La práctica deportiva no te asegura que seas invulnerable a todas las enfermedades, por lo que los chequeos médicos son necesarios inclusos hasta para los corredores habituales.
Posiblemente te sepas de memoria tus marcas personales, el ritmo de carrera, y tal vez incluso tu objetivo de ritmo cardíaco. Pero, ¿tienes alguna idea de cuál es tu presión arterial o de tu concentración sanguínea de glucosa? Según Mark Harrast, especialista en medicina deportiva de la Universidad de Washington, "muchos corredores creen que por practicar deporte no sufren problemas de salud como la hipertensión o la diabetes".
Pero por mucho que corras, no se pueden cambiar factores de riesgo importantes, como tus genes, tus antecedentes familiares, tu raza o tu edad. Aquí tienes los principales puntos que todos deberíamos revisarnos:
PRESIÓN ARTERIAL
La presión arterial elevada (hipertensión arterial o HTA) no provoca síntomas precoces, pero cuanto más tiempo pase sin detectarse (y sin tratamiento), más dañará tu corazón y tus vasos sanguíneos, lo que aumenta las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cardiovascular. Correr mantiene la presión arterial a raya, porque el ejercicio ayuda a dilatar los vasos sanguíneos del cuerpo y permite que la sangre circule con más facilidad.
Pero, alrededor de un 33% de los adultos en países desarrollados pueden tener hipertensión. Cada año que pasa, tu riesgo aumenta. Tus comidas favoritas también pueden tener una parte de responsabilidad, de modo que la sal, las grasas saturadas y el exceso de alcohol son los principales factores agravantes. Algunas medicinas también elevan la presión arterial.

COLESTEROL
El colesterol es una sustancia grasa que es necesaria en pequeñas cantidades para elaborar unas membranas celulares sanas y proteger las neuronas cerebrales, pero el exceso de colesterol que el cuerpo no utiliza para realizar estas funciones vitales puede ser perjudicial. El colesterol “malo” (LDL) se adhiere a las arterias y dificulta el flujo sanguíneo al corazón, además de potenciar la inflamación. La forma “buena” (HDL) disuelve y elimina el exceso de colesterol.
Según los médicos, el aumento del colesterol bueno es tan beneficioso como la disminución del malo. Hacer ejercicio es una forma excelente de aumentar el HDL, aunque, como las razones precisas de las consecuencias positivas del deporte no se comprenden por completo, y nadie sabe cuál es la “dosis” exacta de ejercicio necesaria para lograr el máximo efecto, incluso los corredores que estén más en forma no deberían dar por seguro que tienen unos niveles saludables. (Después de la menopausia, los niveles del colesterol bueno bajan y los del malo aumentan).
HORMONA ESTIMULANTE DEL TIROIDES (TSH)
Si tu glándula tiroides es hipoactiva o hiperactiva, puede que tus entrenamientos favoritos sean más difíciles. Esto se debe a que la hormona tiroidea regula la cantidad de energía que llega a las células, incluidas las células musculares. Una cantidad demasiado pequeña de TSH (hipotiroidismo) puede hacer que sientas debilidad, mientras que las concentraciones elevadas de hormonas tiroideas (hipertiroidismo) acelerarán tu frecuencia cardíaca y te harán sentir nerviosismo. Correr es una forma de favorecer que el tiroides funcione con normalidad (aunque el sobreentrenamiento puede suprimir la TSH). No obstante, los factores genéticos suelen ser los principales implicados cuando los niveles de TSH están desequilibrados.

GLUCOSA SANGUÍNEA
La glucosa sanguínea proviene de los carbohidratos de la dieta y es la principal fuente de energía para el cuerpo. Para utilizarla en la producción de energía, el cuerpo necesita la hormona insulina, que permite introducir la glucosa de la sangre en las células. En la diabetes tipo 2 (la forma más frecuente), las células ignoran la acción de la insulina o bien el cuerpo no produce suficiente cantidad de esta hormona. Esto hace que la glucosa se acumule en la sangre, lo que provoca problemas en el corazón, los riñones, los ojos, los nervios y los vasos sanguíneos.
Correr disminuye la concentración de glucosa a medida que los músculos la utilizan, aunque esto no significa que debas prescindir de este análisis, sobre todo si tienes antecedentes familiares de diabetes. En sus etapas iniciales, la diabetes suele pasar desapercibida. Es posible que tengas mayor sensación de sed y hambre de lo habitual, que te notes cansado e irritable, o que debas ir más veces al baño.
HIERRO (FERRITINA SÉRICA)
El hierro es el ingrediente clave para la producción de hemoglobina, que transporta el oxígeno desde los pulmones a los músculos. Si la concentración de hemoglobina es baja, tus entrenamientos se resentirán. Además, los corredores ya tienden a presentar unas menores reservas de hierro debido al aumento del volumen sanguíneo. No obstante, no hay ninguna señal de alarma que avise sobre una deficiencia de hierro de forma precoz.
Los síntomas (aumento de la fatiga, falta de energía, dolores musculares, artralgias y disminución del rendimiento) pueden corresponder a varios trastornos, incluida la gripe o el sobreentrenamiento. Hay que tener en cuenta que si las reservas de hierro no se normalizan, pueden aparecer problemas cardíacos.