Después de una mañana donde el sol lució sobre el cielo manchego, llega la tarde y las nubes se fueron compactando para cubrir completamente el cielo y descargar una fuerte lluvia que deslució todo el trabajo que tenía preparado lo organización. La recta de salida y meta, situada en la avenida príncipes de Asturias de Manzanares era preciosa, con muchos árboles que daban cobijo a los atletas pero que en esta edición no sirvieron sino para mitigar algo la lluvia. Supuestamente se corrían 10.500 metros pero en realidad no se superaron los 9.000. Y esa fue una de las quejas de los atletas cuando llegaron a meta, que la distancia no era la correcta, y además los parciales kilométricos no estaban bien contabilizados y no les servían las referencias de tiempo. Lo mejor fue sin duda que la lluvia no asustó a los atletas lo cual mitigó en parte los funestos presagios que se auguraban con la evolución de la climatología.