El síndrome de la cintilla iliotibial

Cuando corres demasiado, o sobre terrenos muy duros, la cintilla iliotibial puede inflamarse dando lugar a uno de los dolores más molestos para corredores. Descubre en qué consiste y cómo prevenirlo.
El síndrome de la cintilla iliotibial
El síndrome de la cintilla iliotibial
Hernán Silván
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La estabilidad del muslo y la cadera al correr está garantizada por la fuerte “fascia lata", que llega hasta la cara externa de la rodilla y que cuando se inflama incapacita al atleta para la carrera rápida. Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que tira de la rodilla con una fuerza extraordinaria, enderezándola en la extensión de la pierna, por lo que su función en el desarrollo de la zancada al correr es muy importante.

Se puede ver esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos, por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o, sencillamente, por aumentar la intensidad de los entrenamientos, hace que haya fricción entre la “cintilla” y los tejidos adyacentes, lo que origina inflamación y un dolor que invalida al que lo sufre para la carrera.

CÓMO RECONOCERLO

Si el dolor está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rotula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse, lo que falsea el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo.

Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio. La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por la fricción con la parte prominente del borde del fémur.

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