Sin ninguna duda, la mejor forma de llegar a ser un corredor es corriendo. Un buen runner alcanza su estado óptimo escuchando su cuerpo y adecuando el entrenamiento a las necesidades de su organismo. Te mostramos los principios básicos que no pueden faltar en tu rutina.
Aumenta tu rapidez.
Un poco de entrenamiento de
velocidad te llevará muy lejos. En realidad un poco es todo lo
que necesitas, este tipo de trabajo debe ser sólo un 10 % del
kilometraje semanal. Las dos formas más normales de entrenar
la rapidez son los intervalos y los ritmos controlados.
Los intervalos consisten en trazados cortos y rápidos, con un
tiempo para recuperarse entre medias. Un ritmo controlado es
desplazarse un poco más lento que el ritmo de una carrera de 10
kilómetros durante 15 ó 20 minutos.
Ten en cuenta que las competiciones son la forma más dura de
hacer entrenamientos de rapidez, debiendo abarcar otro 10% de
tu volumen semanal.
Trabaja la distancia.
No todos podemos ir deprisa, pero
todos somos capaces de hacer más distancia. Es más cuestión de
ritmo, paciencia, y persistencia, que de talento. De todas maneras,
no puedes dar grandes saltos de golpe. El límite seguro de
aumentar tu distancia es de un 10% por semana.
Planifica días fáciles.
Algunos entrenamientos deben
ser duros si entrenas para un objetivo concreto, pero muchos
deben ser fáciles para compensar ese esfuerzo extra. En otras
palabras, debes correr por debajo de tu límite la gran mayoría
del tiempo. Tus entrenamientos ligeros son los más importantes
porque son los más frecuentes.
Apúntate a las carreras.
Competir es duro, pero también
excitante y merece la pena. Dirige tu entrenamiento,
resuelve tus dudas y tendrás la oportunidad de disfrutar tu progresión.
Compite contigo mismo.
Aunque corras en compañía
de cientos o miles de personas no compites contra ellos. Lo
haces con la distancia, el circuito, las condiciones, y esa voz
interior que dice que bajes el ritmo. Una de las grandes bellezas
de competir es que todos tienen la misma oportunidad de
"ganar" (por lo menos su propia carrera). A diferencia de otras
competiciones no tienes que luchar con complicadas reglas
arbitrales. Te comparas a ti mismo con tus propios récords. Tu
marca personal te da una medida objetiva de éxito, que no
depende de derrotar a otros/as runners.
Busca tu ritmo.
La histeria por la aglomeración o los nervios
puede hacer que "dimitas" de la línea de salida incluso antes
de dar una sola zancada. Mejor sé prudente al principio,
rozando el correr demasiado lento, antes que demasiado rápido.
Intenta completar la segunda mitad de la prueba igual de rápido
(o más) que la primera parte. Te recompensarás a ti mismo más
adelante pasando a muchos corredores.
Tómate tu tiempo para recuperar.
Cuanto más larga
sea la carrera, más tiempo necesita el organismo para reponerse
del esfuerzo. La sabiduría convencional dice que descanses un
día por cada tres kilómetros recorridos en competición, pero
puedes modificarlo en función de la dureza del trazado o tus
sensaciones posteriores. Durante este periodo no corras larga
distancia ni realices entrenamientos exigentes y evita competir.