Puede que nos parezca mentira, pero en esto de darle a la zapatilla no todo son rodajes, series y competiciones. Hay pequeños factores que, aunque no los veamos, tienen una importancia capital a la hora de ofrecer la mejor versión atlética de nosotros mismos
El entrenamiento pasivo o invisible es aquel que no solemos entender como
entrenamiento propiamente dicho. No se siente como tal y la mayor parte de las
veces pasa desapercibido, o lo que es peor, no se tiene en cuenta en la preparación global de un corredor.
Es muy heterogéneo y en él cabe casi todo lo que no es correr, pero que interviene indirectamente en la mejora de las cualidades físicas y en el rendimiento final: masajes de descarga, acuaterapia (saunas, hidromasajes
y similares), alimentación, descanso, higiene postural, ejercicios de relajación, refuerzo psicológico, el estudio de las estrategias, las terapias para mejorar el humor, y la tranquilidad, elegir bien el material, realizar controles médicos periódicos, seleccionar correctamente las horas y los lugares de entrenamiento, evitar errores, escuchar al cuerpo, la toma de complejos vitamínicos en momentos de máxima carga…
También evitando los juegos de riesgo y los esfuerzos físicos excesivos, que no tienen relación con la carrera a pie, se puede influir indirectamente
en el rendimiento. La buena y correcta combinación de todo lo anterior permite una mayor y mejor asimilación del entrenamiento y la obtención de unos mejores resultados en la competición. Para poner un poco de orden me he atrevido a realizar una clasificación de los diferentes tipos de entrenamientos pasivos o
invisibles. Lo he estructurado y esquematizado en cinco tipos, en función del objetivo que se busca con las diferentes clases de trabajos, terapias, actividades, decisiones o actitudes.
Creo que es más fácil entenderlo y comprenderlo aglutinando las actividades
por bloques más homogéneos. De este modo, identifico cinco tipos de entrenamientos invisibles: aeróbico, recuperación (los que desglosaremos en esta primera parte del artículo), psicológico, regenerativo e informativo (de los que nos ocuparemos el mes que viene).
Son entrenos físicos complementarios a los de la carrera a pie. Estos ejercicios no sobrecargan los grupos musculares que intervienen directamente en nuestro
deporte pero sí ayudan fortaleciendo los grupos antagonistas. Refuerzan la resistencia muscular y orgánica. Movilizan y fortalecen las articulaciones. Potencian los músculos que apenas se trabajan corriendo y descargan psicológicamente, pues son actividades muy distintas al running. Disminuyen la
posibilidad de lesiones y permiten asimilar mejor el entrenamiento de carrera y una mayor recuperación.