Estando ya en el último tercio del maratón, y aprovechando que estamos tan cerca del Fòrum, quizás nos ayudará recordar las interesantes reflexiones que hicieron algunos pensadores aquellos días del 2004. Una de ellas, por ejemplo, la del Premio Nobel de la Paz de 1991, Aung San Suu Kyi, que dijo: “La paz, el desarrollo y la justicia están ligados entre sí. No podemos hablar de desarrollo económico sin hablar al mismo tiempo de las condiciones de la paz. ¿O es posible desarrollarse económicamente en un campo de batalla?” No es que tengamos de ponernos serios, pero creo que este pensamiento es una buena materia para pensar en positivo... ¡Es lo que nos convienen este momento!
Estamos pasando por la calle Taulat, desde la cual, y antes de girar a la izquierda para coger la calle Selva de Mar, veremos a la derecha un vestigio de hace más de un siglo, la Torre de las Aguas. La torre fue edificada el año 1882 por un particular, para extraer y comercializar las aguas del río Besòs. Fue un fracaso por la carencia de potabilidad y acabó perteneciendo a la desaparecida Macosa - la fábrica donde se construían trenes, tranvías y vagones de metro - para proveerse de agua. Dicen los entendidos que esta torre es una interesante muestra de arquitectura industrial, conservada en medio de las modernas edificaciones de la nueva zona; detrás suyo, muy cerca, está el Palo Alto, una antigua fábrica textil ocupada actualmente por creativos, uno de ellos Xavier Mariscal. Giraremos por Selva de Mar e iremos hacia abajo hasta la Avenida del Litoral. La cogeremos a la derecha - que aun cuando es contra dirección, hoy tenemos permiso - y muy pronto nos encontraremos la señal del Km 31.
Al enlazar con la avenida, veremos la Torre Marfre y el Hotel Arts a unos tres kilómetros. Y más allá de estos dos edificios singulares de Barcelona, en la lejanía, la montaña de Montjuic y el Castell (el Castillo de Montjuïc). Que veamos el Castell de Montjuic lejos, muy lejos, no es de extrañar, porque como decía el columnista Narcis-Jordi Aragón hace un par de años a propósito de la polémica en relación a su devolución a la ciudad, “...no es extraño que la distancia entre los catalanes y el castillo haya llegado a ser prácticamente infinita”. Rememoraba lo que ya decía Josep Maria de Sagarra el año 1931: “El castillo es la cosa más antibarcelonesa que existe; si hay dos cosas que no liguen son el castillo y los gorriones de la Rambla”.
Avanzando, tendremos a la izquierda cuatro playas por las que pasaremos bien cerca: la Nova Mar Bella, la de la Mar Bella, la del Bogatell y la de la Nova Icària. En nuestro camino, pasaremos al lado del Poliesportiu de la Mar Bella. Este complejo se construyó en los terrenos donde el club Canaletes tenía hace unos años una pista de atletismo de tierra – no de tartan como es la de ahora que es un lujo - donde quizás más de uno de los que participan hoy al maratón haya hecho alguna carrera o algún salto. Si es del Pueblo Nuevo y algo veterano o veterana es casi seguro, porque el Canaletes es un entrañable club del barrio que hace unos años estaba presidido por el doctor Lluís Bertran, un excampeón de Catalunya de 100 metros lisos dotado de un carisma especial, que contagiaba su pasión por el atletismo a quien se pusiera por delante.
En este lugar estamos haciendo el kilómetro treinta y uno, y dicen los que entienden, que a partir de ahora es cuando realmente empieza el maratón. (Es decir, como si hasta ahora sólo hubiéramos hecho un calentamiento ¡vaya!). En cualquier caso, no debemos dejarnos invadir por la sensación de cansancio. ¿Será el momento de tomar un poco de miel? Siguiendo por la avenida de Litoral haremos unos de los kilómetros que forman parte del grupo de los más terribles del maratón: los que van del 32 hasta el 36-37. No es que los cinco o seis que resten después no sean malévolos, pero dentro de aquellos acostumbra a presentarse -si se presenta, que a veces no - el famoso muro del maratón, y si se supera, los otros kilómetros son menos difíciles porque la proximidad de la llegada te da alas. Una observación al margen: parece ser que las mujeres -qué suerte que tienen- no suelen pasar el muro, o lo pasan con muchos menos problemas que los hombres.
