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Supera la tendinitis de los tibiales

Te mostramos cómo evitar esta molesta lesión.
Supera la tendinitis de los tibiales
Supera la tendinitis de los tibiales
27/03/2017 - Hernán Silván

Afortunadamente se van descubriendo los distintos orígenes de estas “delicadas situaciones” y por ello podemos tratarlas con mayor eficacia.Las tendinitis que ahora nos ocupan se originan por sobreuso crónico y también por desequilibrio dinámico entre los músculos anteriores de la pierna (más débiles) y los posteriores (mucho más desarrollados y fuertes, son los gemelos y el sóleo). Hay que recordar que en Medicina “pierna” es únicamente el espacio desde la rodilla hasta el tobillo,por tanto la pierna excluye el muslo y sus músculos. Estudiaremos a continuación la tendinitis del músculo tibial posterior y la tendinitis del músculo tibial anterior.

Estas dolencias se acrecientan cuando corremos por terrenos más irregulares o al tropezar forzando los dedos de los pies. También es frecuente este tipo de tendinitis en corredores de gran talonación, es decir, aquellos que golpean el suelo con violencia y “sonoridad”.

EL CONSEJO

Nadie conoce mejor tu cuerpo que tú mismo, por lo que será de vital importancia que prestes atención a las sensaciones que te ofrece. Recuerda que, en ocasiones, un paso atrás puede suponer dos adelante, no te fuerces más allá de tus límites o acabarás pagándolo. Una vez tengas claro este precepto, debes comenzar a realizar las siguientes modificaciones en tu rutina de entrenamientos para que todo vaya rodado:

En primer lugar, aunque duela más que la propia lesión, debes reducir tanto el kilometraje semanal como la intensidad, lo que te permitirá liberar de una carga importante a tus piernas y reducirá el estrés al que sometes a los tibiales. Poco a poco podrás incrementar estos niveles hasta alcanzar tu media habitual, siempre guiándote por las sensaciones que obtengas cuando te calces las zapatillas.

En segundo lugar, y no menos importante, puedes hacerte con una de las sprays y geles antiinflamatorios que encontrarás en farmacias para calmar el dolor propio de la lesión. Aplicarlos siguiendo las instrucciones que encontrarás en su prospecto te ayudará a reducir la inflamación y aliviar el dolor en los tibiales. Si el dolor no desaparece, o se agrava, es el momento de acudir al médico especialista o el fisioterapeuta.

En tercer lugar, deberás sumarte a la religión del frío post ejercicio, sin fallar ni un sólo día, siete días a la semana, aquí no se descansa. Es importante que tomes buena nota de ello, porque será determinante en tu recuperación y, por ende, en el retorno a los habituales entrenamientos previos a la fatídica lesión. Después de cada entrenamiento deberás utilizar una terapia de frío para reducir la inflamación en los tibiales. Hazlo inmediatamente después de terminar, no esperes porque el tiempo juega en tu contra. Una vez aplicado el frío, date una ducha, si es posible con agua fría, vístete y vuelve a aplicar frío en la zona afectada, repitiendo el proceso pasada media hora.

 

TENDINITIS DEL TIBIAL POSTERIOR

La sensación que produce el cuadro clínico de “tendinitis del tibial posterior” es de dolor en la parte interna del pie, bajo el tobillo o en el mismo canto llegando, incluso, a la fascia plantar. Se puede confundir con la “tendinitis aquílea baja”, con la fascitis plantar o con la distensión del ligamento interno del tobillo, también llamado ligamento deltoideo. Por arriba, la tendinitis del tibial posterior, es dolorosa en la parte anterior del sóleo y en la del gemelo interno, especialmente en su tercio inferior. También duele al estirar gemelos flexionando el pie hacia la pierna.

Afortunadamente se van descubriendo los distintos orígenes de estas “delicadas situaciones” y por ello podemos tratarlas con mayor eficacia.Las tendinitis que ahora nos ocupan se originan por sobreuso crónico y también por desequilibrio dinámico entre los músculos anteriores de la pierna (más débiles) y los posteriores (mucho más desarrollados y fuertes, son los gemelos y el sóleo). Hay que recordar que en Medicina “pierna” es únicamente el espacio desde la rodilla hasta el tobillo,por tanto la pierna excluye el muslo y sus músculos. Estudiaremos a continuación la tendinitis del músculo tibial posterior y la tendinitis del músculo tibial anterior.

