El 2008 es el año olímpico, y Pekín se prepara para recibir sus Juegos. En esta ocasión la capital china es noticia por doble motivo: por la reventa de entradas y por los tan cuestionados derechos humanos en el país mandarín
En el primer apartado (el de la reventa), las normas para intentar que ésta no se produzca van a ser bastante tajantes: aquellos espectadores que ya tienen su entrada adquirida deberán fotocopiar su documento de identidad, rellenar un formulario facilitado por la propia organización y adjuntar una foto. Posteriormente entregarán dicha documentación en una de las mil sucursales del Banco de China designadas para tal cometido. El plazo para llevar a cabo estas gestiones finaliza el 31 de enero.
Las entradas más demandadas, y cuyo aluvión de solicitudes ha hecho que éstas se deban adjudicar por sorteo, son las de la prueba atlética de los 110 metros vallas, con la estrella nacional Xiang Liu en escena, y los deportes más solicitados en este sentido son el baloncesto y los saltos de trampolín. Pruebas y deportes, como véis, en las China es toda una potencia mundial.
En otro órden de cosas, pero sin perder el hilo "olímpico", recientemente se reunieron en La Haya (Holanda), miembros de la ONG Amnistía Internacional y del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. Tras dicho encuentro Jiang Yu, portavoz del citado ministerio, declaró que "ningún país es perfecto en materia de derechos humanos", aunque admitió también que su nación ha avanzado en este campo en los últimos 30 años. Jiang Yu lamentó que "haya entidades que quieran desprestigiar la imágen de Pekín 2008 mezclando asuntos políticos con la organización de los Juegos".