Entre la señal del 32 -que acabamos de pasar- y el del 33, veremos – sobre todo los más larguiruchos – las playas del Bogatell y de la Nova Icaria. Los que no somos demasiado altos veremos al menos el mar, que siempre relaja, y falta nos hará para aligerar la tensión acumulada por las horas que llevamos corriendo. En marzo no es época, pero en verano, estas playas son un hervidero de gente de lo más variada: desde vendedores de cien mil cosas, tatuadores que por cuatro o cinco euros te tatúan un cangrejo donde quieras, guiris de piel roja encendida comiendo paella en alguno de los chiringuitos, vecinos del Poble Nou que a su lado juegan al dominó, e incluso gente bañándose, claro está.
Seguiremos viendo, ahora algo más cerca, las dos torres gemelas particulares, la Mafre y el Hotel Arts, y el Castell de Montjuic, aun cuando este sigue lejos, muy lejos. Muy lejos física y espiritualmente, porque como es sabido, allá fue fusilado Lluís Companys al término de la guerra, sin otro cargo que haber sido el presidente de la Generalitat de Catalunya. Muy lejos, física y espiritualmente, porque de hecho, los que somos aficionados a esta locura del correr, la vez que lo tenemos más cerca es en noviembre de cada año, sabido que la Cursa de l’Amistat -la que acaba en el Tibidabo tras atravesar Barcelona- empieza en las puertas del castillo.
Un apunte sobre el lugar donde estamos: años atrás, había aquí el Somorrostro, un barrio de barracas en la misma playa, habitado por la gente más desfavorecida de la ciudad, donde nació la bailaora gitana Carmen Amaya, una figura mítica del baile flamenco, aclamada en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos. En sus memorias, Carmen Amaya -que nunca rehuyó de sus orígenes- , explicaba que su barraca, delante de la cual bailaba de pequeña, se inundaba con frecuencia del agua del mar, de tan cerca que estaba de la playa. Tiene una calle con su nombre, al lado de donde pasamos -entre nuestro camino y el cementerio del Pueblo Nuevo- y fallecida prematuramente, dejó escrito que, catalana como era, quería ser enterrada en el Empordà, en Bagur concretamente, donde así fue el año 1963.
No lo veremos, pero pasaremos como decía muy cerca del cementerio del Poble Nou, el más antiguo de Barcelona, establecido en 1775 fuera de las murallas de la ciudad para erradicar la costumbre de enterrar dentro de las iglesias. El lugar es un prodigio en cuanto a figuras escultóricas y panteones, hasta el extremo que cada primer domingo de mes se hacen visitas guiadas, donde un guía explica y muestra lo mejor de la arquitectura y la escultura funeraria de la época. Aunque hoy es primer domingo de mes no lo visitaremos porque estamos en otra cosa más divertida, aun cuando si lo hiciéramos veríamos cosas incluso cómicas. En una lápida se puede leer: “Un metge, no diré qui, sols un dia em visità. Un vomitiu m’ordenà i respongui que no el volia; em digué que em curaria...i vaig morir l’endemà”
(“ Un médico, no diré quien, me visitó un solo día. Me ordenó tomar un vomitivo y respondí que no lo quería; me dijo que me curaría...y al día siguiente me morí”)
Continuando por la avenida de Litoral pasaremos muy cerca del parque de la Nova Icaria, y tras la Plaça dels Campions doblaremos a la derecha por la calle del Arquitecte Sert para girar acto seguido a la izquierda por la de Salvador Espriu (famoso el primero por haber diseñado la Fundació Miró de Montjuic entre otras cosas, y famoso el segundo por haber escrito obras capitales, no sólo de las letras catalanas sino de la literatura universal), y acto seguido encontraremos el indicador del Km 33. Entre el 33 y el 34 nos encontramos de lleno en lo que el año 1992 fue la Villa Olímpica de las Olimpiadas de Barcelona.
