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Evita las molestias en glúteos y muslo posterior del Síndrome del Piramidal

Sigue estos consejos para superar esta incómoda lesión.
Evita las molestias en glúteos y muslo posterior del Síndrome del Piramidal
Evita las molestias en glúteos y muslo posterior del Síndrome del Piramidal
07/10/2016 - Hernán Silván

Cuando las molestias de espalda no se localizan exactamente en la zona lumbar y se centran más en glúteos, alcanzando parte del muslo posterior, podremos pensar que nuestro corredor lesionado tiene un “síndrome del piramidal”.

Es una zona muy requerida en el gesto de la zancada amplia y también en los impactos que por irregularidades del terreno o por fuerte ritmo de entrenamiento sufre el corredor de fondo. Todas las tensiones del final de la columna se transmiten hacia las piernas a través de la pelvis y la cadera, y es aquí donde precisamente reina el músculo protagonista de nuestro artículo. En posición erecta o de pie este músculo rota la cadera hacia afuera y separa el muslo del centro del cuerpo, por lo que una excesiva tensión de la columna puede sobrecargar su base, el hueso sacro que es como “los cimientos” del raquis.

Si el hueso sacro no se acompasa convenientemente con el otro hueso de la pelvis, el ilíaco de cada lado, en cada zancada sucede que se bloquea la articulación sacroilíaca. Esta articulación de la que tanto se ha escrito y negado tiene un recorrido articular muy corto pero suficiente para producir un “encaje” o pinzamiento del hueso sacro; y ello tensa en exceso el músculo que nace de cada uno de sus laterales y se dirige a la cadera, que no es otro que el músculo piramidal.

EL CONSEJO

El síndrome del piramidal es una de las lesiones más molestas que existen en el mundo del running, y puede mantenerte en el dique seco más tiempo del que puedes pensar si no llevas a cabo el tratamiento adecuado. Para ello, deberás poner especial atención a los siguientes consejos, tan sencillos como sumar uno más uno pero tan efectivos como una calculadora. A partir de ahora, y hasta que tu lesión desaparezca por completo, tendrás el honor de disponer entre tus amigos de dos nuevos acompañantes. Se trata de 'frío' y 'calor', dos amigos de los que no quedan y que pueden convertirse en los mejores si te apoyas en ellos en los momentos adecuados. También podrás apoyarte en un tercer amigo, si las molestias no desaparecen, que se llama gel o spray antiinflamatorio.

Cuando el dolor haga acto de presencia, llama corriendo al amigo número uno, el frío, y apóyate en él durante al menos 10-15 minutos, y cítate con él cada dos horas, no tengas miedo de abusar, es un 'cacho de pan' y acudirá encantado al rescate. No deberás esperar a la aparición del dolor para aplicar una terapia de frío después de realizar cualquier tipo de actividad física, en cuyo caso deberás hacerlo inmediatamente después de dar por terminado el ejercicio. Y, si el dolor persiste, recuerda que tienes a mano al amigo número tres: gel o spray antiinflamatorio. 

El amigo dos, el calor, suele ser bastante celoso, por lo que puede ser útil dedicarle un pequeño tiempo entre cita y cita con el amigo número uno, el frío, y el amigo número tres, el gel antiinflamatorio. Una vez has aplicado el frío en la zona afectada, aplica calor en la zona, una forma fácil de aplicarlo es utilizar parches de calor. Esto es lo que se conoce como terapia de contrastes, muy utilizada para cualquier tipo de contractura, que te irá de perlas si sufres esta desagradable lesión.

Por tanto el “destrozo” biomecánico que puede producir un músculo de este tipo, aunque sea pequeño de tamaño y escondido en los atlas de anatomía, es digno de tener en cuenta. Pero hay algo más importante aún por considerar en el recuerdo anatómico y biomecánico de este músculo: por debajo y a veces a su través pasa el nervio ciático con un calibre cercano al centímetro (los nervios son como hilillos de finos, imaginemos cuánta información puede llevar este nervio ciático mayor).

