Llega el buen tiempo y con él, el calendario se llena de carreras de montaña y trails. Si estas un poco perdido en este tema, te damos unos consejos para que las afrontes con garantías
1. Prepara tus piernas para las subidas y para las bajadas
Un trabajo básico es el que se realiza en cuestas, tienes que preparar tu musculatura
para las subidas y aún más a fondo para las bajadas. Las sesiones específicas
de cuestas deben hacerse sobre un terreno variado, concentrándote en los apoyos,
en la correcta respiración y en las sensaciones.
Sobre una cuesta corta, de entre 200 y 400 metros sube al ritmo de competición
o incluso un poco más rápido, y aprovecha la bajada para recuperar. Si tienes la
suerte de tener una cuesta larga, de 20 minutos o más, cerca de tu lugar habitual
de entrenamiento puedes hacer alguna sesión, especialmente en los dos meses
previos a la competición, de subida tranquila pero a ritmo constante.
Lo ideal sería poder encadenar esfuerzos de subida y bajada en una misma sesión,
puede resultar muy duro y monótono pero piensa en lo bien que te va a venir de
cara a tu competición.
Todo esto incidirá de forma muy positiva sobre tu fuerza específica y mejorará la
mecánica gestual de la zancada.
2. Huye de las distancias y los ritmos
Está claro que en el entrenamiento de montaña no cuentan tanto las distancias
exactas ni los ritmos de carrera. En la montaña cuentan más los minutos o incluso
las horas que pasas corriendo que los ritmos a los que te mueves. El esfuerzo se
mide más por las dificultades del terreno, por los obstáculos naturales que tienes
que salvar, por los desniveles o por la altitud que por la distancia que cubres en
cada sesión de entrenamiento.
Ha llegado el momento de cambiar el chip y adaptarse a las circunstancias y al terreno
por el que vas a entrenar a partir de ahora.
Sal a correr y disfruta de las nuevas
sensaciones, de las bajadas vertiginosas, “volando” de piedra en piedra, por
estrechos senderos de montaña, serpenteando entre árboles y rocas. Siente que
formas parte del entorno, siéntete libre.
3. Kilómetros pero con moderación
La oferta de propuestas “traileras” del calendario es muy diversa, hay carreras de
muy pocos kilómetros, como son las carreras en vertical, las más populares son
las que superan 1.000 metros de desnivel en unos 5 o 6 en línea, hasta las más
ultras, algunas superan con mucho el centenar de kilómetros.
Atendiendo a tu competición-objetivo, así deberás entrenar. Siempre y cuando la
carrera no sobrepase los 50 kilómetros podrás hacer alguna tirada larga que ronde
la distancia o el tiempo que tienes previsto estar en competición.
Aprovecha los fines
de semana y deja pasar por lo menos dos semanas entre una y otra sesión.
Generalmente el correr por caminos es menos traumático que el asfalto, por eso
pueden hacerse sesiones más largas, aunque siempre con prudencia, te recomendamos
ir aumentando entre un 5 y un 10% cada semana, dejando una de descanso
cada mes, lo que se viene a llamar semana regenerativa o “de bajada”.

Y no te olvides de la velocidad
Es cierto que en las carreras de montaña no es tan importante como en otras modalidades
más puramente atléticas, pero no hay que descuidar los parámetros
que inciden en una mayor velocidad aeróbica. Trabaja a intervalos con repeticiones de sesiones cortas, entre 30 y 90 segundos con el mismo tiempo de recuperación.
Espacia estas sesiones dejando por lo menos dos días de descanso activo
entre medias. Si normalmente aprovechas el fin de semana para hacer la tirada
larga, coloca estas sesiones de calidad en mitad de la semana. Son sesiones que
se pueden hacer duras y monótonas por eso intenta “engañar” a algún compañero
para que te acompañe, juntos será más fácil.
Otra buena forma de meter una sesión de velocidad es hacer rectas en progresión al terminar el rodaje largo, sobre una distancia de 80 ó 100 metros acelerando paulatinamente de tal manera que termines corriendo unos pocos metros prácticamente al sprint.
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