Cuando no estés

Noches de Río (IX). Bolt conquista su noveno oro el mismo día que Gracía Bragado culmina su séptima participación olímpica y que Isinbayeva anuncia su retirada definitiva.
Miguel Calvo / Fotografía: Rafa Gómez (Runner´s World) -
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Nada más anunciarse la exclusión de la selección rusa de atletismo de los Juegos Olímpicos de Río, Yelena Isinbayeva, la mejor pertiguista de la historia, se mostró muy disgustada ante la imposibilidad de participar en los que iban a ser sus quintos y últimos Juegos Olímpicos, los mismos con lo que esperaba retirarse aumentando su propia leyenda tras el regreso a la competición después de su maternidad.

La que gane el oro en Río en mi ausencia, será igual que si quedara segunda”, declaró enfadada la doble campeona olímpica en Atenas y en Pekín, reclamando para sí misma toda la atención. Semanas después, en Río y justo el mismo día que se celebraba la esperada final de pértiga, anunció su retirada definitiva del atletismo.

Mientras, en el estadio olímpico, tan azul, la competición, con su enorme ausencia, se presentó como un enfrentamiento entre el pasado más reciente (la vigente campeona olímpica Jennifer Shur), el presente (la vigente campeona mundial Yarisley Silva) y el futuro (con jóvenes atletas como Ekaterini Stefanidi, Sandi Morris o Eliza McCartney entre otras).

Shur, enferma, y Silva, se quedaron fueran de las medallas con 4.60 metros. McCartney, disfrutando de la competición como nadie con solo 19 años, aseguró el bronce dejando el récord de Nueva Zelanda en 4.80m. Y la griega Stefanidi, de 26 años, se proclamó campeona olímpica con un salto de 4.85m, después de que la estadounidense Morris, a sus 24 años, no pudiese superar los 4.90m en un último intento, pese a quedarse muy cerca de ello.

Lejos de melancolías, la final olímpica ha sido un triunfo incontestable de la juventud a la que pertenece el futuro que viene después de Río, y una final en la que, por primera vez, las tres medallistas han acabado por encima de los 4.80 metros, sólo superadas por el récord olímpico de 5.05m de Isinbayeva en 2008 y sus 4.91m de 2004.

Tras la pértiga, y después de la victoria estadounidense en el relevo  femenino de 4 x100 con el quinto oro olímpico de Allyson Felix,  el broche final de la penúltima noche de Río lo puso el relevo corto masculino, con una nueva fiesta jamaicana y Usain Bolt bailando con sus nueve medallas de oro, a la altura de Paavo Nurmi y Carl Lewis.

El atletismo necesita que yo gane”, declaró Bolt antes de Río.

Seguramente, convertido en el principal icono mundial del atletismo, y frente a los últimos escándalos institucionales y de dopaje, razón no le falte, porque el atletismo siempre necesita mitos en el estadio y estrellas mediáticas, como Allyson Felix o él mismo.

Pero dentro de muy poco, ellos ya no estarán, y la mejor noticia siempre será la aparición de nuevas estrellas globales, como Van Niekerk, Elaine Thompson o Faith Kipyegon, capaces de discutir a los viejos rockeros sus reinados y capaces de hacer crecer la rivalidad y la ilusión con el futuro.

Y pese a que en Río, la nostalgia haya querido invadirlo todo con el adiós de figuras tan irrepetibles como Bolt, Michael Phelps o la propia Isinbayeva. E incluso Chuso García Bragado, si es que alguien, tras terminar en el puesto 20 de los 50 kilómetros marcha con siete Juegos Olímpicos y 46 años a sus espaldas, se atreve a asegurar que no le veremos en la próxima cita olímpica.

Noches de Río. Todas las columnas publicadas por Miguel Calvo en Runner´s World con motivo de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

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