Al pasar, no podremos sustraernos a que en los pisos de la Villa Olímpica se alojaron todos los míticos deportistas olímpicos (todos no, porque los del equipo de baloncesto USA, Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird..., fueron a un hotel de lujo), desde Carl Lewis hasta Javier Sotomayor, pasando por todos los corredores de los maratones masculina y femenina. Es decir que por deporte que no quede. Y quizás para redondearlo, influidos por el lugar, incluso nos parecerá oír cantar “Baaaaarceloooona” a Montserrat Caballè y a Fredy Mèrcury desde el estadio; o “Amics per sempre”, “Amigos para siempre... Means you'll always be my friend...” a Josep Carreras.
Justo a ambos lados de la plaça del Voluntaris, donde hay un surtidor de agua de notables dimensiones, veremos, ahora sí absolutamente de cerca, los dos rascacielos que hace rato veíamos, ambos de una altura de 153,5 metros: la Torre Mafre, que es un edificio de oficinas con un centro comercial en la planta baja, y el Arts, un hotel de superlujo que tiene 456 habitaciones, donde hemos preguntado si hoy hacen algún descuento a los maratonianos y nos han dicho que no. El que quiera una suite ya lo sabe: sólo cuesta 650 euros la noche.
Al llegar a la plaza giraremos para coger a la derecha la calle Marina, pero antes habremos visto de reojo, cerca del mar y al pie del Hotel Ars, la escultura dorada denominada El Peix d’Or (El Pez de Oro) por sus reflejos del sol, diseñada por Frank O.Ghery, el mismo arquitecto del hotel. Al girar, también veremos frente a nosotros, a la izquierda y junto al surtidor, la para mí extraña aun cuando de buen mirar, escultura no figurativa David y Goliat, una careta de un gigante sustentada por tres patas. Los entendidos dicen que la obra quiere simbolizar la victoria que supuso transformar una zona degradada como era esta, en un espacio tan lucido. Repito: lo dicen los que saben de qué va. Y por la calle Marina, de la que haremos un tramo muy corto, cogeremos a la izquierda el passeig de Circunvalació, donde nos encontraremos con al indicador del Km 34.
Nada, sólo eran divagaciones para distraer, por si acaso, la posible dureza de lo que llevamos corriendo. Dejémoslo porque, acto seguido, veremos a nuestra izquierda las dos impresionantes marquesinas de la parte de detrás de la Estación de Francia. Tiene un notable valor toda la estación, no por el número de trenes que circulan actualmente que son muy pocos, sino por su espectacular y monumental arquitectura, realizada el año 1929, de la cual sólo veremos la parte de la salida de los trenes. La parte de delante, la fachada, la dejamos para verla otro día: por ejemplo dentro de un mes, el día que corramos la Cursa dels Bombers, que, como es sabido, empieza y casi acaba en este lugar. Y adelantando por el passeig de Circunvalació encontraremos el Parc de la Ciutadella al final del paseo. Giraremos a la derecha y entraremos al parque, donde nos esperará, majestuosa, la estatua ecuestre de una de las figuras catalanas más importantes del siglo XIX, el militar y político Joan Prim, nacido en Reus, que nos saludará marcialmente al entrar.
Atravesaremos el recinto del parque corriendo por el Passeig dels Til•lers (Paseo de los Tilos), y veremos a la izquierda -si tenemos ganas de mirar- dos edificios construidos para la Exposición Universal del año 1888, como son l’Umbracle y l’Hivernacle (el Umbráculo y el Invernadero), que poseen un agradable sabor novocentista aun cuando algo decadente. Y a la derecha – no hace falta que miremos porque la arboleda y los arbustos no nos lo dejan ver – sabremos que hay el Parlament de Catalunya, una de las instituciones más antiguas de Europa, que se remonta al siglo Xl. Lo que sí podremos ver fácilmente es el espléndido edificio del Castell dels tres Dragons, obra de Domènech i Montaner que está al final de este paseo, a la izquierda, un restaurante que fue para hacer las celebraciones de la mencionada Exposición Universal de 1888, convertido hoy en el Museo de Zoología. Y a cuatro pasos, tras la puerta de salida del Parc de la Ciutadella, nos espera el indicador –eureka - del Km 35.