El viaje de regreso de Ruth Beitia

Noches de Río (X). Ruth Beitia se convierte en la primera atleta española en conseguir un oro olímpico, justo 40 años después del debut en Montreal 1976 de Carmen Valero, la primera atleta olímpica española.
Miguel Calvo / Fotografía: Rafa Gómez (Runner´s World) -
El viaje de regreso de Ruth Beitia
El viaje de regreso de Ruth Beitia

“Me quedaría a vivir en Macondo para toda la vida”

La hojarasca, Gabriel García Márquez

 

En la redacción de aquel pequeño periódico de provincias, todo el mundo recordaba la historia del viejo Matías.

Años antes de llegar a la jubilación, cansado, desilusionado tras tantos domingos detrás de su máquina de escribir, dejó todo y se fue a casa. “Es la hora de olvidarme de todo esto y comenzar a vivir”, cuentan que dijo antes de irse dejando detrás de si el sonido de un portazo.

Pero pocos meses después, aburrido de ver caer la lluvia al otro lado del cristal y de tantas hojas en blanco, Matías se dio cuenta que su vida estaba entre aquello a lo que siempre se había dedicado y que tanto amaba. Así que, rectificando, enseguida regresó a su mesa en el periódico. Qué otro oficio mejor puede haber en el mundo, como dijo Gabriel García Márquez.

Liberado, cada nuevo texto fue convirtiéndose cada vez más en una fiesta, en una interminable verbena de verano. Y como quien ha aprendido que cada nueva oportunidad hay que vivirla como si fuera la última, Matías ya no dejó de sonreír ni un solo momento, viviendo dentro de cada nuevo día.  

Parte de la leyenda, muchos años después, ni los más viejos de la redacción recuerdan cuándo se fue definitivamente, pues, al fin y al cabo, ya siempre fue como si nunca se hubiese vuelto a ir.

El viaje de Ruth Beitia terminó tras su cuarta posición en Londres 2012, cuando, triste y saturada de todo, anunció que se retiraba.

Hasta que sólo unos meses después, cansada de la lluvia que la alejaba de patinar y de la playa - su nuevo proyecto sabático de vida tras tantos años de esfuerzos -, enseguida volvió para regresar a la final olímpica de Río, el lugar donde siempre quiso estar.

Con el fondo azul del tartán olímpico, todas las playas de Río dentro del estadio, Beitia fue la primera en entender que la noche, igual que la vida, se juega en los pequeños detalles, y, creyendo en sí misma y en sus posibilidades más que nadie, comenzó la competición con tres saltos limpios en las tres primeras alturas (1.88, 1.93 y 1.97 metros).

Después de superar la altura de 1.93m, únicamente cuatro atletas estaban sin fallo. Tras superar el listón de 1.97m, sólo cuatro saltadoras seguían compitiendo (Beitia, Demireva, Vlasic y Lowe) y únicamente la cántabra seguía con un concurso inmaculado. Quien quisiera ganarla tenía que saltar 2.00 metros, y hacerlo antes que ella.

Pero Beitia ya había ganado el oro mucho antes, sabiendo competir mejor que nadie el día más importante de su vida.

A sus 37 años, el secreto de Beitia radica en que sigue haciendo lo mismo que ha hecho desde que tenía 10 años: amar el atletismo por encima de todo. Y, muy especialmente, en que ha sabido encontrar la felicidad en sí misma y en lo que hace, sobre todo en su segunda etapa como atleta, la misma que comenzó con el amargo cuarto puesto en Londres, en el momento en que menos se lo podía esperar, y desde donde no ha dejado de acumular sonrisas, títulos y campeonatos hasta llegar al oro olímpico, tan deseado.

La vida me ha regalado esta segunda oportunidad y ahora hemos recogido los frutos de todo lo que hemos sembrado durante 26 años”, afirmaba emocionada a los micrófonos de TVE nada más ganar el oro olímpico, sin dejar de recordar a su entrenador Ramón Torralbo, su “cincuenta por cien”.

Con su oro, el primero conseguido por una atleta española (la segunda medalla conseguida por una atleta española tras el bronce de María Vasco en Sidney 2000), Ruth Beitia ha cerrado el círculo que inició Carmen Valero, la primera atleta española en competir en unos Juegos Olímpicos en Montreal 1976, justo hace 40 años. Tanto valor tiene la gesta, sólo equiparable a los oros de Fermín Cacho y Daniel Plaza en Barcelona 1992, los únicos hasta ahora de los que podía presumir el atletismo español.

A veces los sueños se hacen realidad”, escribía la propia saltadora en las redes sociales la noche anterior a la final olímpica. “Despertando para soñar”, escribió la misma mañana de Río, tan profético.

Y mientras, mucho antes de quedarse a vivir para siempre en Macondo, preguntada sobre cuándo iba a llegar el momento del adiós, Beitia, en los últimos tiempos, en los de vino y rosas, contestaba que nunca más volvería a decir que se iba a retirar.

Seguramente, porque de alguna manera intuía que, como las leyendas, ya siempre será como si nunca se hubiese vuelto a ir.

Noches de Río. Todas las columnas publicadas por Miguel Calvo en Runner´s World con motivo de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

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