Recorrido del Maratón de Barcelona 2008 (km 5-10)

runners.es 25/01/2008
POSITIVO NEGATIVO VOTOS
Etiquetas: recorrido , marato , barcelona , 2008 , video

Recorrido del Maratón de Barcelona 2008 (km 5-10)

La Illa Diagonal, el complejo por delante del cual estamos pasando, es un lugar que siempre está a lleno de gente. Posee todo tipo de tiendas: desde una en la cual quien más quien menos de nosotros habrá comprado algunas zapatillas, hasta otra dónde seguro que también habremos adquirido más de un libro o un DVD, pasando por decenas de boutiques de lo más fashion y decenas de cafeterías y restaurantes. En definitiva una gran superficie que es una invitación a la buena vida, construida, paradójicamente, en los mismos terrenos del que fuera el Asilo de Beneficencia de Sant Joan de Deu para niños pobres de Barcelona hace unos pocos años.

Dejaremos la Diagonal y giraremos a la derecha al llegar a la Avinguda de Sarrià en cuya esquina se encuentra el edificio Atalaia, un rascacielos blanco de 21 plantas donde hace unos años había un restaurante del mismo nombre para gente guapa de Barcelona en la última planta, que aun y que la vista era magnífica tuvo que cerrar. Los que iban, además de quedarse en ayunas porque los platos eran visto y no visto, se quedaban sin aliento al recibir la cuenta.

Recorrido del Maratón de Barcelona 2008 (km 5-10) - kewego
Recorrido del Maratón de Barcelona 2008 (km 5-10) - kewego


La Avinguda de Sarriá es la misma calle por dónde pasaron corriendo – como estamos haciendo nosotros ahora - los cinco atletas que hicieron la primera carrera que se celebró en Barcelona. Estamos hablando del año 1898 y la organizó un profesor de un gimnasio, que la corrió junto con cuatro alumnos más. Los cinco hicieron los catorce kilómetros de que contaba - desde la calle Duc de la Victoria - Canuda hasta la plaza de Sarrià, ir y volver, siguiendo el recorrido del tranvía que unía Barcelona con Sarrià, el barrio que entonces era un pueblo de cercanías. Y para que la gente no los tomara por locos al verlos corriendo por la calle, comenzaron la carrera de madrugada y acabaron siendo de noche. Predecesores como son de nuestras correrías, quizás nos encontremos los fantasmas de los cinco en el enclave y quieran añadirse a nuestra prueba para disfrutar con nosotros del gozo de correr una prueba mítica como el maratón.

Hablando de otras épocas, al llegar a la Avinguda Josep Tarradellas, por dónde giraremos a la derecha, veremos un monumento que fue edificado en honor del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Ribera. Actualmente ya no posee el yugo y las flechas y su retrato en relieve, pero aun así se ha propuesto su derribo. Fue punto de reunión de nostálgicos del franquismo hasta hace unos años. Mejor pasar de largo corriendo, nunca mejor dicho.

Una recomendación – para otro día, claro - : justo antes de girar hacia la Avinguda Tarradellas existe una tienda, la Natcha, dónde venden uno de los mejores chocolates de toda la ciudad. Y otra: una vez hayamos girado, antes de llegar al Km 6 que está en esta avenida, hay un horno, el Enrich, que tienen unos croissants..! Insisto, para otro día. Ahora y aquí, estamos para otra cosa.

Bajaremos por la avenida e iremos a encontrar el monumento a Josep Tarradellas, la simbología del cual no tiene nada a ver con la del que hemos pasado hace un momento. Tarradellas fue aquel querido político catalán que fue presidente de la Generalitat en el exilio y al volver a Catalunya el año 1978 pronunció la célebre frase “¡Ya soc aquí!”. La misma expresión, metafóricamente hablando, que diremos cada uno de nosotros dentro de un largo rato -para algunos no tan largo, ya lo sé - cuando estemos a punto de terminar el maratón.

