Siempre se ha pensado que el ritmo de vida endiablado y frenético que lleva a situaciones estresantes tiene como consecuencia un aumento de la grasa corporal. ¿Y si no fuera así?
Si únicamente analizamos los procesos biológicos, el estrés se vincula a la acumulación de grasa y a cambios metabólicos que aumentan el nivel de grasa en el abdomen. Lleva a preferir alimentos grasos, altos en calorías y a reducir la actividad física (todo ello supone un aumento de peso). Pero los estudios realizados no relacionan directamente al aumento de peso con el estrés. Para averiguarlo, varios investigadores hicieron un estudio a varios sujetos para ver el efecto del estrés social en la adiposidad (grasa corporal), así como el IMC (índice de masa corporal) y el perímetro de la cintura.
En la mayor parte de los mismos (un 68,8%) no se encontraron indicios reales que relacionaran el estrés con la adiposidad. En el resto, observaron que el cambio era más sensible a la adiposidad del cuerpo en general que a una adiposidad localizada en el abdomen.
Los científicos concluyeron que el vínculo entre el estrés y el aumento de peso, pese a existir, es mucho más pequeño que la creencia habitual y lo que estamos acostumbrados a leer