“MAL DEL PIRAMIDAL”

El excesivo tono o “contractura” de este músculo puede rozar, presionar e incluso comprimir la salida del nervio ciático por el agujero obturador de la pelvis. Esto ocasiona una “falsa ciática”.

Lo que se nota es molestia en nalga y muslo posterior, que puede llegar a la zona de atrás de la rodilla, nunca pasando pierna abajo, lo que distingue este cuadro del de una verdadera lumbociática.

Las sensaciones de acorchamiento o ligero dolorimiento a lo largo del muslo nos deben poner sobre la pista, así como el aumento de los síntomas al sentarnos largo rato o al ir en el coche, pues comprimimos aún más la salida del nervio.

Si la afectación lumbar atañe al disco intervertebral o al pinzamiento articular de las vértebras, o síndrome de las facetas, se suelen extender estos síntomas hasta incluso el pie y los dedos, o el talón, lo cual nos hace pensar en una verdadera ciática.

Cuando las molestias de espalda no se localizan exactamente en la zona lumbar y se centran más en glúteos, alcanzando parte del muslo posterior, podremos pensar que nuestro corredor lesionado tiene un “síndrome del piramidal”.

Es una zona muy requerida en el gesto de la zancada amplia y también en los impactos que por irregularidades del terreno o por fuerte ritmo de entrenamiento sufre el corredor de fondo. Todas las tensiones del final de la columna se transmiten hacia las piernas a través de la pelvis y la cadera, y es aquí donde precisamente reina el músculo protagonista de nuestro artículo. En posición erecta o de pie este músculo rota la cadera hacia afuera y separa el muslo del centro del cuerpo, por lo que una excesiva tensión de la columna puede sobrecargar su base, el hueso sacro que es como “los cimientos” del raquis.

Si el hueso sacro no se acompasa convenientemente con el otro hueso de la pelvis, el ilíaco de cada lado, en cada zancada sucede que se bloquea la articulación sacroilíaca. Esta articulación de la que tanto se ha escrito y negado tiene un recorrido articular muy corto pero suficiente para producir un “encaje” o pinzamiento del hueso sacro; y ello tensa en exceso el músculo que nace de cada uno de sus laterales y se dirige a la cadera, que no es otro que el músculo piramidal.

EL CONSEJO

El síndrome del piramidal es una de las lesiones más molestas que existen en el mundo del running, y puede mantenerte en el dique seco más tiempo del que puedes pensar si no llevas a cabo el tratamiento adecuado. Para ello, deberás poner especial atención a los siguientes consejos, tan sencillos como sumar uno más uno pero tan efectivos como una calculadora. A partir de ahora, y hasta que tu lesión desaparezca por completo, tendrás el honor de disponer entre tus amigos de dos nuevos acompañantes. Se trata de 'frío' y 'calor', dos amigos de los que no quedan y que pueden convertirse en los mejores si te apoyas en ellos en los momentos adecuados. También podrás apoyarte en un tercer amigo, si las molestias no desaparecen, que se llama gel o spray antiinflamatorio.

Cuando el dolor haga acto de presencia, llama corriendo al amigo número uno, el frío, y apóyate en él durante al menos 10-15 minutos, y cítate con él cada dos horas, no tengas miedo de abusar, es un 'cacho de pan' y acudirá encantado al rescate. No deberás esperar a la aparición del dolor para aplicar una terapia de frío después de realizar cualquier tipo de actividad física, en cuyo caso deberás hacerlo inmediatamente después de dar por terminado el ejercicio. Y, si el dolor persiste, recuerda que tienes a mano al amigo número tres: gel o spray antiinflamatorio. 

El amigo dos, el calor, suele ser bastante celoso, por lo que puede ser útil dedicarle un pequeño tiempo entre cita y cita con el amigo número uno, el frío, y el amigo número tres, el gel antiinflamatorio. Una vez has aplicado el frío en la zona afectada, aplica calor en la zona, una forma fácil de aplicarlo es utilizar parches de calor. Esto es lo que se conoce como terapia de contrastes, muy utilizada para cualquier tipo de contractura, que te irá de perlas si sufres esta desagradable lesión.

