El maratón es un chiste

Uno de los cómicos más admirados del país afronta su primer duelo contra Filípides
Alberto Hernández | Fotos: Bárbara Sánchez Palomero -
El maratón es un chiste
El maratón es un chiste

A José Luis Izquierdo nadie le llama José Luis Izquierdo. Desde que escogiera el ofi­cio de ajustar la golilla al abu­rrimiento todo el mundo le conoce como Mago More, o More a secas. Concretar cómo narices lleva el pan a la mesa es una tarea bastante complicada, pues lo mismo te saca un dos de oros del calzoncillo que se luce en un monólogo, te embelesa con sus dotes de conferenciante, escribe un libro o le da por organizar algún loco evento con alguna de las ocho em­presas de las que es socio. Culo inquieto de manual. Tanto que a uno le sorprende que hasta bien entrado en la cuarta década de su vida no se dejase tentar por la locura de los pantalones cortos y la vaselina en los pezones.

Él es el primer impactado, que conste en acta: “Si hace un año alguien me dice que iba a ser entrevistado por una revista de corredores hubie­se pensado: se te ha ido la pinza. Recuerdo que iba al fisio y veía la Runner´s World y era como ver una publica­ción de macramé o gan­chillo... algo tan lejano... La ojeaba de vez en cuando y todo me parecía surrealista; que si anuncios de proteínas, ropa técnica, zapatillas... ¡Yo que pensaba que solo había una marca de zapatillas de correr y resulta que hay mo­gollón! Pensaba que estábais enfermos y ahora resulta que estoy aquí con vosotros... ¡Soy un enfermo!”.

Como buen converso, el grado de su adicción es alto, ya saben, de esos tipos que riñen con su mujer (Rosalía, sin ánimo de ofender, es mu­cho mejor corredora que él, una máquina del asunto), sin el día de descanso porque son inacapaces de calentar el sofá y necesitan su dosis de kilómetros, su chute de endorfinas. Lo bueno es que ni tiene vergüenza, en gene­ral y a la hora de reconocer que en esta época de suelas desgastadas anda por ahí con tochos sobre entrena­miento de maratón bajo el brazo y consumiendo vídeos sobre su nueva pasión. More resume la situación actual de manera súper gráfica: “Me he convertido en un subnor­mal del running”.

Otra de las características del nuevo miembro de nues­tra secta es que los tiene bastante bien colocados. Así como de tamaño XL. Es la única explicación posible al hecho de que el Maratón de Nueva York haya estado a punto de ser su primera carrera oficial: “Al final, por tener una referencia y porque soy de Ávila, dos semanas antes del maratón haré la media de mi ciudad. Jamás he participado en un 5K o un 10K... porque creo que hay que hacer las cosas a lo grande, y no he cogido la de 101km de Ronda porque ya me daba pereza, si no la hubiera hecho también”.

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¿Y dónde nació esa inquie­tud por completar 42.195km sin dejar de encadenar zancadas? “En la más absoluta inconsciencia. Estaba dando una charla con Ramón Arroyo, él hablando de su esclerosis múltiple y yo de mi artritis psoriásica. Entonces le pregunté cuál sería su siguiente reto y me dijo: correr el Maratón de Nueva York, ¿te apuntas? Eso llevaba subtitulado un no hay huevos, y yo, que soy un idiota, le suelto: venga, va. En ese momento las 200 personas que había en la sala se pusieron a aplaudir, fue como cuando le estrechas la mano a alguien, una especie de contrato; supe que lo tenía que hacer. Te hablo del pasado mes de marzo. Al día siguiente fui a comprarme un cinta de correr e hice un kilómetro.

Multipliqué eso por 42 y el resultado fue: no puede ser. Me dolían las rodillas y especialmente los tobillos. Al mes ya fui capaz de hacer seis kilómetros, pero después anduve un tiempo como Chiquito de la Calzada. Luego llegué a 10km y a día de hoy he hecho como cinco medios maratones entrenando, con bastante solvencia, sin que me duela nada después. Creo que voy a terminar el maratón, aunque sea arras­trándome tengo que llegar a meta”. Eso nadie lo duda, más teniendo en cuenta que esto será un poco como en el patio del recreo, por mí y por todos mis compañe­ros, pues viajará a la Gran Manzana como miembro de una curiosa expedición: “Se llama Proyectos con Duen­de, en este caso Duendes en Nueva York”.

More, lógicamente, le ha puesto apellido al asunto: “El maratón de los lisiados. Es que mira quienes nos hemos juntado: Adrián Ortiz, que tiene diabetes tipo 1 y cumple 18 una semana antes de la prueba, Ramón Arroyo, la doctora Lucía González Cortijo y seis de sus chicas, runners con cáncer de la Fundación La Vida en Rosa... Nos asesora Martín Giac­chetta y nos apadrinan Irene Villa y Paco Roncero”.

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