Rusia se queda sin Juegos. ¿Justicia o represalia?

El Consejo Directivo de la IAAF resuelve vetar la participación de la selección rusa de atletismo en los JJ.OO. de Río. El COI apunta a la descalificación total
Por Sergio Hernández-Ranera / Foto: Jordi López -
Rusia se queda sin Juegos. ¿Justicia o represalia?
Fallo de la IAAF contra Rusia: ¿Justicia o represalia?

La reciente decisión del Consejo Directivo de la IAAF luego de valorar los informes de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) acerca del cumplimiento de las exigencias impuestas en materia de lucha contra el doping tras los últimos escándalos acaecidos en el país euroasiático, es un hecho sin precedentes en la historia del atletismo de consecuencias aún por definir y que acabará, si no lo ha hecho ya, por trascender del ámbito del deporte. 

La noticia cayó como una bomba el pasado fin de semana: el órgano rector de la IAAF renueva la prohibición de participar al equipo ruso de atletismo en las competiciones comerciales y oficiales de la temporada en curso; es decir, desde las reuniones del circuito internacional y los inminentes Campeonatos de Europa en Ámsterdam, hasta la competición estelar del año: los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en agosto.

La decisión de la IAAF parece no haber cogido por sorpresa a la mayoría de comentaristas, como tampoco a los órganos federativos rusos y sus deportistas. La razón: durante las dos últimas semanas una serie de acontecimientos acaecidos de manera casi ad hoc fueron perfilando el sentir general acerca del desenlace final; el anuncio por parte de la AMA de nuevos análisis positivos de muestras recogidas durante los Juegos de Pekín'08 -muchas de ellas pertenecientes a atletas rusos- y la emisión de un nuevo documental de denuncia del célebre periodista Hajo Seppelt en el canal alemán ARD, de nuevo a cuenta del dopaje en Rusia. Es evidente que todo esto, casi en vísperas del 17 de junio, de alguna manera también ha ejercido de factor de influencia o presión.

 

¿Vías de Escape o Chantaje?

El comunicado oficial de la IAAF es categórico; la prohibición atañe a la totalidad del atletismo ruso, sin excepciones. Es decir, afecta tanto a los implicados en casos de dopaje como a aquellos que nunca hayan estado mezclados en ellos. La IAAF, no obstante, ofrece al atletismo ruso dos salidas individualizadas cuyo cumplimiento obraría el permiso para competir en Río: 1) la delación personal con nombres y apellidos de atletas sospechosos de infringir las normas antidopaje, y 2) la demostración de residir y pasar controles antidopaje fuera de las fronteras de Rusia.

A partir de aquí, se suceden las valoraciones y los comentarios. Personalmente, la decisión de la IAAF sorprende por su extraordinaria dureza, máxime cuando los órganos federativos rusos habían tomado días atrás la determinación de no incluir en su selección a atletas que alguna vez hubiesen dado positivo en algún momento de su carrera, con independencia de que sus penas de descalificación ya estuviesen cumplidas. Teniendo en cuenta que los atletas rusos se hallaban vetados desde el pasado otoño sin posibilidad de competir en el extranjero, el equipo que finalmente hubiera podido formar la Federación Rusa de Atletismo habría estado doblemente debilitado, pues aparte de no figurar en él atleta alguno implicado en casos de dopaje, también carecería absolutamente de ritmo competitivo, por lo que la selección nacional rusa se condenaba así a un rendimiento más que mediocre en Brasil. En otras palabras, a la IAAF no le ha bastado una actuación rusa ridícula y la posibilidad de decir algo así como “Esto es lo que vale vuestro equipo limpio”.

Pero la IAAF -y el apoyo expreso que le brinda el COI- ha ido mucho más allá de esta lógica y se ha guiado por otra que no es estrictamente deportiva, pues incorpora elementos dudosos del ámbito del derecho y la política.

A estas alturas, cualquiera puede comprender con total claridad que la decisión del Consejo Directivo de la IAAF implica que paguen justos por pecadores, lo cual entraña una lógica perversa y que atenta contra un aspecto fundamental del Derecho, como es la presunción de inocencia. En cualquier proceso penal, los culpables tienen derecho a intentar demostrar que no lo son, pero en el caso que nos ocupa, los inocentes tienen que demostrar que no son culpables. Y esto, hay que decirlo a viva voz, es una auténtica barbaridad.

