No en mi casa

El rey del fondo, en plena forma
Por Miguel Calvo / Foto: Miguelez -
No en mi casa
Mo Farah sigue asombrando

Acostumbrado a vivir en medio de rumores, sobre todo tras la presión que tuvo que superar el año pasado con la tormenta que se organizó en torno a su entrenador - Alberto Salazar – y su grupo de entrenamiento, Mo Farah, como si cada día tuviese que estar justificándose, hace mucho tiempo que ha aprendido a sobrevivir ajeno a los juicios paralelos que se montan sobre su propia figura.

Hace unas semanas, Kenenisa Bekele recuperó un debate habitual: “Mo Farah necesita un record del mundo para ser uno de los más grandes” dijo el etíope, seguramente desde la rivalidad histórica en la que los mitos están condenados a vivir eternamente y consciente, tal vez, de que el británico nunca superará  sus marcas en 5.000 y 10.000 metros y que, salvo que aparezca otro atleta como él o como Haile Gebrselassie, sólo el paso del tiempo podrá vencer a Farah.

Con la misma idea de fondo, Ian Stewart, el histórico corredor escocés que condujo a Farah durante sus primeros éxitos, piensa que el británico nunca llegará a esos récords, pero, en cambio, no cree que los necesite para ser uno de los más grandes:  “Mo Farah debe dejar de pensar en récords del mundo y centrarse en revalidar sus oros olímpicos”, al tiempo que, buen conocedor de las capacidades del atleta británico y sabedor de que tiene muy a mano dos nuevos oros olímpicos que le colocarían directamente en todos los libros de historia, acusaba a sus compatriotas Paula Radcliffe y Steve Cram de haberle llenado la cabeza con ideas al respecto.

Farah hace mucho que vive en su mundo y ha decidido comenzar su año olímpico, su reto más importante tras sus dos oros en Londres 2012, demostrando a todo el mundo su temible nivel en dos de las principales pruebas del calendario internacional que, precisamente, se han disputado en su propio hogar: las competiciones de la Diamond League que se han celebrado los dos últimos fines de semana en Eugene, su casa, y en Birmingham, su país.

El pasado fin de semana, en el Prefontaine Classic que se disputa en el mítico Hayward Field de Eugene (Portland), junto a la casa de Mo Farah y en el que fue el hogar de Prefontaine - el atleta al que la tragedia convirtió en un mito al nivel de las estrellas del Rock and Roll -, el británico ganó una de las mejores carreras de 10.000 metros que veremos en toda la temporada. De nuevo, su esprint final fue su seña de identidad, pero, por si acaso, su registro de 26:53.71 ha sido su tercera mejor marca de siempre – acredita 26:46.57 desde 2011, lejos de los 26:17.53 de Bekele y los 26:22.75 de Gebrselassie – y le coloca como líder mundial del año. Un paso al frente para dejar claro, por si había alguna duda, que es el rival a batir, pese a que no coincidió con Geoffrey Kamworor, el hombre que más le puede pelear la medalla olímpica y que fue segundo en los 5.000 metros de Eugene.

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Este domingo, en Birmingham, Mo Farah ha regresado a su país, donde la grada le adora y vive como si el tiempo se hubiese congelado en  la locura nacional de los Juegos Olímpicos de 2012. En esta ocasión la prueba ha sido de 3.000 metros y Farah (7:32.62) ha vuelto a terminar con una ovacionada vuelta de honor tras batir el récord británico en poder de David Moorcroft desde el 17 de julio de 1982, en una nueva exhibición de su poderío físico, tras correr los últimos mil metros en solitario.

En aquel lejano 1982, en medio de los maravillosos años del mediofondo británico y europeo, las cosas eran bien distintas. Moorcroft, siempre a la sombra de Coe, Ovett y Cram, encontró su momento de gloria subiendo de distancia y, tras batir el record del mundo de 5.000 metros unos días antes en los Bislett Games, aquella tarde de julio, en el histórico Crystal Palace de Londres, finalizó los 3.000 metros con un nuevo récord de Europa (7:32.79) , derrotando a atletas como Ovett, Maree, Walker, Scott, Wessinghage y Boit, entre los que solo se echó de menos a Coe, González y Rono.

Ahora, todo es tan diferente que el fondo y el mediofondo europeo viven lejos de aquellos días dorados y Mo Farah, demostrando su verdadero espíritu de mediofondista largo – sorprendiendo en mayor medida cuando más baja de distancia, como en su récord de Europa de 1.500 metros (3:28.81) –, continúa extendiendo su jerarquía en todas las distancias posibles, hasta el punto que, en la actualidad, ya acumula todos los récords británicos entre los 1.5000 metros y el medio maratón, pasando por los 3.000 metros, las dos millas, los 5.000 y 10.000 metros y los 10, 15 y 20 kilómetros en ruta.

Seguramente, tal y como aprovecha a recordar Bekele, desde la maldad de la rivalidad, o Ian Stewart, desde la autoridad del antiguo profesor, Mo Farah nunca consiga acercarse a esos récords mundiales, pero, a falta de dos meses para los Juegos Olímpicos de Rio, el británico sigue a lo suyo y eso empieza por dejar claro que, un año más, su gran estado de forma sigue siendo el mismo y que, a ese nivel, va a ser casi misión imposible derrotarle.

De momento, nada más empezar la temporada, tras ganar en el Hayward Field de Prefontaine y tras besar de rodillas la pista de Birmingham y dedicar su nueva victoria al recientemente fallecido Muhammad Ali, el británico ya es líder mundial del año de 3.000 y 10.000 metros y, sobre todo, ya ha demostrado que sigue siendo el mismo Farah invencible de los últimos veranos y que, si alguien quiere vencerle, desde luego no va a ser en su casa, ya sea esta Oregón, Gran Bretaña o, seguramente, una final olímpica.

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