Estas dolencias se acrecientan cuando corremos por terrenos más irregulares o al tropezar forzando los dedos de los pies. También es frecuente este tipo de tendinitis en corredores de gran talonación, es decir, aquellos que golpean el suelo con violencia y “sonoridad”.

EL CONSEJO

Nadie conoce mejor tu cuerpo que tú mismo, por lo que será de vital importancia que prestes atención a las sensaciones que te ofrece. Recuerda que, en ocasiones, un paso atrás puede suponer dos adelante, no te fuerces más allá de tus límites o acabarás pagándolo. Una vez tengas claro este precepto, debes comenzar a realizar las siguientes modificaciones en tu rutina de entrenamientos para que todo vaya rodado:

En primer lugar, aunque duela más que la propia lesión, debes reducir tanto el kilometraje semanal como la intensidad, lo que te permitirá liberar de una carga importante a tus piernas y reducirá el estrés al que sometes a los tibiales. Poco a poco podrás incrementar estos niveles hasta alcanzar tu media habitual, siempre guiándote por las sensaciones que obtengas cuando te calces las zapatillas.

En segundo lugar, y no menos importante, puedes hacerte con una de las sprays y geles antiinflamatorios que encontrarás en farmacias para calmar el dolor propio de la lesión. Aplicarlos siguiendo las instrucciones que encontrarás en su prospecto te ayudará a reducir la inflamación y aliviar el dolor en los tibiales. Si el dolor no desaparece, o se agrava, es el momento de acudir al médico especialista o el fisioterapeuta.

En tercer lugar, deberás sumarte a la religión del frío post ejercicio, sin fallar ni un sólo día, siete días a la semana, aquí no se descansa. Es importante que tomes buena nota de ello, porque será determinante en tu recuperación y, por ende, en el retorno a los habituales entrenamientos previos a la fatídica lesión. Después de cada entrenamiento deberás utilizar una terapia de frío para reducir la inflamación en los tibiales. Hazlo inmediatamente después de terminar, no esperes porque el tiempo juega en tu contra. Una vez aplicado el frío, date una ducha, si es posible con agua fría, vístete y vuelve a aplicar frío en la zona afectada, repitiendo el proceso pasada media hora.

 

TENDINITIS DEL TIBIAL POSTERIOR

La sensación que produce el cuadro clínico de “tendinitis del tibial posterior” es de dolor en la parte interna del pie, bajo el tobillo o en el mismo canto llegando, incluso, a la fascia plantar. Se puede confundir con la “tendinitis aquílea baja”, con la fascitis plantar o con la distensión del ligamento interno del tobillo, también llamado ligamento deltoideo. Por arriba, la tendinitis del tibial posterior, es dolorosa en la parte anterior del sóleo y en la del gemelo interno, especialmente en su tercio inferior. También duele al estirar gemelos flexionando el pie hacia la pierna.


El músculo tibial posterior se origina en la cara posterior y superior de la tibia y en la cara posterior del peroné, y se inserta en el hueso escafoides, en el calcáneo (o talón) y en las tres cuñas del pie y bases de los metatarsianos (los radios de los dedos) segundo, tercero y cuarto. Con esta amplia zona de inserción el músculo obtiene suficiente fuerza para conseguir volcar el pie afuera, haciendo que la planta mire hacia adentro. Por tanto (como el tibial anterior) es un músculo “inversor del pie". Accesoriamente el tibial posterior, a diferencia del anterior, contribuye a la flexión plantar del tobillo. Supinación y flexión de la planta del pie es lo que hace cuando nos apoyamos sobre el pie.

Las tendinitis del tibial posterior son frecuentes en corredores, y responden estupendamente al estiramiento suave, siempre que se haga correctamente. Por ello se recomienda que no falte este estiramiento, como el del tibial anterior, en la rutina diaria. Para estirar el músculo tibial posterior se flexiona la rodilla y se tracciona del pie (afuera la mano) volcando la planta hacia el exterior. Si tiramos de los dedos (especialmente segundo, tercero y cuarto) notaremos una tensión por la parte interna de la pierna (delante de la zona interna del músculo sóleo). Mantener, sin dolor, durante al menos veinte segundos cuando hayamos localizado correctamente el músculo.

