Los 3 vértices del triángulo de la dignidad
Hay hombres que corren y son muy buenos. Hay hombres que corren y son los mejores. Y hay hombres buenos que corren, son los mejores, levantan descalzos y cabizbajos sus puños enguantados en negro y baten el récord de la dignidad humana para toda la eternidad.
La impresionante final de los 200 m que Tommie Smith, John Carlos y Peter Norman brindaron en México´68 apenas es comparable a su categoría moral.
El profesor de sociología Smith, un cuerpo y zancada perfectos para la prueba, consiguió un espeluznante 19.83 aun relajándose a falta de 10 metros.
Resultado: desposeído del oro, expulsado de la competición, amenazado y tratado como delincuente en su país.
Norman, piernas recias antitéticas a las de Smith, es una centella blanca que entra en tromba en meta: 20.06, todavía récord de Australia 40 años después.
Resultado: plata, apartado del equipo olímpico para competiciones venideras, sin trabajo fijo, zarandeado en los medios de comunicación de su país y olvidado por la organización en los actos de Sydney 2000.
Carlos, teórico favorito, de salida y físico explosivos, realizó una curva casi tan portentosa como la recta de Smith y lideró hasta los 140 metros, cuando Smith gestó un increíble cambio de revoluciones. Quizá el desánimo no le hizo percatarse del poderoso final de Norman.
Resultado: desposeído del bronce, expulsado de los Juegos, amenazado de muerte y soportando una violenta presión que condujo a su esposa al suicidio.
La protesta de estos 3 verdaderos hombres contra la privación de derechos humanos a las personas que no tienen el color de piel adecuado en EE.UU, Australia o donde sea, es la imagen más famosa de la historia de los Juegos Olímpicos.
Este es vídeo dela final de 200 m, y de la ceremonia de entrega de medallas: