Lesionarnos es, seguramente, lo que más nos desagrada a los atletas. A veces nos suceden lesiones repentinas, accidentales, pero en otras ocasiones, las lesiones nos están "avisando" durante un tiempo de su llegada. Analicemos este segundo caso
Comencemos por la fatiga muscular, aquel estado en el que el cúmulo de metabolitos, y de forma especial las catecolaminas, conduce irremisiblemente a la isquemia, pues aún no se ha dado una suficiente recuperación de la fibra muscular. En estas circunstancias no es posible asimilar una carga mayor y
por tanto la respuesta va a ser imprevisible, aunque será más cercana a la lesión que al entrenamiento efectivo.
Es recomendable dosificar las sesiones de calidad, sobre todo en presencia de fatiga. Unos buenos fundamentos técnicos mantienen alejado al atleta de las
lesiones. Este pensamiento, tan claro en la mente de casi todos los técnicos y atletas, se olvida con cierta frecuencia. Una mala técnica, por el contrario, lleva a la descoordinación, y ésta a su vez, a contracciones musculares asincrónicas o mal situadas en el tiempo, que, como hemos visto antes, es una
de las dos primeras causas endógenas de lesión muscular.
1. El desequilibrio entre músculos agonistas y antagonistas, que altera el balance extensión-flexión a favor de esta última, por que favorece las contracturas en los músculos implicados en dicho mecanismo.
2. El desequilibrio provocado al dar primacía a los ejercicios de potenciación sobre los de estiramiento, que acarrea una gran hipertrofia my acortamiento muscular, consecuencia inmediata de olvidar el stretching (estiramientos).
Hemos de considerar que las temperaturas ambientales extremas son un importante
factor predisponente al malestar muscular.
Cuando la temperatura del músculo es ligeramente superior a la normal del cuerpo se favorece la circulación sanguínea, se disminuye la viscosidad del tejido muscular conjuntivo, y se aceleran las reacciones físicas del proceso de contracción. Por el contrario, una temperatura excesiva contribuye a la destrucción de proteínas y a la pérdida de agua, con el consiguiente desajuste de proteínas y circulatorio.
Si la temperatura baja mucho, aumenta la viscosidad del músculo y el tejido
conjuntivo, y con ello la sensibilidad, con menor fuerza y más pereza en la función muscular. El principal medicamento homeopático para relajar el músculo contracturado es SPASCUPREEL (lab. Heel). Para la fatiga muscular cotidiana, para la prevención de agujetas y para evitar la sobrecarga muscular cuando nos enfrentamos a entrenamientos duros o competiciones es muy útil tomar, antes y después
de correr, SPORTENINE (lab. Boiron).
Para tratar y evitar los calambres es muy aconsejado un magnesio de presentación
homeopática, llamado BIO-MAG (lab. Lehning). Y para aliviar y acortar la duración del dolor e inflamación en contusiones musculares, así como la mejora vascular, utilizamos TRAUMEEL en crema (lab. Heel). Podemos añadir su presentación en comprimidos o gotas en los días siguientes.
En el caso de roturas fibrilares, también es TRAUMEEL (lab. Heel) el tratamiento de elección.