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La carrera perfecta

Con pequeños pasos se construye el futuro
La carrera perfecta
La carrera perfecta
01/09/2017 - Aurora Pérez | Foto: iStok

Pasan los minutos, las horas, los días, los años de vida; sumamos kilómetros, apuramos distancias, conseguimos retos, consumimos tiempos; recorremos sendas, encontramos obstáculos, superamos baches, culminamos afanes, mientras nuestras piernas siguen buscando la zancada correcta y la carrera perfecta.

Porque es la vida del corredor una búsqueda constante, y quizá su mayor logro sea no encontrar nunca la perfección para así no acomodarse, para no llegar a su final como corredor, a la extinción de sus pasos, al término de sus sueños.

Por eso, perdido en las trincheras a la ofensiva vuelve, en retaguardia a veces y en la batalla siempre, hallando la paz tras la guerra y el calor del sol tras la tormenta. Pues correr es cada trecho hecho de pequeños pasos, es el hallazgo del camino que nos brinda la oportunidad de volver a comenzar. Es el principio por explorar, el principio de un final que afortunadamente nunca llega.

Pasan los minutos, las horas, los días, los años de vida; sumamos kilómetros, apuramos distancias, conseguimos retos, consumimos tiempos; recorremos sendas, encontramos obstáculos, superamos baches, culminamos afanes, mientras nuestras piernas siguen buscando la zancada correcta y la carrera perfecta.

Porque es la vida del corredor una búsqueda constante, y quizá su mayor logro sea no encontrar nunca la perfección para así no acomodarse, para no llegar a su final como corredor, a la extinción de sus pasos, al término de sus sueños.

Por eso, perdido en las trincheras a la ofensiva vuelve, en retaguardia a veces y en la batalla siempre, hallando la paz tras la guerra y el calor del sol tras la tormenta. Pues correr es cada trecho hecho de pequeños pasos, es el hallazgo del camino que nos brinda la oportunidad de volver a comenzar. Es el principio por explorar, el principio de un final que afortunadamente nunca llega.


Y así nos dañamos, nos paramos, nos reinventamos y continuamos, continuamos para seguir escribiendo y llenando nuestro currículo de zancadas inacabables e inagotables. Porque de correr no se acaba nunca, nunca se llenan las hojas en blanco, aunque rompamos la cinta en la meta, aunque nos deje exhaustos el camino, aunque por momentos no sepamos si vamos o si ya volvimos, si partimos hace tiempo o es reciente nuestro inicio.

Completamos rutas inmersos en nuestros sueños, escapamos de temores que nos rondan si estamos quietos. Admitimos por compañía el silencio, aunque aceptamos el trémulo ruido del viento, acogemos también las risas de los amigos si conjuntan con nuestras zancadas para llegar a un igual destino. Nuestro mayor talento es la paciencia, nuestra tarjeta de identidad el esfuerzo nuestro sustento la voluntad. No nos inmuta el calor ni el frío, a los dos tratamos por igual cambiando solo el atuendo para adaptarnos al sol, a la lluvia o al deshielo.


No hay límite ni conformismo en la busca, podremos decir que lo dimos todo pero es rara la ocasión en que no queda algo por mejorar para intentar alcanzar la excelencia mientras reclamamos que no pase el tiempo que nos quiere parar, o lo retamos con la pasión que llevamos a fuego impresa en cada parte de nuestro ser y a la que delata el ardor que vive en cada uno de nuestros músculos.

Sabemos que constantemente habrá piedras que sortear y muros para saltar, pero partiremos con el espíritu llena de dudas y volveremos con el alma plena de emociones; comenzará el pulso vacilante y regresará el corazón lleno de vida, portarán las manos la nada para colmarse de todo en el camino. Se abrirá la puerta del destino para llegar con nuestras zancadas al futuro y en ese porvenir hallaremos todo aquello por lo que luchamos, todo por lo que vivimos, todo lo que durante los minutos, las horas, los días, los años de vida hemos ido soñando y creando, también lo que ocasionalmente por una avidez desmedida hemos de alguna manera destruido.

Seguiremos buscando sin hallar la carrera perfecta, la zancada infinita, mientras tratamos de aparcar el tiempo y contener la ira que nos lastima, mientras inventamos la vida y mientras apagamos los miedos. Porque siempre vamos a reclamar el estatus de locos que nos define, y a reivindicar el sambenito de locura que nos asignan, ya que no es en forma alguna una infamia, sino una gentileza y una alabanza.


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