El entrenamiento invisible (II)

runners.es 10/07/2010
POSITIVO NEGATIVO VOTOS
Etiquetas: entrenamiento , correr , psicologia , deporte , running

El entrenamiento invisible (II)

Analizamos las facetas mentales del entrenamiento. Ya sabes, antes de hacer un millón de kilómetros, reflexiona. Verás cómo mejoras entrenando mucho menos...

Sugestión
Según algunos especialistas, la sugestión y la autohipnosis pueden elevar la resistencia al cansancio y al dolor hasta en un 20%. En cierto modo puedo confirmar esta aseveración con mi propia experiencia. En mis mejores años atléticos, los buenos resultados me reafirmaban y me hacían ser más ambicioso. Me autoconvencía de mis posibilidades y de tanto pensar en ello mientras corría, me lo creía. Eso me daba una gran fuerza mental.
La capacidad de nuestra mente está muy lejos de ser controlada y dominada. Es un trabajo a muy largo plazo y se debe realizar día a día. Se puede ejercitar la mente visualizando diferentes estrategias de carrera mientras se entrena. Este ejercicio hay que hacerlo a menudo, pero nunca cuando está muy próxima una competición. En esos casos, tratad de evadiros y pensar en otras cosas para llegar a la carrera psicológicamente descansados. En carrera, una vez que ha sonado el disparo, empieza el baile. En esos momentos debéis sacar lo mejor de vosotros mismos. Eso sí, competid sólo cuando de verdad os apetezca.

Escuchar al cuerpo
Deberíamos meditar y repasar nuestras actitudes mentales, como querer forzarnos hasta el límite, ser inflexibles en la rutina del entrenamiento, plantearnos objetivos poco realistas y usar el deporte como único foco de atención en nuestra vida. Todo esto sólo puede llevarnos a los niveles máximos de fatiga, lo que significaría el fracaso. Por el contrario, si escuchamos nuestro cuerpo y vamos poco a poco, disfrutando, sin sobrepasar el tercer nivel de fatiga, los resultados serán siempre buenos. Los corredores que realizan su entrenamiento diario por los caminos, empezando con paso relajado, incrementando el ritmo poco a poco, sin temer a las cuestas, sin dificultad para respirar que los detenga antes de acabar. Al final, seguro que desearían que el entrenamiento fuese más exigente.

Entrenar la táctica y la estrategia
Tiene como finalidad disponerse para la competición. Es un trabajo psicológico que requiere mucho tiempo y más paciencia. Si la estrategia se refiere a las decisiones que hemos adoptado previamente y a los planes para conseguir el fin propuesto, la táctica sería la habilidad para aplicar ese método y alcanzar el objetivo en cada momento de la carrera. Realizar cualquier competición requiere tener claro y a punto la estrategia a seguir desde el momento que suena el disparo de salida.
Durante los entrenamientos hay tiempo de mentalizarse para la competición y de pensar en todo tipo de estrategias. Nos pueden ayudar a perfilarlas otras personas que nos aporten su experiencia, ya sean compañeros de entrenamientos más experimentados o entrenadores. Cuantos más datos se tengan de uno mismo y de la competición, más fácil será diseñar y elegir entre distintos tipos de estrategias para lograr los objetivos.

Estímulos y motivación
Una acción estimulante provoca un efecto: la motivación. Esta puede ser una acción, un efecto o el ensayo mental preparatorio de una acción. Durante semanas, incluso meses, un corredor se prepara física y psíquicamente para una competición, donde desarrollará sus capacidades físicas máximas. Visualiza en su mente, la acción. Ensaya mentalmente todas las posibilidades y formas posibles de competir. Esa motivación les permite exigirse más en los entrenamientos.
La motivación es uno de los mejores antídotos ante la fatiga. Cualquier atleta, del nivel que sea, necesita continuamente estímulos para seguir entrenando y mejorando sus capacidades máximas. Estos estímulos son, principalmente, las competiciones. Es muy difícil, prácticamente imposible, mantener la tensión, la concentración y el tesón en el entrenamiento, si no se piensa en una carrera a la vista, sea a corto o medio plazo. La intención de probarse, de mejorar sus resultados anteriores supone la motivación necesaria para someterse a agotadores sesiones de entrenamiento que nos aproximan más al dolor que a las buenas sensaciones.
La competición para el atleta supone la culminación del esfuerzo. Es el momento en el que sufre la mayor tensión. A pesar del nerviosismo previo y el sufrimiento durante la misma, los atletas necesitan competir regularmente. Es su droga. Les provoca el máximo estrés y a la vez lo buscan con ansiedad. Cuesta mucho menos reír que enfadarse. En los momentos de evasión es bueno buscar la sonrisa y la risa. Ya sea con la televisión, el cine, la lectura o los amigos. Siempre se ha dado por hecho que es bueno y positivo para los corredores. Pero curiosamente, hace unos años se iniciaron unas investigaciones sobre la terapia de la risa y los resultados que están apareciendo últimamente son sorprendentes. Algunos consideran que la risa y el buen humor incrementa notablemente las defensas del cuerpo y muchos enfermos se recuperan antes y mejor. Otras investigaciones con personas sanas, en fábricas, llegan a la conclusión que realizando una terapia de risa durante 20 minutos antes de entrar a trabajar se incrementa más de un 20% la productividad de cada empleado y disminuye a un tercio el absentismo laboral. Supongo que en los próximos años saldrán más resultados que nos sorprenderán aún más. De momento que siga el buen humor.

Y además…

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