El mejor arma de un corredor es su fuerza. Una fuerza que se puede conseguir con rodajes largos o con entrenamientos sobre hierba. Pero, ¿por qué correr sobre hierba cuando la pista o el asfalto te dan una pisada estable?
Cuando entrenas sobre pista o camino firme, la superficie dura junto con la pisada estable hace que salgas con más velocidad en cada zancada, el resultado: tiempos rápidos. Mucha de la energía que emites al correr en hierba va directamente al suelo, en vez de volver a tus pies y parte baja de la pierna.
Lo mismo que si hicieras botar una pelota de baloncesto en hierba (tendrías que botar con mucha más fuerza para conseguir el mismo resultado), cuando corres sobre esta superficie tienes que trabajar más duro el sistema cardiovascular que si lo haces en pista. Si, esto significa que harás peores resultados en hierba que en tartán. Pero también significa que conseguirás más fuerza.
MEJOR ESTABILIDAD
Como la superficie de la hierba
es más inestable que la de una pista,
trabajarás los músculos estabilizadores
más que cuando entrenas en superficie
sintética.
MENOS LESIONES
La blandura de la hierba significa
menos desgaste para tus articulaciones,
con lo cual reduce lesiones o
dolores de espinillas.
MAS LIBERTAD
Mudándote de la pista a la
hierba puedes deshacerte de la presión
que puedas sentir al tener que
marcar un determinado ritmo en una
distancia especifica. Las sesiones en
terrenos naturales deben regirse por
los minutos, no por los kilómetros.
Esto otorga una extraordinaria sensación
de libertad, sobre todo los días
en que sabes que te costará llegar a tus
metas. Simplemente mueve tus entrenamientos
a la hierba y evita venirte
abajo. Puedes
probar en cualquier campo o parque
con hierba. Primero subiendo el
tiempo: 2x3 minutos de esfuerzo
duro, 1x4 minutos, 1x5 minutos, 1x6
minutos. Luego volviendo hacia
abajo: 1x5 minutos, 1x4 minutos, 2x3
minutos.
Al final añade un par de carreras
de 60 segundos en terreno llano. No te tomes más de 3
minutos de recuperación entre los esfuerzos duros.