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El síndrome de la cintilla iliotibial

Cuando corres demasiado, o sobre terrenos muy duros, la cintilla iliotibial puede inflamarse dando lugar a uno de los dolores más molestos para corredores.
El síndrome de la cintilla iliotibial
El síndrome de la cintilla iliotibial
12/11/2012 - Hernán Silván


Artículo por cortesía de 

La estabilidad del muslo y la cadera al correr está garantizada por la fuerte “fascia lata", que llega hasta la cara externa de la rodilla y que cuando se inflama incapacita al atleta para la carrera rápida. Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que tira de la rodilla con una fuerza extraordinaria, enderezándola en la extensión de la pierna, por lo que su función en el desarrollo de la zancada al correr es muy importante.

Se puede ver esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos, por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o, sencillamente, por aumentar la intensidad de los entrenamientos, hace que haya fricción entre la “cintilla” y los tejidos adyacentes, lo que origina inflamación y un dolor que invalida al que lo sufre para la carrera.

El consejo de  

El running es un deporte de sensaciones, tú mismo serás capaz de reconocer en cada momento si te encuentras en condiciones óptimas para salir a disfrutar de este maravilloso deporte. No obstante, es recomendable acudir a un especialista en la materia que te regalará las pautas necesarias para controlar, en perfectas condiciones de salud, tus salidas al asfalto, la montaña o la pista. Si sufres el síndrome de la cintilla iliotibial es más que probable que necesites tomarte un descanso en tus salidas a correr, pero no en tus entrenamientos. Es vital que trabajes la potenciación muscular de tu pierna durante este parón, realizando ejercicios de preparación física que te permitan regresar a tus entrenamientos habituales en perfectas condiciones.

Durante este periodo, puedes añadir una protección extra, si sientes un dolor agudo en la cara externa de tu rodilla, utilizando una rodillera en los momentos de mayor dolor y durante la realización de los ejercicios de potenciación muscular. También es conveniente que la emplees, a modo de compresión, cuando apliques una terapia de frío post ejercicio, siempre con la zona afectada en elevación para favorecer la irrigación sanguínea.

A medida que vaya desapareciendo el dolor, puedes empezar a probar tus sensaciones con pequeños y suaves trotes, en un primer momento con la rodillera puesta a modo de prevención. Si el dolor no hace acto de presencia, puedes comenzar a incrementar la duración e intensidad, siempre comenzando por terrenos que absorban ligeramente los impactos como la tierra, la hierba o el tartán. Una vez hayas conseguido realizar un entrenamiento sin dolor, puedes comenzar a retirar la rodillera progresivamente, alternando periodos de carrera con y sin ella. Y recuerda, siempre, al terminar un entrenamiento, aplica una terapia de frío en la zona para relajar la musculatura, prevenir la reaparición de la lesión y reducir posibles inflamaciones. 

 

CÓMO RECONOCERLO

Si el dolor está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rotula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse, lo que falsea el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo.

Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio. La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por la fricción con la parte prominente del borde del fémur.

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