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Dolor muscular "en pedrada"

Evita la fatiga, calambres, sobrecargas...
Dolor muscular "en pedrada"
Dolor muscular "en pedrada"
01/03/2017 - Hernán Silván

Manolo había salido temprano a trotar como casi todos los días. Pero era pleno invierno, y con poca luz y mucho frío se disponía a correr durante una hora. A los cinco minutos ya sabía que aquel no sería el día que batiera de nuevo el récord del circuito que tenía tan escrupulosamente medido en pleno parque de su barrio. Había notado el día anterior cierto cansancio muscular y ahora sentía las piernas algo pesadas. Sin embargo forzó el paso en un claro intento de reafirmarse como atleta.

No duró mucho su alegría, pues repentina como un relámpago sintió una fuerte punzada en la parte interior de la pierna, en pleno gemelo cuya brutalidad le hizo parar en seco y cojear ostensiblemente sin ceder de ningún modo el dolor. Horas más tarde, ya en consulta, lo explicaba “como si alguien me hubiera tirado una piedra o me hubiesen pinchado con una aguja fina que me paralizó pues si me movía dolía a lo bestia”.

El dolor muscular “en pedrada” es agudo, violento y aparece durante el propio ejercicio, por forzar o no haber calentado adecuadamente. En su génesis se atribuye un papel importante a las situaciones de fatiga muscular submáxima por la isquemia (esto es, falta de riego) a que se lleva al músculo en competiciones o entrenamientos anteriores, con la consiguiente acumulación de sustancias de desecho (tóxicos), que aquí son bastante más ostensibles que en el músculo con dolor retardado.

Comencemos por la fatiga muscular. Es aquel estado en el que el cúmulo de metabolitos, y de forma especial las catecolaminas, conduce irremisiblemente a la isquemia, pues aún no se ha dado una suficiente recuperación de la fibra muscular. En estas circunstancias no es posible asimilar una carga mayor y por tanto la respuesta va a ser imprevisible, aunque será más cercana a la lesión que al esfuerzo físico efectivo. Es recomendable dosificar las sesiones de calidad y las competiciones, sobre todo en presencia de fatiga.

Manolo había salido temprano a trotar como casi todos los días. Pero era pleno invierno, y con poca luz y mucho frío se disponía a correr durante una hora. A los cinco minutos ya sabía que aquel no sería el día que batiera de nuevo el récord del circuito que tenía tan escrupulosamente medido en pleno parque de su barrio. Había notado el día anterior cierto cansancio muscular y ahora sentía las piernas algo pesadas. Sin embargo forzó el paso en un claro intento de reafirmarse como atleta.

No duró mucho su alegría, pues repentina como un relámpago sintió una fuerte punzada en la parte interior de la pierna, en pleno gemelo cuya brutalidad le hizo parar en seco y cojear ostensiblemente sin ceder de ningún modo el dolor. Horas más tarde, ya en consulta, lo explicaba “como si alguien me hubiera tirado una piedra o me hubiesen pinchado con una aguja fina que me paralizó pues si me movía dolía a lo bestia”.

El dolor muscular “en pedrada” es agudo, violento y aparece durante el propio ejercicio, por forzar o no haber calentado adecuadamente. En su génesis se atribuye un papel importante a las situaciones de fatiga muscular submáxima por la isquemia (esto es, falta de riego) a que se lleva al músculo en competiciones o entrenamientos anteriores, con la consiguiente acumulación de sustancias de desecho (tóxicos), que aquí son bastante más ostensibles que en el músculo con dolor retardado.

Comencemos por la fatiga muscular. Es aquel estado en el que el cúmulo de metabolitos, y de forma especial las catecolaminas, conduce irremisiblemente a la isquemia, pues aún no se ha dado una suficiente recuperación de la fibra muscular. En estas circunstancias no es posible asimilar una carga mayor y por tanto la respuesta va a ser imprevisible, aunque será más cercana a la lesión que al esfuerzo físico efectivo. Es recomendable dosificar las sesiones de calidad y las competiciones, sobre todo en presencia de fatiga.


Unos buenos fundamentos técnicos mantienen alejado al atleta de estas lesiones. Este pensamiento, tan claro en la mente de casi todos los técnicos y atletas, se olvida con cierta frecuencia. Una mala técnica, por el contrario, lleva a la descoordinación, y ésta a su vez, a contracciones musculares asincrónicas o mal situadas en el tiempo, que supone una de las dos primeras causas endógenas de lesión muscular.

A saber:

1. El desequilibrio entre músculos agonistas y antagonistas, que altera el balance extensión-flexión a favor de esta última, porque favorece las contracturas en los músculos implicados en dicho mecanismo.

2. El desequilibrio provocado al dar primacía a los ejercicios de potenciación sobre los de estiramiento, que acarrea una gran hipertrofia y acortamiento muscular, consecuencia inmediata de olvidar el stretching (estiramientos).

Hemos de considerar, igualmente, que las temperaturas ambientales extremas son también un importante factor predisponente al malestar muscular. Cuando la temperatura del músculo es ligeramente superior a la normal del cuerpo se favorece la circulación sanguínea, se disminuye la viscosidad del tejido muscular conjuntivo, y se aceleran las reacciones físicas del proceso de contracción.