Por tanto el “destrozo” biomecánico que puede producir un músculo de este tipo, aunque sea pequeño de tamaño y escondido en los atlas de anatomía, es digno de tener en cuenta. Pero hay algo más importante aún por considerar en el recuerdo anatómico y biomecánico de este músculo: por debajo y a veces a su través pasa el nervio ciático con un calibre cercano al centímetro (los nervios son como hilillos de finos, imaginemos cuánta información puede llevar este nervio ciático mayor).

“MAL DEL PIRAMIDAL”

El excesivo tono o “contractura” de este músculo puede rozar, presionar e incluso comprimir la salida del nervio ciático por el agujero obturador de la pelvis. Esto ocasiona una “falsa ciática”.

Lo que se nota es molestia en nalga y muslo posterior, que puede llegar a la zona de atrás de la rodilla, nunca pasando pierna abajo, lo que distingue este cuadro del de una verdadera lumbociática.

Las sensaciones de acorchamiento o ligero dolorimiento a lo largo del muslo nos deben poner sobre la pista, así como el aumento de los síntomas al sentarnos largo rato o al ir en el coche, pues comprimimos aún más la salida del nervio.

Si la afectación lumbar atañe al disco intervertebral o al pinzamiento articular de las vértebras, o síndrome de las facetas, se suelen extender estos síntomas hasta incluso el pie y los dedos, o el talón, lo cual nos hace pensar en una verdadera ciática.


Cuando corremos y se está iniciando una contractura del piramidal se percibe una molestia, más frecuente con el músculo en frío, que se agrava cuando recogemos mucho la pierna, esto es cuando hacemos trabajo de ritmo o interval-training o cualquier otro entrenamiento que aumente la zancada de repente por fuerte cambio de ritmo. Se nota como una especie de punzada en el mismo centro del glúteo, con o sin afectación de la espalda baja lumbar. Cuando pasan unos cuantos días esa molestia se fija en las nalgas con carácter quemante o punzante, y de forma más diferida en los músculos paravertebrales lumbares de ese lado.

A los pocos días ya no sólo duele al principio sino durante el entrenamiento también. A veces queda ese dolor sordo en el glúteo durante meses y una competición o entrenamiento exigente lo hace precipitar en verdadero cuadro de dolor y limitación funcional que impide siquiera trotar unos minutos.

EN LA CONSULTA

Es muy desesperante que te digan que no aparece nada en tu columna ni en tu cadera cuando estás pasando algo parecido a una lumbalgia o a una ciática.

Las pruebas radiográficas no revelan nada raro. Los estudios de conducción nerviosa del ciático no están especialmente comprometidos. Pero, a la palpación, encontramos invariablemente una gran contractura que recorre de dentro a afuera y en oblicuo la nalga de un lado, y hay un trigger point o “punto gatillo” desencadenante de los síntomas ya indicados, en el centro del glúteo, justo donde está comprimido momentáneamente el nervio ciático. Es por ello que el médico deportivo o el clínico que haga el reconocimiento tiene que estar bien entrenado manualmente si quiere confirmarlo. Cuando realizamos el test de los rotadores externos de cadera estos están muy limitados, justo al contrario que los rotadores internos (sus antagonistas) que dan un recorrido excesivo sin molestia ninguna. Cuando hacemos pruebas músculotendinosas resistidas son negativas, lo cual descarta que se trate de algún tipo de tendinitis. Igualmente descartamos las bursitis de cadera por palpación y por qué éstas se localizan justo en la cadera y no en el centro de la nalga o en el muslo posterior. Con los conocimientos osteopáticos oportunos se explorará el hueso sacro y se encontrará un ligero desplazamiento en torsión con bloqueo de la articulación sacroilíaca, lo cual facilita la excesiva tensión del piramidal, que ya se dijo nace del borde lateral de este hueso final de la columna. Si observamos, por simple inspección, los pies del atleta cuando está tumbado boca arriba, suele tener el pie del lado afectado más rotado hacia fuera, como corresponde a un hipertono de un músculo rotador externo de la cadera como es el piramidal.


