El esguince de rodilla

La rodilla es el centro básico de la pierna del corredor. Para hacerte un esguince de rodilla sólo necesitas sobresolicitar o traumar tus ligamentos con afectación de las estructuras óseas a las que se unen. Por Hernán Silván.
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Es decir, un esguince de rodilla está constituido por una distensión ligamentosa (ligamento medial o interno, ligamento externo o ligamentos cruzados anterior y posterior) más una distorsión ósea (del hueso del muslo o fémur, del hueso externo de la pierna o peroné, y/o del hueso interno de la pierna, que es la tibia).

El ligamento medial o interno de la rodilla es el más fuerte de todos los que protegen la parte exterior de la articulación, formando una banda ancha que puede estirarse hasta 10 o 12 cm a lo largo del borde interno, desde el fémur hasta la tibia. Se puede tocar en la parte interna del muslo cuando tenemos semiflexionada la rodilla, cubriendo toda la hendidura que en la parte interna se forma entre el fémur y la tibia. Es una parte especialmente sensible y dolorosa, a poco que hayamos tenido algún tipo de dislocación o distorsión cuando corríamos, especialmente notable al quedarnos fríos.

UNA RODILLA DE CHICLE

La rodilla no es simplemente una articulación en bisagra, para extender o flexionar, también puede girar libremente con un movimiento rotatorio cuando está doblada. Este movimiento rotatorio acompaña automáticamente a los movimientos de doblar y enderezar. Así, cuando estamos sentados, podemos girar los pies hacia afuera o hacia adentro sin levantar los talones del suelo. Al correr sobre superficie deslizante o barro, el pie puede resbalar, girando la pierna hacia fuera y forzando el lado interno de la rodilla. El ligamento puede sufrir una ligera distensión o una pequeña rotura en sus fibras y ello se considera una lesión leve o menor, pues dicho ligamento va a recuperarse simplemente con el reposo o con el descanso activo, manteniendo la rodilla convenientemente vendada.

Pero si la lesión ha sido más traumática notaremos un dolor repentino sobre el lado interno de la rodilla, a veces acompañado de un chasquido. Se puede sentir cierta tirantez que refleja el comienzo de la hinchazón. En el lado externo de la rodilla puede suceder que, por el sobreuso, el ligamento sufra repetidos tirones al recoger la pierna y extenderla rápidamente (entrenamiento explosivo y fraccionado). No obstante, el ligamento lateral externo es menos vulnerable a las lesiones por sobreuso que el ligamento medial o interno. Suele hacerse por torceduras violentas de la rodilla, hacia fuera si está doblada. Si el movimiento de la lesión ha sido importante, el cuerpo se defiende reaccionando con un movimiento contrario de compensación sobre la torcedura. Por esta razón, en los esguinces de rodilla pueden doler e inflamarse uno de los ligamentos pero estar afectados los dos, el interno y el externo. Cuando hay gran desplazamiento del fémur sobre la tibia o viceversa, puede quedar “encajada” hacia delante o hacia atrás aquella (tibia anteriorizada o tibia posteriorizada, según la terminología osteopática) y ello conforma la distorsión que junto a la distensión ligamentosa antes descrita construyen el esguince propiamente dicho.

Sobre la parte externa, también el peroné (su cabeza) puede desplazarse, bien por traumatismo directo en la rodilla o indirecto en el tobillo (maleolo peroneo). Por ello en el esguince de rodilla deberemos especificar qué ligamentos se han distendido y qué huesos (y en qué dirección) se han desplazado.

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