Los subterfugios propuestos por la IAAF para que algunos atletas rusos puedan actuar en Río son también de elegancia jurídica dudosa. La posibilidad de demostrar residencia en el extranjero para esquivar el veto, invita a creer que doparse fuera de Rusia no es viable. O lo que es lo mismo, que es imposible la existencia de atletas rusos limpios que vivan y entrenen en su propio país. A mi juicio, esta propuesta de la IAAF parte de una suposición muy dudosa y que reduce el problema a una cuestión maniqueísta donde en un lugar determinado sólo puede haber malos, en contraposición a otro lugar donde sólo están los buenos. La segunda vía de escape ofertada por la IAAF es la delación. Esto es, denunciar a otras personas para ganarse el favor de un placet mutilado, pues en última instancia se competiría bajo pabellón olímpico y no ruso. Suena más bien a chantaje puro y duro, en tanto que la IAAF presupone que el atletismo se tiene que limpiar a cuenta de una figura odiosa, como es la del delator o chivato. Téngase en cuenta que, por ejemplo, las filtraciones por antonomasia de este siglo (Wikileaks) o el canal al uso que recientemente ha creado Hajo Seppelt (Sportleaks), beben de fuentes anónimas.

 

Juez y parte

Sin embargo, esta historia no ha hecho más que empezar. En vísperas del fallo, la BBC británica emitió un reportaje de investigación donde dejaba en muy mal lugar al supuestamente honorabilísimo sir Sebastian Coe, actual presidente de la IAAF. Si ya su gestión en su época de vicepresidente de la organización abre muchos interrogantes (¿realmente era ajeno a la sórdida trama de corrupción desarrollada por el presidente Lamine Diack y su hijo Papa para “lavar” positivos rusos a cambio de dinero?), el reportaje muestra a las claras que Coe conoció con mucha antelación el caso de la maratonista Lilia Shobujova (cliente de la red de Diack) y no hizo nada sino taparlo (¿Por qué?). Esta circunstancia subraya el carácter aberrante de la propia IAAF, que actúa en el proceso contra el atletismo ruso como juez y también como parte.

 

Da la impresión de que la IAAF y Sebastian Coe se muestran tan expeditivos en todo este asunto por una cuestión de mera supervivencia, pues no en vano una parte del escándalo (atletismo ruso) está siendo castigada por la contraparte (IAAF-Coe).

De resultas, en Río podremos contemplar escenas paradójicas, que no cristalinas. Por ejemplo, ya en las semifinales de los 100 m, los tacos de salida estarán ocupados en su mayor parte por atletas con algún episodio oscuro a lo largo de sus carreras. Al frente de todos probablemente se hallará el estadounidense Justin Gatlin, de tenebroso pasado y luminoso presente delator, pues la IAAF lo restituyó supuestamente por chivato. ¿Es ésta la meta de la IAAF?

 

Un Doble Rasero

En resumidas cuentas, algo huele a podrido y no precisamente en Copenhague. El proceso desatado a raíz de los documentales de Hajo Seppelt (donde graba con cámara oculta testimonios y delaciones indirectas de atletas concretos) ha terminado -de momento- por provocar un durísimo dictamen de la IAAF algunos de cuyos párrafos podrían asimismo aplicarse punto por punto a varios países más, por ejemplo Turquía o España (sobre todo donde se habla de una “cultura de la tolerancia junto con la connivencia de las autoridades”). No en vano, el laboratorio de la Agencia Española Contra el Dopaje acaba de ser desmantelado por la AMA y la noticia ha pasado casi desapercibida. Da la impresión que una clave no necesariamente deportiva empieza a dominar el deporte mundial, pues nos hallamos ante un boicot olímpico indirecto de tesis contradictorias, pues si, tal y como aseguran la AMA y la IAFA, en Rusia rige una estructura de dopaje de Estado, ¿qué hace el COI que no extiende el veto a todas las disciplinas olímpicas? Y en las últimas horas, el COI parece ser consciente de esta lógica y comienza a lanzar su amenaza.

