Las picaduras de insectos son habituales en verano y pueden causar malestar pero a menos que se sufra una reacción alérgica, hecho que constituye una urgencia médica, lo mejor es calmar el dolor, reducir la hinchazón y refrescar la zona irritada.
Algunos insectos tienen, al final de su abdomen, un aguijón por el que inyectan una toxina y es el grado venenoso de esta sustancia y la susceptibilidad del corredor lo que da mayor o menor respuesta a esta molesta agresión. Son especialmente molestas cerca de los ojos y en boca o garganta. En esta última localización se debe evitar la respuesta inflamatoria exagerada que podría llevar, incluso, a la asfixia.
Los preparados de amoniaco suelen bastar para calmar, de ahí el remedio popular de los emplastes de barro y la propia orina (contiene compuestos nitrogenados en mayor o menor medida), cuya alta efectividad pude presenciar y "sufrir" en mi infancia en el pueblo, utilizados inmediatamente después de las picaduras de avispas y abejas.
Cuando llegábamos a casa, el remedio para las picaduras de avispas siempre era una compresa de algodón hidrófilo empapado en jugo de limón o vinagre de manzana. Otros remedios populares eran el jugo de una cebolla tierna o una rodaja de pepino con cáscara que calmaban y reducían la inflamación de las picaduras. Como todo cambia, y en gran parte a mejor, hoy disponemos de cremas y geles naturales a la vez que efectivos.