Un respeto a los atletas, por favor

Lamentables abucheos a los rivales de los brasileños
Por Álex Calabuig / Foto: Rafa Gómez (Runner's World) -
Un respeto a los atletas, por favor
Un respeto a los atletas

Siempre es triste tener que escribir acerca de temas extradeportivos en plenos Juegos Olímpicos, en los días en los que asistimos boquiabiertos a algunas de las hazañas más grandiosas de la historia del deporte. Pero lo sucedido anoche en el Estadio Olímpico de Río de Janeiro me impide permanecer impasible ante la inaceptable exhibición de falta de respeto protagonizada por gran parte del público brasileño.

Final de salto con pértiga. El francés Renaud Lavillenie, campeón olímpico en Londres 2012, trata de concentrarse para retener su título y doblegar al ídolo local, el brasileño Thiago Braz Da Silva, un pertiguista acreditado con 5,93 metros en pista cubierta (por 6,13 m de Lavillenie) y que está realizando el mejor concurso de su carrera deportiva. Ambos superan los 5,93 metros y, cuando llegan los saltos definitivos, el público comienza a desplegar todas sus artimañas para desconcentrar al francés. Como si se tratara de un partido de fútbol (o de otro deporte), Lavillenie tuvo que soportar abucheos, gritos, e insultos en los instantes previos a cada salto. Aun así, logró batir el récord olímpico con 5,98 metros, una altura que no resultó suficiente para colgarse la medalla de oro, ya que Da Silva, en estado de gracia, enloquecía a la masa con un nuevo récord olímpico (6,03 metros) que cambiará para siempre su vida.

Puedo disculpar la ausencia de cultura deportiva y que el público no aplauda a Kim Collins, Jo Pavey y compañía, pero jamás aceptaré que se violen los principios básicos del atletismo: la deportividad, el respeto y el reconocimiento al esfuerzo y a las capacidades de los rivales. No me gustó Da Silva, que no solicitó al público que se mantuviera en silencio, y tampoco me gustó la organización, que por megafonía debería haber insistido una y otra vez para que Lavillenie pudiera saltar en igualdad de condiciones. Tampoco hubiera estado de más que por los videomarcadores se pidiera silencio y respeto a los atletas.

Días antes de este incidente pudimos comprobar, en directo, cómo los jugadores de la selección española de baloncesto eran vejados por gran parte del público en su partido contra Nigeria. Insultos de todo tipo a los nuestros y abucheos lamentables a Pau Gasol (una de las estrellas mundiales de su deporte) impidieron a los españoles ejercer su profesión con el respeto que se merecían. Y es que algunos se olvidan de que los deportistas, además de entretenernos y maravillarnos, están trabajando. Intentan ganarse la vida con su esfuerzo, constancia y dedicación y no pueden ser tratados como delincuentes mientras trabajan para mantener a sus familias.

Otro ejemplo de conducta antideportiva –de los muchos vividos en estos Juegos- tuvo lugar durante el partido de Rafa Nadal contra el brasileño Thomaz Bellucci. El juez de silla tuvo que emplearse a fondo para lograr que se mantuviera el silencio, porque muchos espectadores no paraban de abuchear e insultar al español…

Ha llegado la hora de pararse y reflexionar acerca del futuro de nuestro deporte. En los estadios y pabellones hay muchos niños que están recibiendo una educación nefasta por parte de sus padres. Si esos chavales no reciben un buen baño de valores deportivos el deporte corre el riesgo de tomar para siempre el camino equivocado. Hay tiempo para rectificar, pero todos tenemos que poner de nuestra parte para que los aficionados animen a los suyos sin necesidad de insultar a los rivales. Amo el atletismo por el placer que me proporciona correr y por el éxtasis que recorre mi cuerpo cuando entran en acción extraterrestres como David Rudisha, Bernard Lagat o Tirunesh Dibaba. Pero también lo amo porque desde pequeñito, cuando asistía a las competiciones en el Estadio Vallehermoso o en el Palacio de los Deportes (Memorial Cagigal), me emocionaba ver al público aplaudir a los rivales de los españoles, disfrutar de su talento y, en definitiva, convivir pacíficamente sin discriminaciones de ningún tipo.

El mundo está demasiado revuelto, cada día mueren muchas personas violentamente y el deporte debería ser uno de los estandartes de la buena convivencia y de la paz. Como suele decirse, solo se necesita una persona para cambiar el mundo: TÚ MISMO.

 

NOTA: Brasil está lleno de gente maravillosa. En este artículo solo nos referimos a la parte del público que falta el respeto a los atletas. Al resto de aficionados le agradecemos su comportamiento ejemplar.

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