Como evitar ser el "mofeta"

runners.es 21/11/2008
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Etiquetas: huyendo , del , mal , olor , corporal

Como evitar ser el "mofeta"

Todos tenemos un olor corporal que nos caracteriza, el cual se ve influenciado por el temperamento, clima e incluso comida. Por él somos reconocidos y que llegue a ser desagradable también puede ser un rasgo distintivo que debemos evitar

Yo huelo, tú hueles...

El primer rasgo distintivo que da origen al olor de cada persona es el sudor, secreción acuosa que regula la temperatura del cuerpo y que es generado por las glándulas sudoríparas.

En general el sudor no tiene aroma, pero el mal olor se debe a la descomposición bacteriana de la transpiración en aquellas zonas del cuerpo mal ventiladas, sobre todo axilas, pies y, en algunos casos, la zona genital. Particularmente en las axilas, el terreno es propicio para la proliferación de bacterias, ya que el grado de evaporación de las secreciones es bajo y el contacto con el aire escaso.

Es importante hacer hincapié en que en esa misma región se encuentran dos tipos de glándulas sudoríparas: las ecrinas, que reaccionan por el calor y producen secreciones de agua, y las apocrinas, asociadas a la raíz del vello, que entran en acción ante estímulos emocionales y segregan grasa, lípidos y aminoácidos.

Por otra parte, hay factores como la información genética de la raza a la que se pertenece o problemas de obesidad, que determinan que haya sudoración con olores más fuertes. En tanto, en otras personas el olor apenas existe, y con agua y jabón diario se mantienen perfectamente limpios, casi no tienen necesidad de usar desodorante.

Algo para los pies

Como ya se mencionó, el gran problema de los pies es la falta de ventilación, por ello, es de vital importancia que "respiren", en cuanto haya oportunidad o al terminar la jornada del día, usando sandalias o zapatos tipo zueco.

Para la excesiva sudoración de los pies cabe el recurso del baño regular y el uso de sustancias químicas, como el formaldehído -que debe usarse bajo prescripción médica- u óxido de zinc, cuyos activos antisépticos evitan la proliferación microbiana y micótica (de hongos), eliminando los olores desagradables. Limpios por tradición

El desodorante es el primer producto desarrollado para enfrentar el mal olor y no solo encubrirlo. Sería hasta la década de los 50 que se lanzaron los primeros desodorantes a base de sustancias antibacterianas, que contenían un antiséptico que destruía las bacterias responsables de la descomposición del sudor. A partir de entonces, los desodorantes se ofrecen en dos tipos: bactericidas y antitranspirantes, que reducen la secreción de sudor con ayuda de sales de aluminio astringentes.

Actualmente, la lista de este tipo de productos es casi infinita, ya que hay desodorante corporales para axilas, pies e higiene íntima, para el aliento -estos últimos en forma de spray, pastillas, gotitas que se ponen bajo la lengua-, para aire, ropa, cabello e incluso contra el mal aliento de los perros.

Pero, hay ocasiones en que el uso de desodorantes puede producir reacciones adversas en la piel, efectos que pueden variar de acuerdo al tipo usado, siendo los que contienen alcohol en su fórmula los más propensos a causar estos problemas. En menor medida los antitranspirantes -aún los que no contienen alcohol-, también pueden causar efectos no deseados, debido a que no están formulados especialmente para cuidar la piel, sino solamente para brindar protección contra mal olor y humedad, de manera que pueden causar alergias o irritaciones.

Y además…

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