¿Es el pulsómetro un buen aliado para el corredor?

Sencillas pautas para aclarar algunas dudas sobre el uso de este aparatito que nos informa de nuestro rendimiento cardiovascular.
Ezequiel Bellido Verdú -
¿Es el pulsómetro un buen aliado para el corredor?
¿Es el pulsómetro un buen aliado?

Quizás seas amiguito del pulsómetro o quizás no. Quizás seas de los que todavía se lo ponen casi cada mañana antes de levantarse de la cama para ver el nivel de asimilación del entrenamiento y descanso. Si es así, enhorabuena, señal inequívoca de estás muy fanático y centrado en tu rendimiento.

Ni que decir tiene que el pulsómetro lleva muchos años entre nosotros y el que más y el que menos habrá tirado de él. Ya seas corredor de asfalto como de montaña seguro que más de una vez has ‘ensalivado’ su cinta para colocártela y que te acompañe en algún rodaje. Su uso suele estar más extendido entre los amantes del zapateo de asfalto, la razón muy simple: Su velocidad de carrera es constante y por tanto su ritmo cardiaco se mantiene bastante más estable que el del corredor de montaña. Los perfiles y recorridos por donde transita el corremontes no suelen dar tregua a su corazón, llevándolo de arriba abajo como un yoyo. En este sentido la idea de llevar controlado el ritmo cardiaco y mantenerlo dentro de un rango es una tarea más complicada aunque programando el intervalo en el cual queremos entrenar no tendría que haber mayor problema, ¡el famoso ‘pitido’ está para algo!

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Muchos todavía  piensan que el uso del pulsómetro  sólo tiene sentido si eres un corredor de alto nivel. Pues no, si eres principiante y sabes cuáles son tus pulsaciones máximas así como tus umbrales verdaderos le puedes sacar mucho partido al aparatito. ¿Cómo? Corriendo dentro de las franjas de pulsaciones coherentes según sea tu objetivo del entrenamiento. Esto te permitirá optimizar –hablamos de aprovechar- mucho más el tiempo que dedicas a tu deporte, así como obtener entre otras, algunas ventajas más:

-Aumentar probabilidad de asimilación del entrenamiento.

-Minimizar el tiempo de recuperación entre sesiones.

-Reducir el riesgo de lesiones.

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Eso sí, lo suyo es que antes de darle uso te sometas a una prueba de esfuerzo. Primero por tu salud y segundo para saber de forma veraz dos valores fundamentales que te servirán para planificar  los entrenamientos de forma más efectiva: Frecuencia cardiaca (FC) máxima y umbrales –aeróbico y anaeróbico-. Estas cifras también te ayudarán a saber que ritmos tienes que potenciar y cuáles debes mejorar, así como tu economía de carrera –siempre y cuando te hayan puesto un analizador de gases-.

Pero, ¿tiene sentido utilizar el pulsómetro si no me someto a una prueba de esfuerzo?

La respuesta es contradictoria, sí y no. En el caso afirmativo diríamos que para que tuviera sentido tendrías que al menos coger lápiz y papel para calcular primero tu FC máxima -a partir de la fórmula típica- y luego tus umbrales. Claro está que estas cifras serían muy teóricas y podrían alejarse por exceso o defecto de las reales. En caso negativo, tendríamos al corredor que usa un bonito pulsómetro pero no sabe ninguno de los valores anteriores. Sólo sabe decirnos que corre a X pulsaciones y no tiene referencia alguna de qué significa eso. Así que ya sabes, prueba de esfuerzo o a calcular. Sin duda que la primera es la mejor opción.

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Pero cuidado, aunque la herramienta protagonista de este articulillo sea muy útil para sacar partido a tus sesiones de entrenamiento, no es la panacea y no sólo por usarla, saber nuestro pulso máximo y umbrales vas a mejorar sí o sí. Todos estos valores se deben manejar de forma conveniente para desequilibrarte fisiológicamente, aunque sin sobrepasarte con las cargas-hablamos de evitar el sobreentrenamiento-, con el  objetivo de asimilarlas  a través de las adaptaciones que creará tu cuerpo. Para ello la intervención de la figura de un profesional del entrenamiento podría ser fundamental.

Otra recomendación: Llevar como compañero de rodaje o carrera al pulsómetro es muy buena idea, pero ojo, hay variables como la deshidratación o el estrés pre-carrera que hacen que las cifras que nos marca no sean del todo coherentes respecto a nuestra velocidad. Si somos conscientes que esto es así, perfecto. El amiguito nos puede ayudar mucho, pero no debería ser él quien nos ponga ‘el freno de mano’ sino nuestras sensaciones. Una continua obsesión con el pulsómetro podría jugarnos una mala pasada, o lo que es peor, nos ayudaría a que pese a llevar muchos años corriendo, no llegáramos a conocernos nunca...

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