Dejaremos la Avinguda Tarradellas para coger la calle Marqués de Sentmenat, a la derecha, cruzaremos la calle Numància, y pasaremos por delante de un complejo de viviendas de color blanco construidas en los terrenos que ocupó el Club de Fútbol Barcelona hace años, el mítico Camp de Les Corts. Quien sabe si, de igual manera que nos ha ocurrido cuando estábamos en el Camp Nou, veremos como los espectros de jugadores que se hicieron míticos en este lugar: Samitier, Zamora, Alcantara..., o el mismo Ladislao Kubala, de quien un pasaje interior lleva su nombre (afortunadamente se lo pondrán también a un gran parque en un futuro). Quien sabe, decía, si celebrarán nuestro paso aplaudiendo el esfuerzo que estamos haciendo hoy.

Pasaremos por el lado de lo que entonces era el Gol Sur y ahora el jardín público de Las Infantas, y al terminar la calle encontraremos el indicador del Km 7. Una vez pasado el pequeño espacio verde y de recreo que es el jardincillo, que es muy de agradecer, seguiremos por la calle de Can Bruixa, una calle que cambia el nombre de Marqués de Sentmenat pasado el jardín, quizás para no hacer demasiado la pelota a la nobleza, que a los catalanes no nos gusta, hasta la de Joan Güell, donde giraremos noventa grados para bajarla.

Un pequeño apunte sobre el barrio de Las Corts por donde estamos pasando: el nombre le proviene de cuando había muchas corts (corrales de ganado) junto a las masías de la zona. Se han encontrado restos de la era neolítica en varias excavaciones realizadas. O sea que los primeros habitantes de lugar vivían en cavernas. Nada que ver con ahora, porque los pisos de la zona y todo su entorno son de lo mejor de Barcelona. También se asentaron los romanos; y más tarde, en la era medieval, campesinos que suficiente trabajo tenían con subsistir. Todo lo contrario que ahora, porque según datos oficiales, el poder adquisitivo de los vecinos de la zona de Las Corts está muy por encima del de la media de la ciudad, concretamente un 110% por encima. ¡Casi nada!

Al encontrar la Avenida de Madrid bajando por Joan Güell, giraremos a la izquierda y haremos un tramo hasta la Plaça del Centre. Del lugar se explica una inefable leyenda urbana: la de que hace años, días antes de un partido entre el Barça y el Madrid, fue pillado un seguidor madridista -que también los hay en Barcelona- subido a una escalera. Había estado añadiendo la letra l (ele) detrás de la preposición “de”, a todos los rótulos de la Avenida de Madrid que había podido.

Y en la misma Plaza del Centre, el nombre de la cual le viene dado porque en la época de las masías era el punto central de una gran finca, nosotros nos encontraremos otro rótulo: el del Km 8 del maratón. Pasada la plaza seguiremos por Berlín hasta Ecuador, de nuevo al lado del monumento a Tarradellas, donde nos cruzaremos con los que nos siguen. No hace falta mirarlos a ver qué cara ponen porque todos estaremos todavía enteros; si no fuera así, mal iríamos.

Volveremos a coger la Aviguda de Josep Tarradellas para bajar lo que nos queda de ella hasta la Plaça dels Països Catalans, y de reojo, cien metros antes de llegar, veremos a la izquierda los muros de la prisión Modelo. De hecho, si no miramos no nos perderemos nada. Quizás incluso mejor no hacerlo, no sea que al pasar nos vengan a la mente los tristes episodios que nos han explicado han ocurrido a lo largo de los años dentro del edificio. Definitivamente, mejor no mirar para no entristecernos que hoy no nos conviene. Ahora estaremos en otro magnífico barrio de la ciudad: habremos entrado en el distrito del Eixample (Ensanche) que se extiende a la izquierda de nuestro camino, una área que se divide en dos, derecha e izquierda, y ahora, concretamente, estaremos en esta última. No hace falta recordar que el Eixample de Barcelona fue inspirado por el ingeniero Ildefons Cerdà a mediados del siglo XlX con el fin de agrandar una ciudad que ya no podía constreñirse más dentro de las murallas medievales que la circundaban. No se sabe si Cerdà tuvo en cuenta al diseñarlo que años después correríamos el maratón por dentro de su plan, pero sin duda que la gran red de calles anchas, perpendiculares y largas que creó, con hileras de árboles a ambos lados, parece pensada para que esta locura nuestra de hoy sea posible hacerla con comodidad. No se sabe si lo previó, pero en cualquier caso, muchas gracias señor Cerdà.

