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Gebrselassie correrá el Maratón de New York

runners.es 05/11/2010
POSITIVO NEGATIVO VOTOS
 

Gebrselassie correrá el Maratón de New York

Así fue el evento


Este domingo se disputa uno de los maratones más míticos del mundo: Nueva York. Participan Haile Gebrselassie (por 1ª vez), Martín Fiz (por 6ª vez), Fabián Roncero, Joseba Beloki...

Martín Fiz escribe este artículo para espléndida revista "Paisajes desde el Tren"  (Nº 240) que edita RENFE: No es el maratón más multitudinario del mundo. No es el más rápido ni el más antiguo, ni siquiera es económicamente el más goloso. Sin embargo, el de Nueva York sigue siendo por excelencia el maratón más emblemático, multicolor, sugerente y codiciado del planeta. En 1970 participaron 127 atletas y finalizaron 55. 40 años depués, la organización ha recibido más de 100.000 solicitudes y apenas han podido participar 42.000 atletas. Uan experiancia que nadie puede perderse. Será porque en la Gran Manzana se cuecen sueños irrepetibles. Halloween y su resaca, compras, Brooklyn, Harlem, Bronx, Times Square...La combinación de turismo y deporte parece un plan perfecto. Todo es posible en Nueva York. Y más, si la visita se hace...corriendo. KM O. PUENTE VERRAZANO: Suena el himno estadounidense y el "New York, New York" de Frank Sinatra. Un cañonazo nos recuerda dónde estamos a 50.000 deportistas (hay al menos 8.000 furtivos que corren sin dorsal) bloqueados por la emoción. Muchos lagrimean dibujando una sonrisa en susu labios: para ellos, lo mejor que les pase en años será pisar el puente de Verrazano que une Staten Island con Brooklyn esta mañana de noviembre. Al paso de la multitud, su sóloda estructura parace temblar cada zancada. Sobre el hormigón quedarán las sudaderas y chubasqueros que los atletas han utilizado para el calentamiento y que en acto solidario ceden como donación a la beneficencia de los más necesitados. Es la tradición. Es un alivio. La animación se vuelve ensordecedora, con gentío y bandas de música tocando las míticas canciones de Carros de Fuego y la versión original de la película Rocky. Los pelos se erizan, y no precisamente por el rocío húmedo que rige en la bocana del puerto de Nueva York. Es en estos primeros pasos cuando suelo visualizar las carreras. Ésta ya la he completado 5 veces, y no me resulta difícil la recreación: la marea multicolor tendrá que recorrer Brokklyn, Queens...El interminable puente de Queensboro, la 1ª Avenida que cruza todo Manhattan hasta llegar al temible barrio del Bronx. Miradas perdidas y sorprendidas por lo que se cuece a los 2 lados del recorrido harán el camino más llevadero. Más bandas de música, interpretada por gente de diferentes etnias. Un negro, un blanco, un judío, una puta, un transexual, uno con fachada de asesino y uno formal. Con cualquiera de ellos nos podemos topar. KM 5. LA 4ª AVENIDA: Sin bajarme de mi asombro entro ya en la 4ª Avenida, la pasarela que une Brooklyn con Queens. Alguien me recuerda que en las calles de Brooklyn surgieron célebres personalidades: el baloncestista y mito Michael Jordan, la actriz y cantante Barbra Streisand o el mismísimo mafioso Al Capone. Es el barrio más étnico de Nueva York. De hecho, al pasar por una de sus avenidas veo a gente con túnicas. Me pregunto si estarán rezando plegarias para que alcancemos la meta en Central Park. KM 10. PURO QUEENS: A 5 km. de los creyentes, como si con ellos no fuera la cosa, unos chicos de color con pinta de raperos se mueven con desparapajo mientras despiertan la curiosidad de quienes merodeamos en zapatillas y en paños menores. El más grande y corpulento acarrea una casete de grandes dimensiones. El volumen está por las nubes, tanto que los decibelios que salen están a punto de arruinar sus tímpanos. Puro Quenns. KM 22: PUENTE QUEENSBORO: Pasado el ecuador de la carerra y sin darme cuenta me presento en el Puente de Queensboro. Es tan increíble como interminable. Su longitud, más de una milla ascendente, lo hace insufrible. Para más fastidio, la superficie metálica somete a los pies a un calvario a estas alturas del trote. Un alivio: a las salida de ese célebre prodigio