Por el contrario, una temperatura excesiva contribuye a la destrucción de proteínas y a la pérdida de agua, con desajuste de proteínas y circulatorio. Si la temperatura baja mucho, aumenta la viscosidad del músculo y el tejido conjuntivo, y con ello la sensibilidad, con menor fuerza y más pereza en la función muscular.


DOLOR MUSCULAR RETARDADO

El dolor muscular por fatiga acumulada se refiere a aquel dolor o molestia que aparece entre las 12 y las 48 horas después del ejercicio, siendo más bien difuso y muestra cierta hipersensibilidad a la palpación y una pequeña disminución en la amplitud de los movimientos en que estén implicados los grupos de músculos que más hicimos trabajar.

Suele ir acompañado de las clásicas agujetas y de rigidez muscular, y desaparece paulatinamente. La explicación que se le da es la siguiente: las alteraciones mecánicas del músculo y del tejido conjuntivo asociado (hinchazón) actúan de estímulos sobre las terminaciones nerviosas.

El dolor y la impotencia funcional, a veces total se relaciona con un fallo en la extracción del calcio en la fibra muscular que impediría al músculo relajarse, por lo que quedaría agarrotado. Es conveniente descartar otros posibles orígenes del dolor no musculares: afecciones neurológicas, endocrinas, vasculares o infecciones.

Ante hormigueos o acorchamiento muscular sin causa justificada, como pueden ser los entrenamientos muy exigentes o fuertes cargas, hay que pensar en otros motivos de origen vascular (alteraciones cardio-circulatorias) o neurológicas (lumbociática, compresión o atrapamiento de cualquier rama nerviosa).


¿CUÁNTO SE HA ROTO?

Las cargas y lesiones musculares se dividen en varios apartados según presenten o no un verdadero traumatismo. A su vez, en cada apartado destacan formas o grados más importantes de molestia. Antes de pasar a analizarlas, es conveniente advertir que las formas intermedias que se pueden dar en estos estándares son infinitas. Así cuando hay una lesión benigna con afectación de partes blandas pero sin rotura hablamos de calambres, agujetas, edema muscular por contractura, elongación o sobrecarga. Y cuando hay rotura desde microrrotura o tirón hasta rotura o desinserción total.

En el tirón muscular o microrrotura fibrilar hay siempre un punto preciso netamente doloroso y localizado, y a veces un pequeño nódulo, acompañado de cierto grado de hematoma, que suele emigrar a zonas de inserción. El dolor es continuo en reposo y aumenta con la actividad. La palpación nodular despierta en el paciente “sentimientos poco nobles” hacia el explorador. El tirón es, en definitiva, un grado intermedio de desgarro muscular, pero de pronóstico francamente optimista y evolución hacia total curación. También se denomina ahora “lesión muscular de grado uno”.

En el desgarro muscular el dolor brutal impone un paro inmediato de la actividad que incluso obliga a inmovilizar el segmento del miembro afectado. Se muestra voluminoso a la inspección y especialmente doloroso a la palpación, que evidencia un hematoma fluctuante con evolución a empastado y, pasados días, a nódulo duro. Un estadio más grave y de auténtica excepción lo constituiría la “rotura muscular total”, con retracción de los cabos musculares. Es, por fortuna, bastante rara en deportes sin contacto como lo es la carrera a pie. A la rotura de fibras parcial se le llama ahora “lesión muscular de grado dos” y a la total, “lesión muscular de grado tres”.


ESQUEMA BÁSICO DE RECUPERACIÓN

El esquema básico que dirigirá toda la recuperación de una lesión muscular podría ser el que sigue. En las primeras 48 horas el reposo del músculo es crucial, sea en forma de “descanso activo” para las sobrecargas como las agujetas y ciertas contracturas (entrenamiento más corto y suave que el habitual) o en forma de reposo total (que puede sustituirse por trabajo en piscina, estiramientos o gimnasia muy suave) en el caso de las distensiones más fuertes e incluso tirones o prerroturas fibrilares.

En las lesiones de grado uno la recuperación suele ser total en dos semanas, y en las de grado dos de entre tres y seis semanas, según la extensión de la rotura parcial. En las lesiones musculares de tipo tres o roturas o desinserciones musculares completas se necesitarían entre seis y doce semanas, aproximadamente.

Si el tamaño del desgarro es grande el masaje está contraindicado. En los 2 ó 3 primeros días, frío y compresión con reposo, que puede llegar a 1 ó 2 semanas. Si estas roturas totales o casi totales son lo suficientemente graves y extensas habría que recurrir a la cirugía.


TRATAMIENTO BIOLÓGICO

El principal medicamento homeopático para relajar el músculo contracturado es Spascupreel (lab. Heel). Para la fatiga muscular cotidiana, para la prevención de agujetas y para evitar la sobrecarga muscular cuando nos enfrentamos a entrenamientos duros o competiciones es muy útil tomar, antes y después de correr, Sportenine (lab. Boiron).

Para tratar y evitar los calambres es muy aconsejado un magnesio de presentación homeopática, llamado Bio-Mag (lab. Lehning). Y para aliviar y acortar la duración del dolor e inflamación en contusiones musculares, así como la mejora vascular, utilizamos Traumeel en crema (lab. Heel). Podemos añadir su presentación en comprimidos o gotas en los días siguientes. En el caso de roturas fibrilares, también es Traumeel (lab. Heel) el tratamiento de elección.


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