Una dama de hierro

runners.es 07/06/2007
POSITIVO NEGATIVO VOTOS
Etiquetas: leire , elosegui , ironman , lanzarote , vasca

Una dama de hierro

La triatleta vasca Leire Elósegui ya es una chica de hierro. Lo logró el pasado 19 de mayo en Lanzarote. En la página 96 del último número de Runner's World reflejamos el testimonio de Leire ante tan magna hazaña. Y aquí os reproducimos el mismo texto a la vez que os adjuntamos más fotografías de aquel dia tan especial.

SOY UN IRONMAN

Cuando el maratón es sólo el postre

Supongo que muchas veces has oído hablar del Ironman como sólo para superhéroes o locos. Pues esta es la crónica personal de Leire Elósegui, una chica de San Sebastián, maratoniana ella, que en enero se planteó que quería ser una “chica de hierro”.

ES LA FRASE QUE HE QUERIDO ESCRIBIR DESDE ENERO. LA PRIMERA VEZ QUE OYES QUE SE TRATA DE NADAR 3,8 KM, ANDAR EN BICI 180 KM y después correr un maratón, te parece algo extraterrestre. Pero nada es imposible. Estrené mi bicicleta hace 15 meses. Me calcé con respeto los pedales automáticos y también automáticamente varias leches contra el asfalto. Mi primera cicloturista (lo de turista es un decir) delante del coche escoba me descubrió varias cosas. La primera; las “pintas” en la bici son insospechables, el gordito, la culona, te van a pasar a una velocidad de vértigo... La segunda; eso sí, llegar, se llega.

No quise decir a nadie que en enero ya tenía plaza en el Ironman de Lanzarote. Me daba miedo resultar pretenciosa. Tampoco quería más presión que la que yo misma me impuse. Pensé que mejor primero entrenar y luego ya, si eso, a falta de un par de semanas lo diría...

No ha sido fácil. El entrenamiento no me ha resultado lo más duro (ya soy sufridora desde hace muchos años). Peor ha sido la inseguridad y el miedo. Después de muchas horas “trabajadas” ya sabía que cualquier resultado que no fuera Ironman Finisher iba a asestarle un navajazo a mi autoestima, a mi ilusión. Yo contra mi misma. Nadie más en esta batalla.

En este camino, Xabi, mi compañero y todo un Ironman, ha sido imprescindible. Es la única persona de la que puedo decir esto. Mi paño de mal humor, mi rueda a seguir, mi animador, mi psicólogo, mi mayor fan. Me ha aguantado tantas lágrimas, tantos “a tomar por culo todo”...

19 de Mayo 2007: el día I

Son las 4 de la mañana. Nos levantamos. Estoy de buen humor, eléctrica perdida. Puerto del Carmen. Bolsas, avituallamientos, cremas, imperdibles… Es un follón. Ayer aprendí a cambiar una rueda, pero creo que tardaría una hora. ¡Bah! Si pincho me buscaré la vida. Antes de la salida empiezo a llorar. Ya es inevitable. El mar espera. Estamos en la orilla y sólo puedo llorar. Xabi me abraza. Dan la salida.

En la natación voy tranquila. Joder, qué fría está el agua. De vez en cuando meo y se me calienta un poco el neopreno. En mi segmento de natación, no vamos los que se “deslizan” ágiles, sino los que “luchamos” contra el agua. No quiero mirar al crono, vas muy bien Leire. Con el rato que llevamos, por lo menos llevo 3.000 m. Ah, igual es que han cambiado a una vuelta en vez de dos… claro, qué bien... hasta que veo el pasillito de subir a la playa y volver a dar otro giro. Se hace interminable.

Ya estoy en la bici. Esta es la madre del cordero. Todos llevan sus cuernos, menos cuatro gatos que vamos sin ellos: los míticos que pasan de todo (hay gente con calapiés de brida) y los paquetitos que no sabemos andar con ellos. Xabi me había dicho que hasta Mirador del Río, ojo a la media. Sufrimiento y viento en contra. Luego, todo bajada y a 60 km/h. Pues bien: hasta Mirador del Río voy que no me lo creo (viento en cola) y luego voy fatal (viento de frente). Durante la bici voy animándome con obsesión: canto una canción de Springsteen varias veces, me doy conversación. En mi grupo la gente se va animando porque el nombre lo llevas en el dorsal.

Veo a lo lejos una chica que hace el gesto con los brazos de “no más bici”. Ya he llegado. Me emociono, pero sé que todavía me queda un detalle: el maratón. Le doy un beso a mi bici “Adiós guapa, te quiero y te odio. Ya nos veremos”. Mi segunda transición es muy profesional: 13 minutos. Una de las chicas que nos da crema me dice: “¡Qué contenta vienes!”. Contenta de dejar la bici, ilusionada de ver ya mi objetivo más cercano. Ya estoy en el secano, en mi terreno. Hablo un rato con la gente. Llevo más de ocho horas hablando sola y necesito una pequeña interacción normal. Gorra, gafas y salgo corriendo. Estoy pendiente de Xabi. Qué ilusión verle. Estará terminando, en qué puesto ira.... Por fin le veo a lo lejos, levantamos los dos los brazos y corremos a abrazarnos. “¿Cómo vas Xabi?”, “El noveno”. Ya está terminando y a mi me queda el maratón. Estoy contentísima de su hazaña.

Mi pequeño objetivo “intraIronman” era correr durante todo el maratón. Mucha gente va andando. Paso a un montón de gente. No me pasa nadie. Voy muy bien. Para los runners, la sensación de correr en un Ironman es la del kilómetro 35 de un maratón. Descojonado, pero sabes que puedes seguir corriendo. Te quedan 7 para llegar a meta en un maratón. Aquí son 42. De vez en cuando me entran ganas de llorar, pero intento no hacerlo. Ya todo es tan fuerte que sé que no podría parar.... Es mi sueño, una batalla que voy a ganar. Llego a meta con los brazos levantados y me sacan la foto que yo tantas veces había sacado en mi mente. Soy un Ironman.

Y además…

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