¿Quieres superar tu mejor marca en cualquier distancia? ¿Quieres sentir la velocidad en tus piernas? Puedes correr más rápido y fácil sin las sesiones tradicionales de velocidad. Te mostramos cómo hacerlo.
Gracias a los microondas, ordenadores, aviones o móviles, la vida sigue avanzando deprisa y, en algunas ocasiones, se hace más fácil. Por desgracia no podemos decir lo mismo del running. Por supuesto que las sesiones tradicionales de velocidad te ayudarán a ser más rápido, pero correr vueltas alrededor de una pista no es la única forma de mejorar tus tiempos. Si quieres ser más veloz, o simplemente desplazarte de forma más cómoda, te propongo tres estrategias sencillas que deberías probar. La idea general es que cuanto más prepares tanto el cuerpo como la mente para la exigencia de correr rápido, te será más sencillo hacerlo.
1.Ve a por el oro
Es cierto que sólo unos pocos de nosotros tendríamos una
oportunidad realista de competir por un oro olímpico u obtener
un récord mundial. Pero no se lo digas a tu mente. Por
ahora, el cielo es el límite. Puedes aprovechar el enorme
poder de tu imaginación para que te ayude a correr más
rápido y con más facilidad. Una vez a la semana deja que
mande tu mente. Imagina que estás corriendo pisándole los
talones a Frank Shorter en los Juegos Olímpicos de Munich. O
que vas hombro con hombro con Paula Radcliffe a un ritmo
de marca mundial.
Ejercitar tu imaginación mientras haces ejercicio es más que
simple una diversión. Cuando te visualizas a ti mismo en una
actuación de alto nivel, tu cuerpo responde de la misma
forma. No irás al mismo paso que Gebrselassie, pero
visualizándote a ti mismo haciéndolo tu cuerpo empieza a
imitar la acción. La visualización te ayudará a mejorar tu
estado de forma, mantener el esfuerzo y enfocarte en la tarea.
Cuando te encuentres intentando adelantar a un adversario
en los últimos 100 m de una carrera de 10 kilómetros, tu
cuerpo estará preparado para hacer el trabajo.
2. Prepara tu carrera
Prepara tu mente: Si vives cerca del circuito de la carrera,
córrelo despacio una o dos veces al mes. Mientras entrenas,
repítete lo seguro que te sientes, y pon a punto las ideas y
estrategias mentales que puedas utilizar el día de la prueba.
Si no vives cerca del circuito, puedes entrenar tu mente de
la misma forma ejercitándote en un terreno similar y convenciéndote
a ti mismo en las zonas duras.
Prepara tu cuerpo: Si la carrera es en tu ciudad, haz repeticiones
de las partes más duras del recorrido una vez a la
semana. Si es fuera de tu ciudad, haz las repeticiones en
zonas parecidas a las más duras de la carrera. Empieza con
una o dos repeticiones, dependiendo de lo largos que sean
esos segmentos. Intenta correr la primera repetición un
poco más lento del ritmo de carrera, y la última un poco
más rápido que el ritmo de carrera. Entrenando las partes
duras durante unas semanas ganarás la suficiente fuerza
como para pasarlas con facilidad el mismo día de la prueba. Aunque no tengas planes de competir contra otros, puedes
competir contigo mismo en un circuito predeterminado para
medir tu resistencia y velocidad. Entrena en ese mismo circuito
una vez al mes y compara el tiempo final. Después de
tres meses, escoge un circuito nuevo con nuevos desafíos. Por
ejemplo, cambia de un circuito de 3 km a uno de 4 km. Otra
forma: corre el circuito mirando el tiempo final y divídelo en
segmentos. Una vez a la semana, haz repeticiones de uno de
los segmentos del circuito. Cuando hayas hecho dos repeticiones
de cada segmento haz el circuito entero de nuevo y
compara el tiempo final.