de la ingeniería, según gira hacia la 1ª Avenida, el cuerpo nota un subidón ante esa aglomeración de público en las aceras que no cesa de animar. Empiezan a disminuir las fuerzas, pero la vista sigue intacta, igual de placentera. Aminoro el ritmo y en una avituallamiento atrapo un vaso con bebida isotónica. Al borde de la carretera un niño enchufa, manguera en mano, a todo aquel que pasa por su lado. Juraría que todos los años es el mismo. KM 32. RESPETO EN EL BRONX: La 1ª Avenida cruza vertical todo Manhattan, hasta el Bronx. ¡Qué respeto! Sólo el día del Maratón se puede entrar sin temor. Durante 1 milla estaré corriendo por tan peligroso distrito sin más peligro que la pájara. Días atrás me dijeron que el recelo forma parte de las leyenda urbanas, pero, por si acaso, insisten en que me conforme con las postales del barrio. A pesar del cansancio, en el Bronx intento correr un poco más rápido. Hay quien me alienta con un "Go, go, let's go". Los conductores nos respetan, habrán reconocido que hoy las zapatillas se imponen a las ruedas. Sin coches se vive mejor. También en Nueva York. KM 33. LLEGA "EL MURO": Los km se duplican, las piernas se hinchan. Siento como si moviera 2 vigas de hierro. El cansancio se refleja en la cara de los deportistas. Sentimientos desiguales: estados de euforia suceden a otros angustiosos y depresivos. Mi cuerpo solicita una tregua que no llegará hasta el bucólico Central Park. El trote nos lleva a un suicidio colectivo y deportivo. Tengo hambre, sed, a veces me río. Otras suspiro. Incluso tengo ganas de llorar. Los que han corrido esta prueba sabrán por qué a estos km los llaman el muro. Los noeyorquinos siguen alentando. Gracias, again. KM 34. LA 5ª AVENIDA: A la salida del Bronx se asoma la 5ª Avenida, el mito de 6 carriles. Antes de llegar a los comercios nobles, esos edificios donde los turistas van de compras y se dejan parte de  su sueldo, tenemos que pasar junto al MOMA (Mueso de Arte Moderno). Después de más de 2 horas correindo y sufriendo, creo estar tan lúcido como para recuperar las ganas de entrar en el museo mañana para ver la última exposición. Estoy cerca. Sólo me restan 7 km rompepiernas para superar la línea de meta en Central Park. KM 42,195. CENTRAL PARK: El parque rebosa de hermosura en otoño. Niños patinando, aves, ardillas asustadizas que corretean de árbol en árbol tratando de escabullirse de los chicos más traviesos. Muchedumbre andando, correindo y en bicicleta pasea alrededor del lago donde un día Dustin Hoffman intrepretó la película Marathon Man. Son metros de éxtasis, de gloria. Manos al cielo, miara perdida, sonrisa en la cara. Gestos de felicidad que cotrarrestan sollozos repletos de diferentes emociones. Uan medalla al cuello, uan enhorabuena, un "congratulations" o un "Good race" anuncia que felizmente el maratón ha terminado. KM "43"...MI NUEVA YORK: Pero aquí no acaba la experiencia neoyorquina: con unas agujetas monumentales, la medalla sobre los hombres y la satisfacción de haber finalizado el suplicio, nos queda otro maratón, el de disfrutar de la capital del mundo. Algunos dudamos entre volver al MOMA sin correr, sobrevolar en helicóptero los aledaños de la Estatua de la Libertad o tomar el Metro hasta el solar en el que un día se levantaron las Torres Gemelas. ¡Qué tristeza! Desde allí, a 5 minutos, está el edificio de la Bolsa en Wall Street, lugar donde se mueve el dinero del mundo. Para reponer fuerzas suelo comerme una señora hamburguesa en Bonnije's Grill (278 de la 5ª) o un sándwich Woody Allen en uno de los Carnegie Deli. Para otros, los que no pueden ni con su cuerpo, la elección es bien sencilla: presenciar cualquiera de los clásicos teatrales en Broadway. Los más atrevidos porfían y se retan en subir andando el Empire State, patinar en Rockefeller Center y presenciar un partido de los New York Knicks. Para recuperar cambiarán los geles de glucosa y las sales minerales por un cubo de palomitas y un refresco de tamaño XXL. ¡Un planazo! En Nueva York, embaucadora y envolvente, todo es a lo grande. Incluso la paliza. Pero el sueño de muchos es también mi sueño.  

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