Huye de la fatiga crónica

Uno de nuestros peores enemigos cuando nos pasamos entrenando.
Rodrigo Gavela | ILUSTRACIÓN: Wesley Allsbrook -
Huye de la fatiga crónica
Huye de la fatiga crónica

Existe una creencia entre los corredores aficionados que identifica entrenamiento máximo continuado con una gran mejora de las capacidades físicas y con un mayor rendimiento en la competición. Y es un grave error, pues suele ocurrir todo lo contrario, ya que cuando el esfuerzo físico es extenuante y mantenido a lo largo de una larga preparación, se produce un gran estrés físico y psíquico, lo que desemboca en un exceso de entrenamiento que los fisiólogos identifican como fatiga aguda continua o crónica. Ésta disminuye la capacidad de respuesta del organismo, provocando un agotamiento continuo; merma la capacidad para mantener la atención y la concentración; casi se pierde el apetito; te cambia el ánimo; llega a producir insomnio y disminuye la lívido.

Los excesivos machaques en los entrenamientos, en largos periodos de tiempo y de forma continua, con pocas sesiones de recuperación, conducen a un desequilibrio en la relación entrenamiento-asimilación. Se considera que un corredor entra en fatiga crónica cuando tiene dificultad para mantener un ritmo determinado que antes dominaba sin dificultad; cuando es incapaz de mantener una carga de trabajo determinada, incluso menor que la de meses anteriores; cuando no consigue asimilar sus entrenamientos, pues siempre está cansado y agotado, y cuando no se llega a adaptar a ellos. Escucha al cuerpo para no forzarle por encima de sus posibilidades, es la mejor prevención contra el sobreentrenamiento. Si un día entrenas muy fuerte hay que descansar el siguiente o disminuir la intensidad. En caso de duda, siempre es mejor hacer menos que más, o más despacio que fuerte. 

Hay que pensar en mejoras a largo plazo y ser pacientes, pues el cuerpo necesita su tiempo para asimilar el trabajo.

No se debe confundir la fatiga aguda crónica con la fatiga propia de entrenamientos fuertes, que requieren unos días de adaptación, pero que se acaban asimilando. Sí se recupera se produce una supercompensación, y con ello un mayor rendimiento.

SÍNTOMAS

Disminuye la capacidad de trabajo, de la fuerza y de la capacidad técnica. Cansancio, insomnio, pérdida de peso, disminución o aumento exagerado del apetito, aumento de catarros, variación anormal de la frecuencia cardiaca, en reposo, en máximos y en recuperación. Malas sensaciones de entrenamiento durante más de una semana seguida, con una alta percepción de fatiga. Inestabilidad emocional e irritabilidad. Alteración del Sistema Inmune. Disminuyen los leucocitos, los neutrófilos y la inmunoglobulina.

PREVENCIÓN

La cantidad de entrenamiento que se realice se ha de hacer en función de la capacidad de asimilación del mismo. Un buen consejo es que entrenes menos de lo que puedes y que descanses lo más posible. Con las analíticas de sangre y orina se pueden detectar niveles anormales de ciertos valores que invitan a bajar el pistón y ser más prudentes. Si las sensaciones a la hora de entrenar son malas durante varios días seguidos, lo mejor es bajar el ritmo de forma considerable. Sí el pulso de recuperación es alto, incluso bajando el ritmo de los entrenamientos, es urgente descansar. Si las piernas duelen y cuesta entrenar los días de calidad es que no has asimilado el trabajo anterior, así que es mejor rodar y dejar de hacer uno o varios días de calidad para darle tregua al cuerpo.

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