PREVENCIÓN

Cuando notemos síntomas de afectación del glúteo con cierta irradiación a muslo y con carácter quemante o de acorchamiento, debemos prevenir que el cuadro siga su curso y desemboque en lo que venimos llamando “síndrome del piramidal”.

Para ello intensificaremos nuestros estiramientos de pelvis al terminar de correr: isquiotibiales, psoas, cuádriceps, abductores, abductores, rotadores internos y rotadores externos de cadera, así como el poplíteo. También es interesante cuidar la zona lumbar y abdominal con refuerzo casi isométrico o trabajo selectivo de transverso abdominal y oblicuos.

Está muy indicado el uso de calor seco por las noches y por las mañanas. Una forma fácil de aplicarla es utilizar parches de calor.

Indicadas igualmente están todas las posibilidades de la homeopatía como los relajantes de los espasmos musculares (Colocynthis 9CH, Atropinum 9CH en gránulos y, más completo, Spascupreel en comprimidos); y de la fitoterapia (Valeriana, Espino  Blanco, Pasiflora, Chamomilla) para relajar de modo general todo el conjunto pélvico.

Pero si hay que recomendar con mayúsculas algo es un buen calentamiento y sobre todo un estiramiento para el piramidal que debemos realizar de forma suave e indolora hasta notar que cede la tensión y el dolor. Se realiza de la siguiente manera: tumbado boca arriba, con la pierna afectada con rodilla y cadera flexionadas a 90º, tiramos hacia el lado contrario sobre la otra pierna que permanece recta. Para ello nos ayudamos de la mano contraria al lado afectado. Por ejemplo, si nos molesta el glúteo derecho: utilizamos la mano izquierda para coger la rodilla derecha y llevar la pierna flexionada de rodilla y cadera hacia el lado izquierdo hasta notar tensión sin dolor, y ahí mantenemos veinte segundos. Después presionamos hacia fuera y resistimos unos seis segundos con la mano que agarraba. Pasados esos seis segundos ganamos nuevamente recorrido y permanecemos otros veinte estirando. Estos estiramientos suelen ser suficientes para disipar un posible pinzamiento del piramidal, pues eliminamos el exceso de tono de este músculo, y por tanto la posibilidad de compresión o roce sobre su vaina por parte del piramidal. En este ejercicio estamos realizando las acciones contrarias al músculo piramidal: Rotación interna y abducción o aproximación, por ello estiramos correctamente el músculo y por ello esta técnica tan básica funciona como prevención. Para completar el calentamiento puedes ayudarte de parches de calor. 


1.    Estiramientos con la mano.

El atleta ha de colocarse boca arriba flexionando la cadera y la rodilla en un ángulo de 90 grados. Entonces,  ha de coger una de sus rodillas con la mano y estirar. Notará tensión en el glúteo y en la zona piramidal. Es importante advertir que si se flexiona demasiado la rodilla va a tirar más en la ingle que en los glúteos. El paciente debe notar tirantez en el glúteo, pero para hacerlo bien, el hombro del lado de la pierna que se estira siempre ha de estar pegado al suelo. Para la correcta realización de los 3 siguientes estiramientos, los brazos del atleta deben permanecer en cruz y el hombro del lado que se estira ha de estar bien pegado al suelo. La cabeza del atleta siempre ha de girarse mirando en sentido contrario al que se estira.


2.    Palanca con la pierna contraria I.

La referencia nos la dará el tobillo de la pierna estirada. Éste estará bajo la rodilla contraria.


3.    Palanca con pierna contraria II.

El tobillo de la pierna estirada estará a la altura de la rodilla contraria.


4.    Palanca con pierna contraria III.

El tobillo de la pierna estirada estará por encima de la rodilla contraria.


5.    Estiramiento clásico o de yoga.

Se trata del clásico estiramiento de los runners, que se basa en una conocida postura de yoga. Como palanca se usa el codo o la mano contraria.


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