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Evita los calambres, agujetas y otros doleres

Consigue estar más sano que nunca con todos estos consejos.
Evita los calambres, agujetas y otros doleres
Evita los calambres, agujetas y otros doleres
07/11/2016 - Hernán Silván


Aunque llevaba quince años corriendo, gran parte de ellos entrenando y compitiendo, aquel día conocí por vez primera lo que significa la palabra “calambres” a lo largo y ancho de todo mi cuerpo. Empezaron por las piernas desde el kilómetro 34, pero a medida que me acercaba al final de la maratón fueron extendiéndose sin clemencia. Ahora busco el concepto en el diccionario de la RAE: “Contracción espasmódica, involuntaria, dolorosa y poco durable de ciertos músculos, particularmente de los de la pantorrilla”. Se deriva del francés crampe, el cual vendría del franco kramp, todo ello podría haber dado rampa en catalán, mallorquín o valenciano. 

Aciertan de pleno los académicos cuando dicen que empieza por los gemelos, pero recuerdo dolorosamente que aquel día en que corrí mi primera y única maratón, los abdominales me pinchaban a rabiar. No bebí más que agua en aquella prueba, pues ya había comprobado que mi aparato digestivo no toleraba muy bien los líquidos excesivamente mineralizados. Sería muy fácil ahora achacar aquellos continuos calambres a no tomar minerales con el agua, sobre todo si se desconocen las condiciones climáticas de aquel día en que partimos a -10 grados y no subimos a más de 23 con la humedad baja tan típica del tiempo anticiclónico madrileño. Inmejorable meteorología para correr larga distancia.

Sabiendo lo que ahora sé, no relaciono los calambres con ningún desequilibrio mineral, sino con la falta de entrenamiento específico (no pasé de 80km semanales y eran de mucha calidad, pues así preparaba las pruebas de 20k) y con una estrategia inadecuada: en mi primera maratón pasé la media en una hora y ocho minutos pensando que hacer la segunda parte dos minutos peor me llevaría a bajar sin problemas de dos horas veinte… ¡qué bonitas son las matemáticas! Hoy me acerco ya a los cuarenta años corriendo y no he vuelto a experimentar nunca aquella sensación calambrosa. Sigo hidratándome bien y sin utilizar ningún aporte mineral fuera de los que me proporciona mi alimentación. Y fue leyendo recientemente algunos artículos de expertos norteamericanos en Medicina Deportiva cuando me sentí identificado. En ellos se propone que los deportistas que sufren calambres con cierta frecuencia estiren más de lo normal y ajusten sus entrenamientos, pues es posible que no los estén asimilando bien. En esas circunstancias, tomar minerales no es la panacea. También concluyen que es difícil identificar el origen o la causa de los calambres y, en general, del dolor muscular, pues a veces no se diferencian bien las agujetas de los calambres o las contracturas.

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