Los atletas rusos no son la cara de las grandes marcas comerciales, que apenas pierden nada con el veto. ¿Qué hubiera ocurrido en caso contrario? No es descabellado pensar que la prohibición no se hubiera cursado tan fácilmente, al menos en lo que respecta a las condiciones para la asistencia individualizada. Poniendo un ejemplo inverso, en Oregon (EE.UU.) los pupilos de Alberto Salazar, bajo sospecha permanente, integran un grupo de métodos opacos y de resultados sorprendentes. Pero se llama The Nike Oregon Project. Pese a las acusaciones de ex componentes del grupo y de otros deportistas y entrenadores estadounidenses, el proyecto permanece inalterable y los resultados de Mo Farah también.

La IAAF se esfuerza en explicar que basa su decisión en aras de una competición en igualdad de condiciones, y en aras de la protección de los atletas limpios. Este último propósito está fracasado, por cuanto la IAAF no ha protegido a los atletas rusos limpios, sino todo lo contrario. Respecto a la igualdad de condiciones, más o menos siempre la ha habido, ya sea en los años de “barra libre” en los ochenta, ya sea en la actualidad. Es algo que el mundillo sabe a la perfección.

 

Una Dosis de Fariseísmo

El COI parece estar considerando imponer el veto total al equipo olímpico ruso en Río, un paso tan inconcebible como lógico, a cuenta de ser consecuentes con las acusaciones de dopaje de Estado vertidas contra Rusia. Pero las máximas organizaciones deportivas del planeta –el propio COI y la FIFA– siempre han sido, supuestamente, un lodazal de corrupción. A lo largo de su historia, el COI ha contado entre sus dirigentes a reaccionarios como Pierre de Coubertin o filonazis como Avery Brundage, que costaron la marginación de las mujeres y de varios atletas negros y judíos. Cuando hablamos de supuesta corrupción, el nombre de Juan Antonio Samaranch luce en todo su esplendor. Antes de que estallara el escándalo de las comisiones a cuenta de las adjudicaciones de los Juegos en los años noventa, su negociación con la NBA para que los baloncestistas profesionales estadounidenses pudieran acudir al torneo olímpico en 1992 pudo catalogarse de gloriosa; aceptó las dos condiciones que le ponían: 1) no alojarse nunca en la Villa Olímpica, sino en un hotel de 5 estrellas, y 2) no tener que pasar jamás controles antidoping. Y ahí seguimos. Lo que quiero decir es que unas organizaciones corruptas hasta el tuétano, no pueden investirse ahora de transparencia y profesionalismo para impartir justicia. Porque más que justicia, esto parece una represalia.

 

Visto Desde el Lado Ruso

El único miembro ruso del Consejo Directivo de la IAAF (28 personas) es Mijail Butov, el nuevo presidente de la Federación de Atletismo de Rusia. En declaraciones a la prensa, cuenta que el pasado viernes, día de la votación en Viena, sus colegas le esquivaban la mirada antes de la votación, en la que no podía estar presente. Según Butov, la decisión se tomó mucho antes y ni siquiera hubo votación. “El resultado unánime indica que apenas hubo disensión, estaba todo decidido de antemano”, declara al diario deportivo ruso Sport Express.

Las figuras rusas fluctúan entre la resignación y la protesta, que se torna en indignación por la humillación –así lo consideran– que supone el resquicio de asistir a Río de manera individualizada y bajo bandera olímpica. Campeones olímpicos como Elena Isinbáeva (pértiga) o Andrei Silnov (altura) han declarado que a Río sólo acudirán bajo bandera rusa. Cifran su última esperanza en el Tribunal de Arbitraje Deportivo en Lausana, al que la Federación Rusa de Atletismo se dirigirá de urgencia. 

Aún instalados en el pesimismo desde hacía días, más interesante es la reflexión de algunos periodistas deportivos rusos acerca de por qué se ha llegado a esta situación. Natalia Marianchik (Sport Express) se preguntaba si la actitud poco inquisitorial de los periodistas deportivos rusos (a diferencia, por ejemplo, de Hajo Seppelt) para con este tipo de comportamientos y escándalos, no sería uno de los agravantes de las graves acusaciones vertidas contra el atletismo ruso. Porque lo cierto es que allí, en Rusia, una opinión muy extendida entre la opinión pública es que si no tomas substancias que mejoren el rendimiento, no compites en igualdad de condiciones, pues el deporte profesional es sucio por naturaleza. Más interesante todavía es la conclusión a la que llegan varias rúbricas de otro diario deportivo, Sovietski Sport. Uno de sus comentaristas, Yuri Tsibanev, apunta la paradoja de que, el mundo al revés, el carácter del castigo impuesto al deporte ruso es exactamente como el de una purga estalinista, donde se hace tabula rasa con todo, como los bombardeos de alfombra.

