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El síndrome de la cintilla iliotibial

Cuando corres demasiado, o sobre terrenos muy duros, la cintilla iliotibial puede inflamarse dando lugar a uno de los dolores más molestos para corredores.
El síndrome de la cintilla iliotibial
El síndrome de la cintilla iliotibial
04/05/2016 - Hernán Silván

La estabilidad del muslo y la cadera al correr está garantizada por la fuerte “fascia lata", que llega hasta la cara externa de la rodilla y que cuando se inflama incapacita al atleta para la carrera rápida. Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que tira de la rodilla con una fuerza extraordinaria, enderezándola en la extensión de la pierna, por lo que su función en el desarrollo de la zancada al correr es muy importante.

Se puede ver esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

EL CONSEJO

El running es un deporte de sensaciones, tú mismo serás capaz de reconocer en cada momento si te encuentras en condiciones óptimas para salir a disfrutar de este maravilloso deporte. No obstante, es recomendable acudir a un especialista en la materia que te regalará las pautas necesarias para controlar, en perfectas condiciones de salud, tus salidas al asfalto, la montaña o la pista. Si sufres el síndrome de la cintilla iliotibial es más que probable que necesites tomarte un descanso en tus salidas a correr, pero no en tus entrenamientos. Es vital que trabajes la potenciación muscular de tu pierna durante este parón, realizando ejercicios de preparación física que te permitan regresar a tus entrenamientos habituales en perfectas condiciones.

Durante este periodo puedes ayudar a tu cuerpo, si sientes un dolor agudo en la cara externa de tu rodilla, utilizando gel o spray antiinflamatorio en los momentos de mayor dolor, así como el uso de una rodillera durante la realización de los ejercicios de potenciación muscular -no abuses de ella, o los músculos rotadores de tu rodilla y los ligamentos se acabarán atrofiando-.

A medida que vaya desapareciendo el dolor, puedes empezar a probar tus sensaciones con pequeños y suaves trotes. Si el dolor no hace acto de presencia, puedes comenzar a incrementar la duración e intensidad, siempre comenzando por terrenos que absorban ligeramente los impactos como la tierra, la hierba o el tartán. Si aparecen pequeñas molestias, utiliza de nuevo gel o spray antiinflamatorio, reduce ligeramente la intensidad y mide muy meticulosamente los tiempos. Y recuerda, siempre, al terminar un entrenamiento, aplica una terapia de frío en la zona para relajar la musculatura, prevenir la reaparición de la lesión y reducir posibles inflamaciones.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos, por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o, sencillamente, por aumentar la intensidad de los entrenamientos, hace que haya fricción entre la “cintilla” y los tejidos adyacentes, lo que origina inflamación y un dolor que invalida al que lo sufre para la carrera.

CÓMO RECONOCERLO

Si el dolor está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rotula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse, lo que falsea el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo.

Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio. La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por la fricción con la parte prominente del borde del fémur.

La estabilidad del muslo y la cadera al correr está garantizada por la fuerte “fascia lata", que llega hasta la cara externa de la rodilla y que cuando se inflama incapacita al atleta para la carrera rápida. Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que tira de la rodilla con una fuerza extraordinaria, enderezándola en la extensión de la pierna, por lo que su función en el desarrollo de la zancada al correr es muy importante.

Se puede ver esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

EL CONSEJO

El running es un deporte de sensaciones, tú mismo serás capaz de reconocer en cada momento si te encuentras en condiciones óptimas para salir a disfrutar de este maravilloso deporte. No obstante, es recomendable acudir a un especialista en la materia que te regalará las pautas necesarias para controlar, en perfectas condiciones de salud, tus salidas al asfalto, la montaña o la pista. Si sufres el síndrome de la cintilla iliotibial es más que probable que necesites tomarte un descanso en tus salidas a correr, pero no en tus entrenamientos. Es vital que trabajes la potenciación muscular de tu pierna durante este parón, realizando ejercicios de preparación física que te permitan regresar a tus entrenamientos habituales en perfectas condiciones.

Durante este periodo puedes ayudar a tu cuerpo, si sientes un dolor agudo en la cara externa de tu rodilla, utilizando gel o spray antiinflamatorio en los momentos de mayor dolor, así como el uso de una rodillera durante la realización de los ejercicios de potenciación muscular -no abuses de ella, o los músculos rotadores de tu rodilla y los ligamentos se acabarán atrofiando-.

A medida que vaya desapareciendo el dolor, puedes empezar a probar tus sensaciones con pequeños y suaves trotes. Si el dolor no hace acto de presencia, puedes comenzar a incrementar la duración e intensidad, siempre comenzando por terrenos que absorban ligeramente los impactos como la tierra, la hierba o el tartán. Si aparecen pequeñas molestias, utiliza de nuevo gel o spray antiinflamatorio, reduce ligeramente la intensidad y mide muy meticulosamente los tiempos. Y recuerda, siempre, al terminar un entrenamiento, aplica una terapia de frío en la zona para relajar la musculatura, prevenir la reaparición de la lesión y reducir posibles inflamaciones.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos, por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o, sencillamente, por aumentar la intensidad de los entrenamientos, hace que haya fricción entre la “cintilla” y los tejidos adyacentes, lo que origina inflamación y un dolor que invalida al que lo sufre para la carrera.

CÓMO RECONOCERLO

Si el dolor está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rotula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse, lo que falsea el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo.

Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio. La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por la fricción con la parte prominente del borde del fémur.


REMEDIOS MÉDICO-DEPORTIVOS

Hay una amplia gama electroterápica para tratar este tipo de afecciones. Desde los clásicos ultrasonidos, hasta el láser o la más novedosa electromagnetoterapia por radiofrecuencia son de gran eficacia para ayudar o auxiliar a la resolución del cuadro, aunque por sí mismos no son determinantes.

Son más importantes las maniobras desfibrosantes como el masaje transverso y profundo tipo Cyriax o las más novedosas técnicas de puntos gatillo desfibrosados según Typaldos, con las que conseguimos romper las posibles adherencias que hayan creado las repetidas inflamaciones del tracto iliotibial. Y, muy especialmente recomendada, la técnica de Moneyron, haciendo vibrar el tendón para desadherir y calmar el dolor.

Los ejercicios de flexión y extensión potenciadores de pierna, con extensión o moderada flexión serán la norma en cuanto la lesión lo permita. Intentaremos que no duela al hacer los ejercicios, aunque se deben iniciar precozmente. Puedes utilizar en primer lugar un gel o spray antiinflamatorio. De usar algún tipo de inyección utilizaremos las más superficiales (intradérmicas o subcutáneas) no “infiltratorias” y con un producto lo más natural posible  huyendo de los corticoides. En última instancia, la formación de un importante quiste fibroso o de gran inflamación bajo el tracto iliotibial que no responda a las medidas anteriores hace necesario el desfibrosado quirúrgico.
 
TERAPIA MÉDICA

Pasa por revisar minuciosamente la biomecánica de carrera, desde el calzado hasta el desarrollo de la zancada. Se impone una buena exploración de las cadenas musculares y articulares del corredor, y se debe reconsiderar la técnica de carrera. Igualmente hay que realizar un buen estudio de la pisada con huella plantar dinámica y usar plantillas antipronación o para excesiva supinación si estuviesen indicadas.

Se revisará el terreno por el que corremos, en especial los lados inclinados de carreteras o caminos. Tenemos que evitar las cuestas durante un tiempo prudencial. Y, por último, se realizará la potenciación muscular antes descrita para que el eje cadera-muslo-pierna discurra convenientemente cuando corramos.


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