La noche de Van Niekerk

Noches de Río (IV). Usain Bolt se convierte en el primer atleta en ganar tres oros olímpicos en 100 metros. Mientras, Wyde Van Niekerk, auténtico protagonista de la noche, pulveriza el récord del mundo de los 400 metros.
Miguel Calvo -
La noche de Van Niekerk
La noche de Van Niekerk

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros”.

Julio Cortázar

 

En la primera fotografía que vi de los 100 metros de Río, el gran rival de Usain Bolt, Justin Gatlin, más fino que nunca, salía de los tacos en el calentamiento antes de las primeras series. Tanto ha preparado la salida, dicen.

Así que después de llevar meses contando zancadas, haciendo análisis de marcas, y estudiando tiempos de reacción, velocidades máximas y comparativas de las distintas partes de las carreras de uno y otro para poder ilustrar bien a fondo este texto, y con cada vez menos información, entre lesiones y pocas actuaciones, de si Bolt sigue siendo Bolt, tuve clara la investigación que me daría la respuesta sobre el verdadero estado de forma con el que llegaba el jamaicano a Río: tan solo tenía que estudiar sus fotografías en las series de Río y compararlas con las de Pekín 2008.  Ahí, observando todos los detalles, tendría todo lo que nos faltaba por saber.

Horas después, más allá de las inevitables diferencias de las equipaciones, mi estudio, tan científico, sólo sirvió para decirme que físicamente, ocho años después, el Usain Bolt de 2016 seguía siendo el mismo que en Pekín 2008.

Por lo que resuelta la cuestión, y adelantado el trabajo de escribir esta columna, decidí sentarme a ver tranquilamente las semifinales y la final de la prueba más televisiva e icónica de los Juegos Olímpicos modernos.

En la semifinal, Bolt maravilló con 9.86, así que todo seguía según lo previsto. No solo estaba seguro de su victoria, sino que cada vez dudaba más que alguien que no fuera él pudiese bajar de 9.80 en la final.

Ya en la final, con todos los focos encendidos, el tiempo de reacción de Bolt y Gatlin fueron casi el mismo (0.155 por 0.152). Como siempre, el americano aceleró mucho antes y se colocó por delante al paso por más allá de la mitad de la carrera. Y en la parte final, con un poco más de suspense de lo habitual, cuando todos luchan contra la desaceleración, la zancada de Bolt volvió a hacer parecer que él seguía acelerando, hasta que cruzó la meta de nuevo primero y con tiempo para celebrar. 9.81 segundos, sus grandes finales cada vez más lentas. Pero de nuevo dando un paso más para convertirse en la leyenda con la que tanta sueña, único ya con tres oros olímpicos en la prueba reina.   

Mi concienzuda investigación previa ya me había contado todo esto, pero entonces recordé otra fotografía que había omitido durante todas estas semanas: en una pequeña grada, en un tranquilo día de junio de este año en Kingston, Glen Mills, a sus 66 años, sonríe, y junto a él, debajo de una corta melena blanca y unas pequeñas gafas de sol, Anna Botha, a sus 74 años, parece apuntarle algo, mientras ambos comparten experiencias e impresiones.

Mills es el afamado entrenador de Bolt y Botha entrena a Wayde Van Niekerk, campeón del mundo en 2015, desde que el cuatrocentista comenzó a estudiar en la universidad de Kovsies, donde la sudafricana lleva ejerciendo su pasión de entrenadora desde hace más de 25 años. Y mientras ambos conversaban, sus chicos compartían entrenamientos con motivo de una competición y un pequeño stage  para el que los sudafricanos habían viajado a Jamaica.

Botha se mostró abrumada por la oportunidad de aprender con los jamaicanos. Bolt bromeaba sobre la rapidez de Van Niekerk y el propio cuatrocentista, entusiasmado por compartir la experiencia con el grupo de Mills, declaraba que ojalá, con un poco de suerte, en un futuro pudiese estar arriba con ellos.

Dos meses después, cuando Bolt y Blake salieron al estadio olímpico de Río para correr la gran final de los 100 metros, Van Niekerk ya había entrado en los libros de la historia con el oro en los 400 metros y un récord del mundo tan estratosférico (43.03) que no sólo había borrado la plusmarca de Michael Johnson conseguida en Sevilla en 1999 (43.18), sino que había eclipsado totalmente a Usain Bolt en uno de sus días más grandes dentro de su novela olímpica.

Vuelvo a recordar a Mills riendo con Botha.

Quizás ya sabía que el sudafricano, el único hombre capaz de bajar de los 10 segundos en los 100 metros (9.98), de los 20 segundos en los 200 metros (19.94) y de los 44 segundos en los 400 metros, batiría el histórico récord de Michael Johnson.

Y que la gran noche de Usain Bolt iba a ser recordada siempre como la noche de Van Niekerk.

 

Noches de Río. Todas las columnas publicadas por Miguel Calvo en Runner´s World con motivo de los Juegos Olímpicos de Río 2016:

Otros artículos relacionados: "Kingston, otro día en la oficina"

Nota: fotografías Twitter Usain Bolt y Wayde Van Niekerk

 

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