importaba Coe, no la plata de Straub. Coe & Ovett es ya sinónimo de brillante pugna.
3 semanas después de los Juegos, Ovett marca en Coblenza un nuevo récord mundial de 1.500 m con 3.31.36.

1981:
Ovett bate su propio récord de la milla (3.48.40), y Coe lo recupera días después (3.47.33).
Además, Sebastian Coe realiza ese año su récord más increíble: 1.41.73 en 800 m (todavía el 2º mejor crono de todos los tiempos).
También rompe el de 1.000 m (2.12.18; igualmente vigente 2ª mejor marca de siempre).
1982:
Coe sufrió una inesperada derrota en los 800 m a manos del sorprendente alemán Hans-Peter Ferner en los Europeos de Atenas ’82, competición que Ovett se perdió por lesión (Cram le sucedió en el trono de los 1.500 m).
1983:
En agosto llegan los I Mundiales en Helsinki y esta vez es Coe quien causa baja por una extraña enfermedad.
Antes, el 24 de junio, José Luis González ha logrado vencerle en la reunión de París (3.34.84 frente a 3.35.17).
La final de Helsinki se corre temerosamente (Ovett lo paga con el 4º puesto), pero Steve Cram se consagra definitivamente y gana el oro. El estadounidense Steve Scott es 2º y el marroquí Aouita, 3º.
Y a estas fenomenales estrellas aún ha de unirse el sudafricano Sydney Maree, quien acaba de lograr un nuevo récord (3.31.24)… ¡que Ovett recupera el 4 de septiembre en Rieti con 3.30.77!
1984:
Es año olímpico, pero Coe experimenta problemas físicos que le impiden ganarse un puesto en los trials británicos. Sin embargo, su federación toma una decisión polémica y le selecciona en detrimento de Peter Elliot. Su rendimiento es una incógnita y la prensa carga contra él. Pero en los 800 m Coe responde con una carísima plata (1.43.64) frente a un descomunal Joaquim Cruz (1.43.00, nuevo récord olímpico).
Machacado por una bronquitis, Ovett no sólo acaba último, sino que se pasa 2 días en el hospital. Desoyendo a los médicos, consigue un agónico pase a la final de 1.500 m, donde el favorito absoluto es Steve Cram (Aouita prefirió el 5.000, donde sabía que nadie le ensombrecería). El broncíneo ataque de José Manuel Abascal a falta de 400 m sólo es contestado por los 2 ingleses (Ovett, roto, abandona), quienes le superan en la recta. Coe apretó hasta el final y revalidó su título con un nuevo récord olímpico: 3.32.53.
“Mis últimas veinte zancadas me han parecido eternas”, dijo.

1985:
Año de las fantásticas marcas de Cram y Aouita en la milla y el 1.500, Ovett inicia su declive. Coe, sin embargo, atrapó por fin un oro al aire libre en 800 m (1.44.50) en los Europeos de Stuttgart’86, frente a Tom McKean (1.44.61) y Steve Cram (1.44.88).
3 días después, éste último se desquitó en el 1.500 m (3.41.09 por los 3.41.67 argentos de Coe).
Semanas después, Seb consiguió en Rieti la mejor marca de su vida: 3.29.77. Lesionado, no pudo clasificarse para los JJ.OO. de Seúl’88, aunque poco antes del inicio de la competición paró el crono en 3.31.0.
En 1989 representó a Gran Bretaña en los 1.500 m de la Copa del Mundo de Barcelona ’89, donde acabó 2º (3.35.79) tras el somalí Abdi Bile.
EN LA ACTUALIDAD:
Steve Ovett vive actualmente en Australia y ejerce de comentarista deportivo.
Seb Coe hizo carrera política como diputado torie (1992-1997) y ha sido el máximo responsable del éxito de la adjudicación de los JJ.OO. de 2012 a su Londres natal. Su nombre suena constantemente como futuro presidente del COI.