Nos iremos acercando por la Avinguda de Josep Tarradellas a la Plaça dels Països Catalans, actualmente en obras para ampliar la estación para el AVE. Y si al llegar fijamos la vista, podremos ver encima de una plancha metálica ondulada que hay en primer término de la plaza, nada menos que un gato negro... de hierro. Los arquitectos que diseñaron el espacio el año 1983 quisieron que figurara un gato encima de un tejado “como primer habitante que se pasee” dijeron. Casi el primero y el único debemos decir, porque es una de las denominadas plazas duras de la ciudad, dónde no hay ni un milímetro de vegetación y no va nadie, excepto los skaters con sus monopatines, que a buen seguro veremos más de uno.

No haremos caso de lo que dicen algunos de que los gatos negros dan mala suerte, y al llegar a la calle Tarragona giraremos a la izquierda, donde enseguida, delante del Restaurante Peixerot - excelentes paellas, por cierto -, veremos el indicador del Km 9, un punto en el cual se da la curiosa coincidencia de que, justamente aquí mismo, empezó el maratón del año 1989.

A la altura de la mitad de la calle Tarragona, a la izquierda de nuestro paso, nos encontraremos el Parc de l’Escorxador (Parque del Matadero), donde existe la admirada escultura de Joan Miró, La dona i l’ocell (La mujer y el pájaro). Es obvio que el autor, obligado seguramente por las circunstancias, debió bautizar el monumento con un eufemismo, porque como todo el mundo sabe y lo confirmaremos al pasar por su lado, el monolito es un enorme pene. De mironianos colores si se quiere, pero un pene como una casa. Por cierto, las rectas que configuran el cuadrado del espacio, que son cuatro manzanas de el Eixample (1.000 metros mal contados) es un lugar donde no hay día que no se vea a corredores y corredoras dando vueltas a su alrededor

La zona se denomina El Manhattan barcelonés por los rascacielos que hay ahora. Desde las torres del complejo de viviendas Roma 2000 de delante del Peixerot dónde hemos pasado hace un momento - construido justo dónde había un cuartel de Artillería hace cuatro décadas - hasta los modernos edificios de oficinas del lado izquierdo. Contrasta con el hecho de que hace unos treinta años, cuando todavía existía el matadero que le da nombre al parque, fue un lugar donde uno se cruzaba con el ganado camino de ser sacrificado.

Y al final de Tarragona, en la Plaza España de nuevo, giraremos a la izquierda para coger la Gran Vía justo por debajo de la antigua plaza de toros Las Arenas, un edificio el interior del cual ha sido demolido, pero donde veremos como una estructura especial mantiene flotando la fachada insólitamente. Es así porque en Las Arenas hacen obras para convertirla en un centro comercial y de ocio. Según dicen, un tercio del espacio se dedicará a establecimientos comerciales y de restauración, y está previsto que en lo alto haya un gimnasio con una pista circular exterior de trescientos metros, y desde la cual se tendrá una visión panorámica de toda la ciudad mientras se haga footing.

Seguiremos por la Gran Vía, abreviatura de la oficial Gran Vía de les Corts Catalanes que nadie denomina nunca así por razones de ahorro, de la cual haremos un par de kilómetros. Más tarde nos la volveremos a encontrar, porque no en vano es la calle más larga de la ciudad. Cruzaremos la primera calle de la Gran Vía, la calle Llançà, dónde a la izquierda, y al lado de un modernísimo hotel que tiene una letra B en el tejado, nos llamará la atención el contraste de una casa de vecinos que posee una hermosa mariposa modernista de enormes alas en la fachada. Y algo más allá, a la altura de Vilamarí, encontraremos un punto kilométrico que nos ilusionará: el indicador del Km 10.

Y además…

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