Tal vez haga frío y esté oscuro en la calle, pero no tienes por qué hacer todos tus kilómetros en la cinta de correr. Siempre que puedas salir de tu oficina (o de otras obligaciones) durante el día, la pausa de una hora para comer es todo lo que necesitas para mejorar tu rendimiento corriendo.
POR MATT ALLYN
Si calculas que necesitas 5 minutos para cambiarte de ropa y 15 minutos para ducharte después, aún te quedan 40 minutos para entrenar. Para muchos maratonianos, es de noche cuando van al trabajo y también cuando vuelven a casa, por lo que la pausa para comer les ayuda a mantener una base sólida de forma física durante el invierno.
Cuarenta minutos es suficiente para que muchos corredores hagan una distancia considerable, incluso a un ritmo suave. No obstante, el uso más eficaz de la pausa para comer consiste en centrarse en el entrenamiento de calidad, como sesiones de velocidad, cuestas y ritmos controlados. Estos entrenamientos más intensos mejorarán tu ritmo, tu zancada y la economía de carrera, preparándote para la temporada de competiciones de primavera (mira el apartado “Trabajo rápido” en la página siguiente). Según Justin Peschka, un entrenador de atletismo, ciclismo y triatlón del centro de entrenamiento Carmichael Training Systems, en Tucson, “dos sesiones de entrenamiento a ritmo suave pueden mantener la forma para las competiciones del fin de semana, pero dos sesiones de esfuerzo corto e intenso a la semana te harán correr más rápido”.
El mediodía es ideal para el entrenamiento de calidad, pues los músculos están más calientes que por la mañana y no están tan cansados como cuando corres en las sesiones de la tarde, según Susan Paul, una entrenadora de atletismo del equipo Track Shack, de Orlando. “Si sueles correr por las mañanas o por las tardes, puede que tardes un poco en acostumbrarte a los entrenamientos a la hora de comer, pero una vez que lo logras son muy eficaces”.
Para los trabajadores muy atareados y los padres con poco tiempo, la principal difi cultad a la hora de correr a mediodía puede que no sea la propia carrera, sino buscar el momento adecuado para salir. Si resulta que se te pasa el momento de salir a entrenar porque sigues trabajando, tal vez tengas que poner una alarma en el reloj del ordenador un poco antes. Así también recordarás comer algo ligero que te dé la energía suficiente para el esfuerzo. Incluso puedes invitar a tus compañeros de trabajo que también corran a salir contigo.
Salir a correr en compañía es una forma de
obligarte a hacerlo y puede merecer la pena
incluso si tienes que hacer ajustes en tu plan
de entrenamiento. Es cuestión de divertirse,
no de ir rápido, así como una oportunidad
de hablar con gente con la que normalmente
no interactúas, por ejemplo personas de
departamentos distintos. Puede que algunos
corredores no se sientan demasiado cómodos
saliendo a correr aunque dispongan de un
período libre estipulado para comer. Tal vez
crean que sus compañeros o sus jefes piensen
que van a trabajar menos. Bastará con hacerles
saber lo que hacemos cuando salimos y
seguro que acabarán por preguntarnos por
las próximas carreras que tenemos programadas.
Tal vez a la gente no le interese nuestro
entrenamiento, pero seguro que reconocen
el esfuerzo.
Estos entrenamientos de calidad de 20 minutos son perfectos cuando tienes poco tiempo.
Dedica 10 minutos a calentar y otros 10 a descalentar.
Además, si piensas que tu sesión de entrenamiento a la hora de comer te va a dejar cansado para el resto del día, no te preocupes, pues sucede justo lo contrario. Una sesión rápida de ejercicio puede evitar el letargo que aparece al final del día. Tu metabolismo se mantiene elevado hasta 4 horas después de correr, sobre todo después de entrenamientos intensos como las sesiones de series.
En un estudio publicado en 2005 en la revista Medicine & Science in Sport & Exercise, se demostró que el estado de ánimo, la productividad, la calidad del trabajo y la capacidad para cumplir objetivos de los trabajadores mejoraban de forma espectacular los días en los que realizaban ejercicio.
Según Kara Morh, una especialista en fisiología del ejercicio de Louisville, Kentucky, “el ejercicio alivia el estrés, reduce la tensión muscular que se acumula cuando estás sentado en tu oficina y aumenta el contenido de oxígeno de la sangre. Al volver a la oficina estás de mejor humor y con la mente despejada”. Además, estarás preparado para trabajar más rápido