Mientras tanto, se comienza a aventurar la creación deprisa y corriendo de competiciones internas para no tirar totalmente por la borda la temporada de los atletas. Se alude a las Espartaquiadas, la competición creada en la URSS durante el tiempo en que el país estuvo vetado en los Juegos Olímpicos (hasta 1952). Sin embargo, por mucha competición paralela que los rusos puedan organizar, nada impedirá la progresiva pauperización de la mayoría de sus atletas; sin la posibilidad de ganar dinero en los meetings comerciales en Europa, apenas encontrarán patrocinio en su país. En estos momentos, el atletismo ruso ha entrado en coma.

 

El Objetivo Real: El Mundial de Fútbol 2018

Quien crea que los grandes acontecimientos deportivos son totalmente ajenos a la política, es un iluso. Para empezar, la razón primigenia de la creación de los Juegos Olímpicos fue política: aprovechar para entablar una tregua en las guerras entre las ciudades-Estado que componían la antigua Grecia. Conviene echar un vistazo a la situación geopolítica internacional para darse cuenta de cómo está el equilibrio de poderes en el mundo durante estos primeros convulsos años del siglo XXI. Entre la segunda mitad de 2013 y principios de 2014, Rusia obtuvo unas impactantes victorias diplomáticas y geopolíticas en la arena internacional. La concesión del derecho de asilo político al especialista estadounidense de la NSA/CIA en escuchas globales e información encriptada Edward Snowden, el abortamiento en el último suspiro y por vía diplomática del ataque anglo-estadounidense a Siria por el supuesto uso de armas químicas, y la organización de un referéndum de independencia y reunificación en Crimea tras el golpe de Estado supuestamente promovido por EE.UU. y la UE en Ucrania, dejaron a Rusia en el punto de mira de las ambiciones geoestratégicas del bloque de la OTAN, por incumplidas. Tras la exitosa campaña de bombardeos rusos en Siria contra el Estado Islámico y grupos terroristas como Jabbat Al-Nusra (filial de Al-Qaeda en Siria) y Sahr Al-Islam (todos con presunta financiación y pertrechos de EE.UU. y Turquía), un nuevo marco de guerra fría, ya incontenible, se ha apoderado de las relaciones internacionales, marcando una política de bloques en Occidente, una de cuyas múltiples aristas son los despliegues de tropas y constantes maniobras militares de la OTAN junto a las fronteras de Rusia. Luego de aprobarse en 2014 un régimen de sanciones internacionales contra Rusia, el efecto no es el esperado, pues el daño es poco significativo y recíproco: sufren por igual los exportadores europeos a Rusia (por ejemplo, los cítricos españoles, ahora vetados). Pero en perspectiva hay algo mucho más jugoso, algo mucho más gordo, un evento cuya anulación sí causaría un daño económico muy serio, a diferencia de las sanciones. Es el Mundial de la FIFA de 2018 en Rusia.

Pero un acontecimiento de esta magnitud no se retira así como así. Como mínimo, se necesita un caldo de cultivo previo, un ambiente enrarecido y unas premisas. Y en ésas nos hallamos. El impacto económico producto de tener varios estadios de fútbol nuevos vacíos y decenas de hoteles sin estrenar, ocasionaría un perjuicio muy grave a una economía no excesivamente boyante, en medio, además, de una crisis global que parece no tener fin. Este es el contexto en el que se está dilucidando el destino del deporte ruso a corto plazo y estos son los personajes que pueblan las estructuras de las mayores organizaciones deportivas del planeta. Porque, no lo olvidemos, Sebastian Coe (ex miembro del Parlamento británico por el Conservative Party) y muchos de los funcionarios deportivos de la IAAF y del COI vienen del mundo de la política y de la diplomacia. 

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