Heroínas Anónimas: Rocío O. A.

“La vida es real y te golpea cuando menos te lo esperas, pero correr te ayuda a afrontar esos golpes que tanto duelen y que tanto te marcan”, nos cuenta Rocío.
Rocío O. A. -
Heroínas Anónimas: Rocío O. A.
Heroínas Anónimas: Rocío O. A.

En julio se cumplirán 10 años de la muerte de mi hermano en un accidente de moto. Cuando estoy muy cansada y no puedo más, me digo “voy a hacerlo por él”. Cada logro y cada meta se la dedico, ¡siempre! Me llamo Rocío Ortega, tengo 36 años y vivo en Elda (mi ciudad, la que me vio crecer y disfrutar de mi juventud). Mi hija tiene 8 años y mi hijo 6 y, cada vez que puedo, me los llevo a ver a su padre correr o a una competición de bici. Porque eso hacía mi madre conmigo; mi padre y mi hermano jugaban al frontenis y, cuando competían, nosotras íbamos a verlos. Así siempre, disfrutando del deporte en casa. Mi hermano incluso luego jugó al fútbol y también entrenaba en bici. La misma bici que motivó hace unos años a mi marido (Mateo) a iniciarse en el deporte y a meternos a ambos (sí, él lo logró), en esta pura adrenalina que te da entrenar y ponerte un dorsal.

Yo empecé jugando al pádel. Durante dos años era mi vía de escape deportiva. Estaba casada pero todavía no era madre. Sin embargo, la muerte de mi hermano acabó con esa racha. Dejé todo lo que tenía que ver con salir, con socializarme: el deporte, mis amigas. Solo quería estar en mi nido, con mi familia. Mi padre, que siempre había sido un gran deportista, también lo dejó. La situación me sobrepasó y no pensaba en retomar mi vida deportiva. Al año nació mi hija y, dos años después, mi pequeño. Fue entonces cuando Mateo decidió coger la bici de mi hermano y empezó a salir en grupo. Yo lo veía y me gustaba, pero tenía claro que eso no iba conmigo. No obstante, la vida saludable que habíamos llevado siempre en casa y la motivación extra del ambiente de las carreras y de los entrenos que ahora veía con Mateo, me llevaron a pensar que, tal vez, yo también podría hacer lo mismo.

Así que me apunté a la San Silvestre de Elda de hace tres años para recorrer tres kilómetros por las calles de mi ciudad. Siempre la había visto como una carrera popular y muy familiar. Pensé “esta es la mía”, y sin entrenar ni haberme calzado nunca las zapatillas de running, nos lanzamos en familia. Mateo y yo con nuestros hijos, el pequeño en un carrito y la mayor andando, corriendo y a veces en brazos. Para mí fue muy duro porque me enfrenté a muchos miedos, el mayor el mío. Pero supe que si los demás pueden hacerlo, yo también.

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Los niños todavía eran pequeños y mi horario de oficina era partido, así que empecé a entrenar sola y por mi cuenta a partir de las ocho de la tarde/noche. Comencé como todo el mundo, con un correr/caminar que me costaba la vida y, cuando llevaba apenas unos segundos corriendo, me paraba a pensar “esto es muy sufrido, cómo puede la gente correr de esta manera”. Pero Mateo, un pilar fundamental en mi vida, me motivaba y me ayudaba, explicándome que el camino era difícil pero que podía conseguirlo.

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Así que, sin darme cuenta y poco a poco, empecé a encontrarme a mí misma y participé en la carrera “El Amanecer” de Santa Pola (6 kilómetros) que, aunque dura, me hizo revivir muchas cosas. Sentir esos nervios previos cuando te pones el dorsal, saber que te vas a enfrentar a ti misma y ver cómo la gente te lleva, es una sensación indescriptible que te engancha. Luego vinieron los 10k de Benidorm, en el mes de noviembre, que los corrí en menos de una hora y fue cuando, literalmente, “me vine arriba”.

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Sin embargo, tan solo unas semanas después lo tuve que abandonar todo y ponerme en manos de un psicólogo porque, quieras o no, arrastraba todavía el peso de la muerte de mi hermano. Eso, sumado a las circunstancias de ser madre de dos pequeños y del estrés que yo sola me había generado, me superaron y tuve que recurrir a un profesional para salir del bache y poder retomar mi vida.

¡Y vaya si la retomé! Ese verano volví a correr, volví a entrenar y a sentir las ganas de ponerme un dorsal. Así que Mateo y yo nos apuntamos a la Media Maratón de Benidorm (él) y a los 10 kilómetros yo. Estaba muy contenta. Me había preparado para mejorar mi marca. Solo había corrido, hasta entonces, once kilómetros del tirón. Pero me sentía muy bien y, sobre todo, motivada y animada. Así que nos pusimos el dorsal y, ya en la línea de salida, nos dimos cuenta de que Mateo me había inscrito en la media maratón. ¡Casi me da algo!, pero ya que estábamos allí, mi marido me animó a correrla con él. Me dijo “yo te acompaño los 10 kilómetros y, a partir de ahí, tú decides”. Así que decidí seguir, decidí arriesgarme, decidí atreverme y sí, terminé los 21 kilómetros más increíbles de mi vida.

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Después de varias carreras de asfalto, un buen día tomamos juntos la decisión de subir a la montaña y disfrutar de sus caminos. Y tanto fue así, que ya llevo en mis piernas cuatro trails (dos de 15 kms, uno de 12 y otro de 9).

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Y aunque una lesión me tiene apartada varias semanas de mis montañas, tengo muy claro que quiero esto en mi vida. Que el deporte es mi vía de escape y que gracias a él, mi vida y mi manera de ver las cosas han cambiado por completo. Además de que me ha subido la autoestima y me ayuda a afrontar mi día a día de una manera mucho más positiva.

Y aunque las cosas no siempre salen a la primera, nunca es tarde para nada y, si te lo propones, puedes llegar a conseguirlo. La vida es real y te golpea cuando menos te lo esperas, pero correr te ayuda a afrontar esos golpes que tanto duelen y que tanto te marcan.

Muchas gracias Rocío por abrirnos tu corazón y contarnos tu preciosa historia de lucha contigo misma, enfrentándote a una situación realmente dura y superándolo como una auténtica campeona. Desde fuera, en ocasiones, las cosas parecen fáciles pero solo cada de nosotras sabemos lo difíciles que pueden llegar a ser según nuestras circunstancias. Ahí fuera tienes infinitos retos por cumplir que te están esperando y de la mano de Mateo, serán un auténtico disfrute. Ahora lo más importante es curar bien esa lesión y seguir sumando kilómetros de felicidad.

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