El entrenador, ese gran desconocido

Bonito tributo de Mayte Martínez a este gremio a veces tan olvidado.
Mayte Martínez. -
El entrenador, ese gran desconocido
El entrenador

Quiero rendir un homenaje a los entrenadores, personas imprescindibles que gracias a su buena labor consiguen que todos nosotros logremos (o al menos lo intentemos) alcanzar nuestros objetivos. Son la mitad del binomio atleta-entrenador, ya sé que no hay que ser Einstein para llegar a esa conclusión... Casi todos realizan su trabajo por amor al arte y dedican muchas horas de su vida para que lleguemos a ser mejores atletas e incluso personas.

Como sabéis la relación que mantengo con mi entrenador es especial, él también es mi pareja. A veces me intento aprovechar de esta situación y darle un poco de lástima para que se apiade de mi en algún entrenamiento, pero él, implacable, ¡ni caso!

Todos los atletas deberíamos ponernos en algún momento en su pellejo (como los futbolistas con los árbitros), eso que se conoce como empatizar, para darnos cuenta de lo guerreros que podemos llegar a ser. Este verano he podido comprobarlo con mi experiencia, y la verdad, ¡qué distintas se ven las cosas cuando te pones al otro lado! Entrené por un mes a un amigo y redactor de esta casa, “el Depa”. La experiencia surgió casi en broma debido a la ilusión que él tenía por correr en Osaka la carrera de periodistas. Además coincidía con mi distancia: el 800. Su trayectoria atlética no era la más apropiada para afrontar dicha prueba ya que es un fondista y como tal, no paraba de hacer series largas. Le dije: ¡Cómo sigas así no bajas ni de 3 minutos! No se le ocurre otra cosa que contestarme: ¡Pues entréname tú! Me quedé tan sorprendida como entusiasmada con la idea y decidí convertirme por unas semanas en entrenadora.

Manos a la obra. Le ordené que dejara de hacer tanto volumen y que se pusiera a correr rápido, a trabajar un poco la técnica de carrera y la fuerza específica. Su trabajo era muy similar al que estaba haciendo yo en ese momento, adaptado a sus posibilidades. Reconozco que tuve suerte porque fue un pupilo ejemplar y ejecutó sin rechistar el plan que con tanta ilusión le encomendaba. Fue más profesional que muchos de los que nos denominamos así, a pesar de sus amenazas a comportarse como yo y así me hiciera una idea de la paciencia que tiene mi entrenador conmigo ante mis constantes protestas. Así me di cuenta de las vivencias y sensaciones que tiene un entrenador en el día a día, la responsabilidad de confeccionar entrenamientos, la incertidumbre de saber los resultados, las dudas de acertar con los estímulos adecuados

Finalmente quería reivindicar el estado en que se encuentra este colectivo tan importante pero tan poco valorado entre la mayoría de los estamentos atléticos, entre ellos los propios atletas. No siempre los malos resultados son por culpa de ellos. Reflexionad en ello.

(Artículo publicado en el número de noviembre de 2007)

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