Vivir en 100 segundos

Noches de Río (V). En una noche inolvidable, David Rudisha consiguió su segundo oro olímpico consecutivo y Thiago Braz y Shaunae Miller derrotaron a Renaud Lavillenie y Allyson Felix
Miguel Calvo -
Vivir en 100 segundos
Vivir en 100 segundos

Correréis la mejor carrera de la historia, pero a cambio quedaréis presos en ella”. Y así, como si de una maldición se tratase, cuatro años después seguimos hablando de la final de 800 metros de Londres 2012, mientras que sus protagonistas, apenas volvieron a ser los de aquel día.

Sobre David Rudisha, campeón olímpico aquel día y plusmarquista mundial (1:40.91), enseguida cayó una sentencia casi imposible: “será el primer hombre en dar dos vueltas al estadio en menos de 100 segundos”, escribían los cronistas nada más finalizar la carrera. Y mientras, el keniano, se vio inmerso en una madeja de problemas físicos que nos llegaron hasta a hacer dudar de si le volveríamos a ver al mejor de los niveles.

Siempre con su zancada tan elegante, Rudisha tiró del carácter que sólo los mitos saben gestionar y, después de tres años sin liderar el ránking mundial, se proclamó campeón del mundo en Pekín 2015. El rey seguía siendo el rey, pero ya nunca volvimos a verle cerca de la mítica barrera que años antes parecía llevar su nombre.

Rebuscando en la maldición, de los ochos participantes en aquella mítica final de Londres, tan solo Mohammed Aman (1:42.37 en 2013 frente a sus 1:43.30 de 2012) volvió a correr en alguna ocasión más rápido de lo que lo hicieron en la capital londinense. Únicamente, al año siguiente, en la final del mundial de Moscú 2013 volvieron a destacar alguno de ellos (con el oro de Aman y la plata de Nick Symmonds). Y desde ahí, el desierto: de los ocho, Rudisha es el único que estuvo en la final de Pekín del año pasado; tan solo Rudisha, Amos y Aman llegaron a Río; y, de nuevo, tan solo Rudisha corrió anoche la final olímpica cuatro años después.

Pero de nuevo, el keniano volvió a demostrar que los mitos no entienden de maldiciones y tras una alocada carrera en la que su compañero Kipketer nunca le dejó correr en cabeza, como tanto le gusta, en la última vuelta de Río, imperial, Rudisha ganó su segundo oro consecutivo con sus inalcanzables cambios de ritmo.

La marca fue de 1:42.16, la segunda carrera olímpica más rápida de siempre detrás de la Londres. Y con el murmullo de nuevo de los 100 segundos, quién va creer en maldiciones cuando Rudisha luce su segundo oro consecutivo, algo que no se veía desde Peter Snell en Roma 1960 y Tokio 1964.

Lejos de los límites de la gravedad que rigen en el tartán, el pequeño Renaud Lavillenie creció en la región francesa de Poitou-Charentes jugando con las pértigas que tanto amó su abuelo y con las que saltaba su padre, Jean. Soñando con el cielo, tan lejano.

Hasta que en algún momento, debió de aceptar su pacto con el diablo particular: “Saltarás tan alto como nunca nadie lo ha hecho, pero a cambio nunca serás campeón del mundo”. O lo que es lo mismo, “saltarás más alto que nadie, serás el gran dominador de la pértiga, pero nunca encontrarás tranquilidad en las grandes finales”. Y así, como si de una maldición se tratase, Lavillenie se proclamó campeón olímpico en Londres y llegó más allá de los límites que había dibujado Bubka, pero nunca alcanzó el título de campeón del mundo.

Y entonces, tras un difícil concurso en el europeo de Amsterdam, donde no superó su primera altura, llegó de nuevo una final olímpica  y otra vez la sensación de que sería imposible que el francés no ganara.

Pero, como para cambiarlo todo, primero llegó la lluvia, que detuvo la competición antes de que empezara, y después el público, para abuchear al francés, tan injusto, y llevar en volandas a Thiago Braz, el héroe de estos Juegos Olímpicos.

Con 5,98 metros y récord olímpico, nadie podía pensar que el oro se le iba a escapar a Lavillenie, pero el brasileño superó los 6,03 metros entre ovaciones, mientras que el francés, increpado, se vio superado, incapaz de convertirse en el segundo saltador de la historia en ganar dos oros olímpicos tras Robert Richards (Helsinki 1952y 1956), como todos pensábamos que iba a ocurrir antes de que comenzara la cita carioca.

Lejos de maldiciones, Lavillenie recordó después de la competición a Jesse Owens  como ejemplo de ambiente hostil. El francés olvidaba que, pese a todo, el público alemán aplaudió al negro americano, y quizás, dado el carácter infinito que ya había adquirido la noche de Río, a quien quería haber citado es a Borges, para quién “la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece”.

La gloria olímpica, junto a Rudisha, ya pertenece a Thiago Braz, capaz de olvidar su mejor marca de 5,92 metros y llegar hasta 6,03 metros, y a Shaunae Miller, que creyó tanto en ello que hasta fue capaz de tirarse en plancha sobre la misma línea de meta para conseguirlo.

La derrota, seguirá dignificando a mitos como Lavillenie o Allyson Felix, recordándonos, de nuevo, que no siempre se puede vivir en 100 segundos.

Noches de Río. Todas las columnas publicadas por Miguel Calvo en Runner´s World con motivo de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Te recomendamos

La compañía de neumáticos premium Hankook tiene sus miras puestas en el presente… y e...

Con mejoras en el upper pero manteniendo su tradicional personalidad de rodadora...

Participa en nuestro sorteo y gana una de estas dos magníficas chaquetas de cuero Ind...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...