¿Te apuntarías a una carrera de nueve meses? A primera vista, no ¿Y si te dijeran que te vas a hacer más fuerte, más vital, más feliz? Hay un momento en la vida de cada mujer en que experimenta cambios en la mente, el cuerpo, la forma de correr que no tienen porque retrasar su entrenamiento.
Lo has adivinado, vamos a hablar de la corredora embarazada, esa especie en peligro de extinción a la que hay que tratar de recuperar. Con el embarazo, nunca volverás a ser la misma, afortunadamente, porque una nueva vida también supone una nueva forma de entender la carrera, disfrútala.
Confesando mis pecados
Es difícil encontrar a mujeres que te cuenten que han corrido embarazadas, la mayoría suponen que no se debe hacer y corren a escondidas de su toco-ginecólogo. Sin embargo, en otros países, es algo normal y saludable y a mi me hubiera gustado que alguna mujer me hubiera contado su experiencia, por eso en Runner´s World me han animado a “contar mi embarazo” para que otras mujeres corredoras se animen y la menguada tasa de natalidad española aumente con nuevas generaciones de corredores.
Durante el embarazo pude correr hasta el quinto mes, por supuesto a un ritmo más lento y sin esfuerzos. Al principio era un poco desesperante ir siempre, la última hasta que la propia “barriga” te impone una barrera física natural y te hace cambiar el “chip”, te acostumbras a tu nueva situación física. Algunas personas me preguntaban porqué seguía corriendo, ellas no lo hacían, evidentemente. Para vosotros/as que si lo hacéis, podéis entenderlo perfectamente, porque correr me hace sentirme bien. No soy buena y nunca lo seré, pero cuando corro me siento mejor, olvido los problemas y algo se centra en mi mente: la parte buena de la vida. Creo que tu ya sabes lo que quiero decir.
Los cambios en el embarazo son interminables de describir: los kilos se acumulan en todo el cuerpo, las piernas se hinchan, los pechos se hacen notar, a veces los mareos y las náuseas te hacen sentirte mal. Es normal, a pesar de la felicidad que te embarga por la nueva vida que llevas dentro. Cuando me ponía mis zapatillas para correr (un número mayor) me sentía ligera como una pluma y todas las molestias desaparecían, por lo que sabía que estaba haciendo bien a mi bebé.
Correr me ayudo a mantener el peso y a evitar la retención de líquidos, estaba tranquila porque la responsabilidad me hacía bajar el ritmo cuando no podía respirar. Una gran ayuda fue correr con mi pareja (que también tuvo que acostumbrarse a correr más despacio) el mejor aliciente, conversábamos y me obligaba a parar cuando no podía seguir el ritmo, era mi mejor pulsómetro para mantenerme en la zona. Aunque las profesionales suelen correr hasta el séptimo mes, e incluso ganan carreras embarazadas, yo paré al quinto; pienso que el resto de las mujeres no profesionales, debemos adaptar nuestra carrera a nuestras sensaciones.
Mi consejo es que sigas tus instintos, una mujer feliz lleva un buen embarazo. Para mi se volvió incómodo correr fajada de barriga y pecho y sentía demasiado movimiento dentro de mi barriga. Me pasé a andar, a ritmo rápido y durante una hora y media, confieso que me costaba mucho no empezar a correr en los llanos pero aprovechaba los días buenos para ir al campo y a la montaña y recorrer todos esos caminos que siempre quise hacer en compañía de amigos/as que no corrían.
Lo que nadie te cuenta y para mí fue lo peor fue el post-parto. Cuando estaba haciendo mi bolsa para el hospital, entre los pañales y las toallitas incluí mis zapatillas preferidas. Era una ingenua, creía que iba a salir corriendo de la maternidad y fue decepcionante cuando la realidad me hizo esperar la cuarentena para correr. Los puntos de la episiotomía, la lactancia y las noches sin dormir me hicieron comprender que ser madre es un deporte muy duro, mucho peor que una maratón, y lo digo por experiencia. Cuando por fin pude calzarme mis zapatillas, correr fue una liberación, acostumbrada a nueve meses de peso extra, después del parto te sientes más ligera, aunque todavía te falta mucho para volver a ser la misma.
El grupo de amigos con el que corro todavía recuerda mis carreras de lactancia, siempre con el tiempo contado para llegar a la hora de mi pequeño, con dos sujetadores para poder mantener la “central lechera” en su sitio y siempre empapada por las hormonas. Es curioso, aunque algunos estudios indican que el ejercicio puede afectar al sabor de la leche por el ácido láctico que se acumula, a mi hijo le encantaba, seguro que notaba las endorfinas que liberaba mi cerebro durante la carrera.
Me gustaría animar a las madres a correr durante la lactancia, yo estuve nueve meses dando el pecho y no tuve problemas, más allá de llevar una muy buena protección para sujetar el pecho. El mejor aliciente es que correr es la mejor manera de recuperar la forma después del parto, incluso durante la lactancia, en la que no debes seguir una dieta hipocalórica. El ejercicio físico es una forma natural y sana de perder el peso y volver a tu talla normal sin sacrificios.