Analizamos las facetas mentales del entrenamiento. Ya sabes, antes de hacer un millón de kilómetros, reflexiona. Verás cómo mejoras entrenando mucho menos...
Sugestión
Según algunos especialistas, la sugestión
y la autohipnosis pueden elevar la resistencia al cansancio y al dolor hasta en un 20%. En cierto modo
puedo confirmar esta aseveración con mi propia experiencia. En
mis mejores años atléticos, los buenos resultados me reafirmaban
y me hacían ser más ambicioso. Me autoconvencía de mis posibilidades
y de tanto pensar en ello mientras corría, me lo creía. Eso
me daba una gran fuerza mental.
La capacidad de nuestra mente está muy lejos de ser controlada
y dominada. Es un trabajo a muy largo plazo y se debe realizar
día a día. Se puede ejercitar la mente visualizando diferentes
estrategias de carrera mientras se entrena. Este ejercicio hay que
hacerlo a menudo, pero nunca cuando está muy próxima una
competición. En esos casos, tratad de evadiros y pensar en otras
cosas para llegar a la carrera psicológicamente descansados. En
carrera, una vez que ha sonado el disparo, empieza el baile. En
esos momentos debéis sacar lo mejor de vosotros mismos. Eso sí,
competid sólo cuando de verdad os apetezca.
Escuchar al cuerpo
Deberíamos meditar y repasar nuestras actitudes mentales,
como querer forzarnos hasta el límite, ser inflexibles en la rutina
del entrenamiento, plantearnos objetivos poco realistas y usar el
deporte como único foco de atención en nuestra vida. Todo esto
sólo puede llevarnos a los niveles máximos de fatiga, lo que significaría
el fracaso. Por el contrario, si escuchamos nuestro
cuerpo y vamos poco a poco, disfrutando, sin sobrepasar el tercer
nivel de fatiga, los resultados serán siempre buenos.
Los corredores que realizan su entrenamiento
diario por los caminos, empezando con paso relajado,
incrementando el ritmo poco a poco, sin temer a las cuestas, sin
dificultad para respirar que los detenga antes de acabar. Al final,
seguro que desearían que el entrenamiento fuese más exigente.
Entrenar la táctica y la estrategia
Tiene como finalidad disponerse para la competición. Es un
trabajo psicológico que requiere mucho tiempo y más paciencia.
Si la estrategia se refiere a las decisiones que hemos adoptado
previamente y a los planes para conseguir el fin propuesto, la
táctica sería la habilidad para aplicar ese método y alcanzar el
objetivo en cada momento de la carrera. Realizar cualquier competición
requiere tener claro y a punto la estrategia a seguir
desde el momento que suena el disparo de salida.
Durante los entrenamientos hay tiempo de mentalizarse
para la competición y de pensar en todo tipo de estrategias. Nos
pueden ayudar a perfilarlas otras personas que nos aporten su
experiencia, ya sean compañeros de entrenamientos más experimentados
o entrenadores. Cuantos más datos se tengan de uno
mismo y de la competición, más fácil será diseñar y elegir entre
distintos tipos de estrategias para lograr los objetivos.
Estímulos y motivación
Una acción estimulante provoca un efecto: la motivación.
Esta puede ser una acción, un efecto o el ensayo mental preparatorio
de una acción. Durante semanas, incluso meses, un corredor
se prepara física y psíquicamente para una competición,
donde desarrollará sus capacidades físicas máximas. Visualiza en
su mente, la acción. Ensaya mentalmente todas las posibilidades
y formas posibles de competir. Esa motivación les permite exigirse
más en los entrenamientos.
La motivación es uno de los mejores antídotos ante la
fatiga. Cualquier atleta, del nivel que sea, necesita continuamente
estímulos para seguir entrenando y mejorando sus capacidades
máximas. Estos estímulos son, principalmente, las
competiciones. Es muy difícil, prácticamente imposible, mantener
la tensión, la concentración y el tesón en el entrenamiento,
si no se piensa en una carrera a la vista, sea a corto o medio
plazo. La intención de probarse, de mejorar sus resultados anteriores
supone la motivación necesaria para someterse a agotadores
sesiones de entrenamiento que nos aproximan más al dolor
que a las buenas sensaciones.
La competición para el atleta supone la culminación del
esfuerzo. Es el momento en el que sufre la mayor tensión. A
pesar del nerviosismo previo y el sufrimiento durante la misma, los atletas necesitan competir regularmente.
Es su droga. Les provoca el máximo estrés y
a la vez lo buscan con ansiedad.
Cuesta mucho menos reír que enfadarse.
En los momentos de evasión es bueno
buscar la sonrisa y la risa. Ya sea con la televisión,
el cine, la lectura o los amigos. Siempre
se ha dado por hecho que es bueno y
positivo para los corredores. Pero curiosamente,
hace unos años se iniciaron unas
investigaciones sobre la terapia de la risa y
los resultados que están apareciendo últimamente
son sorprendentes. Algunos consideran
que la risa y el buen humor incrementa
notablemente las defensas del cuerpo y
muchos enfermos se recuperan antes y
mejor. Otras investigaciones con personas
sanas, en fábricas, llegan a la conclusión que
realizando una terapia de risa durante 20
minutos antes de entrar a trabajar se incrementa
más de un 20% la productividad de
cada empleado y disminuye a un tercio el
absentismo laboral. Supongo que en los próximos
años saldrán más resultados que nos
sorprenderán aún más. De momento que
siga el buen humor.