Más de un 60% de nuestro organismo es agua... ¡Abre el grifo! Vamos a hablar de la importancia de mantener los niveles adecuados de hidratación para preservar nuestra salud y mejorar nuestro rendimiento. Y más durante estos meses en los que llegan las altas temperaturas, y se elevan los riesgos de deshidratación.
La regla de oro en la hidratación es “bebe cuando no tengas sed”. Esperar a tener sed para hidratarnos es un gran error. Que consigamos elevar nuestro rendimiento en una prueba o terminar un ejercicio con una fatiga menor, puede depender de si nos hemos hidratado antes de hacer el ejercicio y no hemos esperado a tener sed.
La sudoración es un mecanismo de ajuste que presenta nuestro organismo para contrarrestar las alteraciones producidas por el calor. Consiste en la expulsión de agua y sales del interior del organismo hacia el exterior, para que su evaporación sobre la piel la enfríe, con la consiguiente bajada de la temperatura corporal. Este proceso produce unas variaciones en las concentraciones de sales y el organismo intenta equilibrar estas variaciones a través de procesos osmóticos: pasando agua de una región de baja concentración de sales a otra con mayor concentración.
Normalmente el organismo le “roba” agua al plasma sanguíneo, produciéndose una sangre mas concentrada, lo cual explica el aumento de la frecuencia cardiaca. Para reponer este agua en la sangre, el organismo absorbe agua del liquido intersticial, que a su vez se obtiene de las células, provocándose como resultado final una “deshidratación celular”. Cuando el organismo, a través de sus osmoreceptores detecta estas variaciones de volemia (volumen sanguíneo), aparece la sensación de sed y se disparan las hormonas reguladoras, produciéndose como resultado final la reabsorción de agua y sodio en el riñón.
Durante el ejercicio, por cada 500 g de perdida de peso hay 450 ml de deshidratación por pérdida de agua. En situaciones de ejercicio acompañado de calor, se puede eliminar entre 1 y 2 litros de agua cada hora. Todo esto indica que cuando aparece la sensación de sed ya se ha producido una deshidratación celular, y aunque realicemos una ingesta de agua, ya suele ser inferior a la requerida para restaurar el balance hídrico.
Contrariamente a lo que se pudiera pensar, una cerveza fresquita
después del entrenamiento, además de refrescarnos, puede ser una
bebida muy recomendable para rehidratarnos.
Este compuesto de agua, cebada, lúpulo, levadura y malta, entre sus
principales propiedades destaca que contiene vitaminas B1, B2 y B6,
así como carbohidratos de asimilación lenta como el almidón.
Destaca la presencia de ácido fólico muy recomendado durante el embarazo, previene los riesgos de enfermedades cardiovasculares, previene la anemia, estimula el apetito, evita el estreñimiento y ayudan en los procesos de calcificación. El lúpulo, uno de los ingredientes fundamentales de la cerveza, retrasa el envejecimiento e influye positivamente en los parámetros sanguíneos del metabolismo oxidativo.
Si se toma cerveza normal, aunque la graduación de alcohol es relativamente pequeña, puede producir deshidratación. Sin embargo, tenemos la opción de la cerveza sin alcohol, ideal para deportistas, conductores, situaciones de dieta, mujeres embarazadas o que están en la etapa de lactancia.