Con el paso de los años, muchas personas pierden su capacidad para hacer ejercicio. Además de la edad, detrás de este deterioro se esconden factores conocidos, como el sobrepeso, y otros muchos aún por descubrir
Una investigación avanza un paso más en ese camino y señala que tener una función diastólica anormal en el ventrículo izquierdo -un fallo en la fase en la que el corazón se relaja y se llena de sangre- también influye en nuestras habilidades para practicar una actividad física a diario.
Los autores de este trabajo señalan que su descubrimiento es importante, ya que el trastorno podría tratarse con éxito en el futuro, con lo que se abriría la puerta a posibles intervenciones para prevenir, al menos en parte, la pérdida de las capacidades físicas.
Según indican, ya se han probado fármacos y tratamientos prometedores, si bien no hay conclusiones claras al respecto.
Tal como aclara la cardióloga de la Fundación Española del Corazón, Nieves Tarín, hoy en día se están utilizando distintos medicamentos para este problema frecuente entre las personas mayores, como los betabloqueantes o los ARA-II, aunque matiza que "no hay muchos ensayos clínicos al respecto" sobre sus resultados.
Dirigidos por Jasmine Gregal, de la estadounidense Clínica Mayo, este equipo de investigadores examinó el caso de 2.867 pacientes que no padecían ningún problema isquémico o de valvulopatías en el corazón.
Todos ellos se sometieron a una ecocardiografía de esfuerzo una prueba que permite evaluar a través de ultrasonidos la estructura y los movimientos cardiacos antes y después de hacer ejercicio-, además de distintos análisis para medir las funciones sistólica y diastólica.
Los resultados de su trabajo, cuyas conclusiones se publican en el último número de la revista 'Journal of the American Medical Association' , pusieron de manifiesto que padecer un problema en la función diastólica se asociaba con una fuerte disminución de la capacidad para hacer ejercicio. La relación se mantenía incluso después de tener en cuenta posibles factores influyentes, como el sexo o el índice de masa corporal.
Según explican los investigadores en el documento, sus datos también confirmaron un dato ya conocido: que existe una interacción clara entre la edad y la aparición de una disfunción diastólica ; es decir, que el envejecimiento contribuye al desarrollo de este problema en el corazón.
En sus conclusiones, estos científicos reclaman nuevos trabajos que confirmen sus resultados y avancen en esta vía. "Al contrario que otros muchos factores que son una inevitable consecuencia de la edad, la disfunción diastólica podría prevenirse", remarcan.