En los pies excesivamente pronadores, los más frecuentes, este músculo y por ello su tendón se estresan e inflaman con frecuencia. Se imposibilita, de este modo, la flexión del pie hacia la pierna y duele incluso estirando o si el estiramiento no se hace bien. No hay que forzar. El protocolo terapéutico más aconsejado para las tendinitis del tibial posterior, aparte del estiramiento, se basa en la aplicación de hielo en el borde interno del pie, en la planta y en el tobillo, por la zona que corre el tendón. También el masaje de vaciados venosos y los amasamientos de los músculos posteriores y anteriores dela pierna, que en esta zona del cuerpo se llaman “malaxaciones”. La electroterapia con microonda y ultrasonidos es interesante aunque hay que tener cuidado con la proximidad del hueso y su irritable periostio, en el caso de los ultrasonidos.


TENDINITIS DEL TIBIAL ANTERIOR

Un dolor anterior en el centro de la pierna, e incluso en la gran masa muscular más exterior del frontal de la pierna, nos pone sobre aviso. El diagnóstico diferencial más importante de las tendinitis de tibial anterior debe hacerse con la “periostitis”, cuadro al que a veces se asocia.

En el centro de la pierna tenemos una fuerte cresta o resalte óseo longitudinal que la recorre desde la rodilla hasta el tobillo, es la llamada “cresta anterior de la tibia”. Si el dolor de la pierna se localiza en el borde interior de esta cresta deberemos pensar en una tendinitis del sóleo o del tibial posterior. Si se localiza más externo, hacia la zona del peroné, entonces podemos pensar en esta tendinitis de tibial anterior. La distinción de estos cuadros de congestión muscular en la pierna es importante pues el tratamiento es distinto, siendo el de esta tendinitis tibial anterior muy similar al de las periostitis y el de la del tibial posterior a las congestiones o contracturas de gemelo interno y sóleo.

El músculo tibial anterior recorre la pierna hasta llegar al primer dedo (el gordo) del pie. Se origina en la cara anterior y superior de la tibia. Se inserta en la primera cuña y en el primer metatarsiano (huesos del tarso y metatarso en el primer radio del pie). Su acción es la dorsiflexión (flexión dorsal del pie, aproximando el dorso a la pierna). También hace inversión (esto es que coloca la planta del pie hacia adentro, hacia la línea media del cuerpo). Por último, es un músculo que saca el retropie afuera (con lo que aproxima el antepie y dedos), lo que se llama supinación.Las periostitis y síndromes compartimentales pueden provocarse por hipertono y congestión del tibial anterior.


Para estirar el tibial anterior, sentados, apoyamos el pie de la pierna a estirar y tiramos de los dedos y sus radios hacia la planta hasta sentir tensión agradable en la cara anterior de la pierna. El matiz se puede conseguir haciendo esta presión (con mucho cuidado) sobre la base del dedo gordo. Mantener de 15 a 20 segundos.

El tratamiento se debe iniciar con la aplicación de hielo, hasta 20 minutos, sobre la zona muscular y sobre la tendinosa hasta el pie. La aplicación de gel o spray antiinflamatorio fría también es interesante, nada más acabar la sesión en la propia pista antes de llegar a casa y poner el hielo. En la noche, aplica gel o spray, a modo de emplaste, con plástico de envolver (de la cocina) y por la mañana retiramos el plástico y lo extendemos para utilizar sobre la piel el resto del día. El vendaje funcional, en espiga pero fijando bien el tendón al dedo gordo, es muy recomendable para correr en las primeras semanas. También recomendamos un estudio de la huella plantar en dinámico (grabación en vídeo, termografía, etc).

Cuando corres grandes distancias, surgen también grandes problemas: el volumen de esfuerzo es tan alto que tus piernas tendrán muchos boletos que podrían salir ganadores en la feria de las lesiones. ¿Existe alguna forma para que no pesen todos los kilómetros acumulados?

SOLUCIÓN: toma un baño de agua fría, incluso con hielo (es mucho mejor que una ducha caliente).

QUÉ HACER: llena tu bañera unos centímetros con agua bien fría y echa un par de bandejas de hielo (cubiteras). Asegúrate de que el agua te cubre los tobillos, los bíceps femorales, los glúteos, gemelos… es decir, las partes que más sufren durante la carrera. Los primeros minutos serán infernales, pero notarás los beneficios inmediatamente y, al siguiente día, estarás como nuevo.

PARA QUÉ SIRVE: El hielo reduce muchísimo el dolor. El frío constriñe tu aparato circulatorio en las piernas, pero a los 5 minutos los músculos empiezan a relajarse, quedando como nuevos para la próxima sesión.

 

 


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